Un pilar sobre el que se sustenta la explota­ción del pueblo es la ideología y la cultura atrasada. En Chile, sus gobiernos serviles se postran aplicando el plan imperialista en la educación, porque es la forma en que reproducen este sistema desigual: roban al pueblo a través de una educación uni­versitaria con aranceles grotescos, desco­nectados de las necesidades productivas del país; crean educación básica y media para ricos (principalmente la particular) y una para pobres en la municipal, impul­sando por muchas formas la mano de obra barata que requieren. Una de ellas es a tra­vés del currículum o proyecto educativo.

La intervención del plan imperialista se expresa a través de lineamientos impul­sados por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) sobre cómo debe funcionar la educación en Chile. Con la integración parcial de Chi­le a la OCDE durante el 2010, el viejo Esta­do se ajustó acorde a las necesidades im­perialistas. Ese año, la OCDE indicó en el informe “Revisión económica: Chile 2010”, que si bien la economía nacional ha logra­do importantes logros, aún existe un défi­cit respecto a los estándares que exige la OCDE. Para eso, respecto a la educación se debe “mejorar la calidad del capital huma­no para aumentar su productividad”, acon­sejando a Chile contar con mejores profe­sores y reformular aspectos curriculares. Consecuentemente, vimos cómo se creó la carrera docente y la reforma curricular en educación, empezadas a implementar este año: “Chile debe aspirar a atraer a per­sonas calificadas a la profesión e impul­sar iniciativas para mejorar la formación inicial del profesorado” y en esa línea, se señala que: “los profesores son el insumo más importante en la enseñanza”.

Oponiéndose espontáneamente a este plan, el foco de las justas protestas y de­mandas estudiantiles ha sido la educación gratuita al servicio del pueblo. Con la refor­ma curricular se viene a maquillar la des­igualdad, manteniendo la explotación. El currículo define lo que debe ser aprendido por los estudiantes y la última modifica­ción que busca implementar el MINEDUC es reducir la cantidad de horas de filoso­fía e historia, incorporando más horas de lenguaje, matemática y educación física. También introduce una asignatura de for­mación ciudadana, cambiando el concepto de conocimientos a enfoque por habili­dades, introduciendo nuevas maneras de organizar la planificación, etc. Ideas que, bajo una máscara de democracia, resguar­dan los planes imperialistas en educación, cuyo objetivo es que nuestro país se man­tenga oprimido, es decir, no desarrollado y con un modelo monoexportador de ma­terias primas, sin desarrollo industrial. El plan profundiza la opresión de profesores y estudiantes.

Bajo este sistema, la educación para las amplias masas tiene por finalidad que los pobres acepten su explotación y entregar posibilidades de movilidad social para un puñado de la población. Bajo esa lógica, cualquier reforma que se rija de acuerdo a los planes imperialistas ha de ser en fun­ción de incrementar la desigualdad de cla­ses, porque jamás tomarán medidas que vayan en detrimento de perder su posi­ción hegemónica.

¿Podrá una escuela municipal popular de­sarrollar habilidades? ¿En vez de orien­tarse al conocimiento?. Considerando su escasez general de recursos económicos, las condiciones sociales, económicas y cul­turales de sus estudiantes y el desconoci­miento al que han expuesto intencionada­mente a los profesores sobre estas nuevas políticas.

Con estas medidas se busca incrementar las desigualdades, reforzar el criterio de la competencia bajo una mentira, ya que no se puede competir teniendo condiciones aberrantemente diferentes. La escuela no puede cambiar una desigualdad que no nace en ella, sino que viene desde la po­lítica y economía de una sociedad explo­tadora.

Para ejemplificar, ahora el docente deberá educar y obligar desde el curriculum a que los estudiantes crean que la mejor manera de participar políticamente es a través del sistema deslegitimado y corrupto de elec­ciones, transformando al profesor en un garante de los candidatos y usando la cre­dibilidad del pedagogo para mantener un sistema que solo legaliza el saqueo del Es­tado y los burócratas que se benefician de él. Es así como se hace usufructo de la po­sición y valor del profesor en la sociedad, al hacer que este, a través del nuevo sector de formación ciudadana, revindique la la­bor del Estado, la legalidad burguesa y la seudo democracia con la que validan el circo electoral.

Por eso, el deber del pueblo es persistir en la lucha y la organización, mantener la moral combativa, desenmascarar a la clase política servil al imperialismo, unirse en la lucha con los diferentes sectores: estu­diantes, profesores, asistentes y las masas en su conjunto, ya que sólo el pueblo pue­de liberar al pueblo.

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