A finales de abril, 333 trabajadores del sindicato de Ferreterías Imperial, perteneciente al monopolio Homecenter-Falabella de la familia Solari, decidieron valientemente iniciar una huelga para obtener mejoras salariales. Este era el primer sindicato de la empresa y la primera negociación colectiva.
Luego de semanas de manifestaciones, el miércoles 4 de mayo deciden radicalizar su protesta realizando un corte de calle, que fue reprimido violentamente por los guardianes de la gran burguesía, la policía. Ocho trabajadores fueron fuertemente golpeados y detenidos, entre ellos el presidente del sindicato. La policía y la ley están al servicio de la patronal, están al servicio de los monopolios, cuestión que se demostró con la detención de los primeros presos políticos del sindicato. Decimos presos políticos pues fueron detenidos por resistir el plan hambreador y el intento de descargar la crisis del capitalismo burocrático sobre la espalda del pueblo, por resistir la ley laboral, elaborada por José Piñera en el gerenciamiento militar de Pinochet, 
Dicha ley está pensada para defender a la gran burguesía monopólica, está pensada para defender a la patronal. Si los trabajadores se guían por esa ley, no lograrán conquistar lo que les pertenece. Es por eso que la huelga ilegal aumenta, es por eso que las acciones ilegales, como el corte de calle que se realizó está siendo cada día más frecuente en las huelgas de este último periodo. 
Lo importante para el pueblo, para los trabajadores y la clase, es obtener lecciones desde estas escuelas de lucha en que se convierten las huelgas. Una lección es que si hacemos caso de la ley burguesa, no avanzaremos. Otra lección es que la policía es el instrumento de la violencia organizada que usa la gran burguesía para reprimir las justas luchas del pueblo. Otra lección es que una huelga que se prepara con meses de anticipación nos permite enfrentar más firmemente las presiones. Pero tal como los compañeros de Ferreterías Imperial nos decían, es gratificante lograr la unidad como trabajadores en medio de la lucha, vivimos el día a día gracias a la solidaridad de clase. Los compañeros han logrado sumar a la lucha a sus esposas y a sus hijos, lo que los llena de orgullo, esos pequeños que queremos que miren el futuro con la frente en alto, y no teniendo que comerse el polvo tras las humillaciones de la patronal. 

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