Michelle Bachelet se presenta como candidata más segura a administrar Chile como semicolonia del imperialismo, principalmente yanqui. La razón es que Bachelet es pieza probada en aplicar los planes del imperialismo: profundizar el saqueo, burocratizar las luchas y reprimir al pueblo.
El gerenciamiento de Bachelet nos metió la mano al bolsillo para entregar liquidez en millones de pesos a Estados Unidos, mediante la compra de bonos, como parte del plan de amortiguar la crisis económica del imperialismo yanqui, descargándola sobre las espaldas de las masas de las colonias y semicolonias.
Y como no ser la mejor candidata del imperialismo yanqui si en 1996 Bachelet inició un curso sobre Defensa Militar en la Academia de Asuntos Políticos y Estratégicos de Chile, donde gracias a la Beca Presidente de la República, ingresó  en 1997 a estudiar en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington, EEUU. Es así que el 2008 perfeccionó las leyes sobre ingreso de tropas extranjeras a Chile y el envío de tropas chilenas a otros países en el marco de las Naciones Unidas para regular las “Operaciones de Paz”, como la de Haití para “estabilizar el país” y donde han habido violentas protestas en los últimos días por falta de electricidad y agua, lentitud en la reconstrucción, entre otras demandas. A punta de fuego ha sido la pacificación de la ONU imperialista.
Fue durante su gerenciamiento que se monopolizó el transporte público, con funestas consecuencias para los medianos y pequeños transportistas y para todos quienes diariamente viajan en transantiago y metro. Pero la monopolización no sólo afectó al transporte, sino que a todas las ramas de la producción: cientos de pequeños y medianos campesinos perdieron sus tierras que fueron a parar a manos de los bancos y los grandes terratenientes. La pesca de arrastre engordó, dejando sin pan al pescador artesanal.
Por su parte, con el sudor de los estudiantes y sus familias, titulados o no titulados, siguieron engrosando los bolsillos de los bancos, mientras Bachelet aplicaba los planes del Banco Mundial dictando la LGE, que a su vez representa el “broche de oro” de una campaña de desmovilización a las luchas estudiantiles del 2006.
Por si fuera poco, durante el gerenciamiento de Bachelet, fueron asesinados: el obrero forestal Rodrigo Cisterna, en medio de una huelga por mejores condiciones de trabajo; en el campo mapuche, los pacos asesinaron a Matías Catrileo y Jaime Mendoza que luchaban por recuperar la tierra arrebatada por los grandes terratenientes; en Santiago Jhonny Cariqueo falleció dos días después de su detención, producto de las torturas efectuadas por los pacos en la comisaria. Y el abuso y la brutalidad policial hizo desaparecer hasta el día de hoy al jóven pobre mapuche de Puerto Montt, José Huenante. 
Estos asesinatos no fueron acciones individuales de ciertos pacos. No, estos asesinatos formaron parte del plan imperialista para administrar Chile como semicolonia yanqui. Prueba de ello es que ninguno de los pacos asesinos está preso, que los asesinatos se llevaron a cabo en medio de la aplicación de la Ley Antiterrorista y que Bachelet pidió asesoramiento a la CIA para combatir la lucha en el campo del sur de Chile.
Bachelet es la última carta de la Concertación para evitar el fraccionamiento de sus partidos y para mantener la gobernabilidad en medio de la crisis. Sirviendo a lograr acuerdos entre las fracciones de la gran burguesía y grandes terratenientes. Es decir, Bachelet aplicará medidas burocráticas como bonos a las pobladoras y becas a los estudiantes, con el objetivo de desmovilizar y comprar conciencias.  Pero sin afectar los negocios de la fracción compradora ni el gran latifundio. 
Bachelet debe cumplir el mandato imperialista de detener la lucha repartiendo migajas, corrompiendo y corporativizando a las organizaciones de masas. Para ello necesitan contar con el apoyo del oportunismo y el revisionismo que desde ya han declarado que “no le harán olitas”.
El revisionismo tras su bancarrota como dirección del movimiento estudiantil el 2011, cada vez ha evidenciado su podrido oportunismo, para conseguir escaños y asientos en el viejo estado. 
Cada vez que las luchas del pueblo se desarrollan hacia la protesta y la combatividad, las masas pueden apreciar con mayor nitidez, cuan metida tienen los revisionistas la cabeza en el pantano electorero. 
Tienen que desdecirse y quedar al descubierto en menos tiempo. De dirigente de movimiento estudiantil se pretende saltar al congreso al lado de los explotadores y represores. 
Un 23 de marzo de 2012 Camila Vallejo declara: “Jamás estaría dispuesta a hacer campaña por Bachelet ni a llamar a los jóvenes a votar por ella.” Meses más tarde usted ya conoce el desenlace.

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