El pasado 2 de julio, cerca de 60 campesinos incendiaron una comisaría de la Policía Militarizada en el municipio de Jacareacanga, en el norte de Brasil.
En el ataque, registrado el lunes por la noche, resultó herido levemente un policía, con un flechazo en el brazo derecho, según un comunicado de la Secretaría de Seguridad Pública.
Los indígenas de la tribu Munduruku invadieron la comisaría, destruyeron sus dependencias, después prendieron fuego al edificio, que quedó en ruinas, y robaron dos carabinas y un revólver de calibre 38, según la misma fuente.
Las autoridades del viejo estado creen que los campesinos atacaron la comisaría para protestar por la decisión de un juez de poner en libertad a dos de los cuatro sospechosos del asesinato de un indígena, ocurrido hace varios días.
La Policía Militarizada envió un destacamento de elite para reforzar la seguridad en la localidad donde ocurrieron los hechos, ubicada en plena selva amazónica, a cerca de 1.700 kilómetros de Belén, la capital regional. 
Los indígenas quieren que se les entregue a los presuntos asesinos de un miembro de su etnia, Lelo Akay Munduruku, para hacer justicia ellos mismos. 
“Queremos hacer justicia de acuerdo a nuestras costumbres. Nuestro pariente fue asesinado de manera cobarde y cruel -el domingo para robarle su moto- y los asesinos tienen que pagar y ser tratados de la misma manera”, dijo Rosildo Saw Munduruku al sitio Portal Buré.

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