Desde la prisión en 1904, en la que permaneció cerca de siete meses y desde la cual sus enemigos de clase intentaron fallidamente acallar y doblegar su honda voz, Recabarren continuó las tareas de construcción ideológica y política del Partido proletario. Siendo una corriente dentro del Partido Demócrata defendía con tenacidad la independencia de clase, la necesidad de un partido al servicio de la clase y el pueblo, un partido socialista (comunista en perspectiva).
Desde la cárcel de Tocopilla enfrenta el oportunismo de “izquierda” en el movimiento obrero, línea desenvuelta principalmente por los anarquistas, figurando entre sus personalidades más descollantes Escobar y Carvallo.
Sobre esta tendencia Recabarren reconocía similitud de fines pero establecía una clara distinción respecto a los métodos y tácticas. Además destacaba la importancia de la necesidad de ganarse a las masas para las ideas avanzadas mediante un perseverante trabajo político entre ellas. Les crítica a los ácratas su afán de ir adelante, pero sin las masas. Sobre el estilo de trabajo les impugna: “La conducta de la mayoría de los anarquistas me sugiere esto: que Uds. se creen los únicos hombres perfectos, completos, maestros y apóstoles y por esto miran envanecidos con desprecio a los demás y los critican feamente cuando no piensan como Uds. Ese es un defecto grave.” Esto escribe estando en la cárcel en agosto de 1904 en una carta de contestación a Escobar y Carvallo.
En la polémica contenida en dicha carta Recabarren se muestra como un materialista avanzado; de ello da muestra al exigir que los errores del movimiento se atribuyan más a su grado de desarrollo y atraso, propio de la época, que a una supuesta “maldad” de los individuos.
Respecto a los medios de lucha plantea Recabarren en esa misma carta: “Soy socialista revolucionario, y entre los medios, es decir las armas, que llevo, hasta hoy en mi bagaje, para hacer la revolución, está el parlamentarismo y de esto yo no tengo la culpa porque así se ha formado en mi conciencia, por esta razón milito en el Partido Demócrata, con honor, hasta hoy, en él.” Luego agrega “soy socialista revolucionario, libre de llevar las armas que a mí me plazca para hacer la revolución y libre a mi vez de deshacerme de las que vaya estimando inútiles, o gastadas, o ineficaces, o inofensivas, a mi debido tiempo.”
En la carta también se puede leer: “Para convencer a todo el pueblo de cual es su enemigo, era necesario señalárselo en pleno ejercicio de sus bribonadas.” Luego sostiene “el pueblo de Chile ha visto perfectamente a su enemigo funcionando con el látigo. Pero todo ese pueblo creía aún que los tribunales llamados de justicia podrían castigar a esos malos y hacernos justicia”. Recabarren reconoce que “hasta ayer el pueblo aún confiaba en los jueces” es por ello señala él mismo, que mediante acciones, incluso la cárcel, “empecé a recorrer toda la galería de los medios legales, para señalarle al pueblo con el ejemplo vivo la inutilidad de esos medios legales.” De esta forma el jefe comunista buscaba develar ante el pueblo el verdadero papel de los tribunales de justicia y el carácter de clase de la justicia chilena. Incluso se pronuncia acerca de la violencia sobre la cual sostiene: “Amo la violencia, soy partidario de la violencia, pero cuando su energía es aprovechada útilmente.” 
Estas ideas de Recabarren no son aisladas ni menos esfuerzos por empatizar con Escobar y Carvallo, forman parte de su pensamiento revolucionario, es el pensamiento militar de un proletario comunista. Así lo señalaba en marzo de 1905 al conmemorar un aniversario más de la grandiosa Comuna de París (1871): “Nuestros hermanos de la Francia nos señalaron el camino, gritemos con ellos: ¡gloria a la “Comunne” y a sus mártires!”
En pocas palabras Recabarren sostiene con claridad meridiana un plan estratégico que constituye un verdadero programa de trabajo que considera línea de masas, medios, métodos de trabajo, estilo, táctica. Comprende Recabarren que esta paciente labor de explicación y esclarecimiento práctico a las masas es más fructífera para aquel momento; reconoce que al margen de las masas, la violencia como medio de propaganda de las doctrinas, no resultaba efectivo.
Una vez fuera de la cárcel prosigue su labor propagandística y por ningún instante olvida la necesidad de dar la lucha de dos líneas en el Partido. Así escribe en noviembre de 1904: “La marcha de este joven Partido es imponente; mañana será majestuosa si a la vez engrosamos las filas nos vamos despojando de todos los vicios y vanidades que aún poseemos.” Esto último en clara alusión al oportunismo dentro del partido.
Fuera de prisión recorre las pampas y los puertos en una vasta gira desde el norte grande hasta Valparaíso. Entre 1905 y 1906 desarrolla su labor de educación, propaganda y organización por Tocopilla, Toco, Gatico, Antofagasta, Coloso, Pepita, Taltal, Santa Luisa, Chañaral, Coquimbo, Serena, Vicuña, Guayacán, Valparaíso, Viña del Mar, etc., etc., etc.
Sale elegido en marzo de 1906 diputado por las circunscripciones de Taltal y Tocopilla. Le es arrebatada la elección y tribunales de justicia fallan en su contra por la causa seguida por los sucesos de la huelga organizada por la Mancomunal de Tocopilla en 1904. En estas circunstancias toma la decisión de autoexiliarse. Permanece desde fines de 1906 hasta principios de 1908 en Buenos Aires militando en las filas del Partido Socialista de ese país. En mayo de 1908 sigue ruta por España y Francia; en junio llega a Bruselas. De todo esto dan testimonio sus escritos para la prensa obrera. En ese último año llega a Chile donde es reducido a prisión por la sentencia dictada en su contra en 1906.
Mientras tanto en el país, hacia abril, mayo y junio de 1907 la agitación obrera experimentaba un ascenso importante, siendo una manifestación de ello la huelga de los ferroviarios y sus gremios que paralizaron la red central de Valparaíso a Santiago, Concepción y Valdivia; estos movimientos se repetían también en el norte salitrero. Era la respuesta proletaria ante la crisis económica.
Sobre la base del desarrollo de la situación revolucionaria en el país Recabarren prosigue la lucha por la conformación de un partido comunista (socialista le decían en ese periodo), pero a diferencia de 1901, esta vez más definidamente como fracción roja. Cuestión que trataremos en la próxima entrega.

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