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Este 20 de agosto asistimos a una actividad del Huerto Popular de Observatorio, allí entrevistamos a Nacho, un joven estudiante organizado activamente en el Huerto desde el año pasado. Él fue  quien nos contó la historia del Huerto y sus perspectivas.

La historia del Huerto parta el 2011 y tiene seis años, lo que no es casual, pues nace al calor de un  año marcado por las movilizaciones estudiantiles secundarias, universitarias y de pobladores. Ese año “se movió” gente de las carreras de veterinaria, agronomía, ingeniería forestal y de recursos naturales renovables, con la inquietud de organizarse y vincularse con el territorio que está cerca de la universidad.  Entonces, la discusión entre los estudiantes era sobre un montón de cuestionamientos, tales como la responsabilidad y cuál es la posición de esta universidad elitista en la comuna de La Pintana. En ese momento nació  una articulación con un comité de allegados y que a través del COPOSUR (Coordinadora Popular Sur) salió como  proyecto:

“La idea inicial  era levantar con el comité, en estas casi 2 hectáreas, un huerto sustentable y ecológico. La cuestión es que avanzó el tiempo y cayó el proyecto con el comité, porque  hubo muchas complicaciones con el uso de la tierra. Siendo esta de uso agrícola, la universidad hizo problemas. Entonces, justo se adjudicó un fondo FPL -al parecer- y el  comité se fue”. Con el fondo decidieron gestionar el “Huerto Latinoamérica” y ese fue el primer huerto. Con ese dinero se compraron las primeras herramientas, con máquinas se rotó la tierra. En el 2013 esto mutó y pasó a llamarse “Huerto Popular Observatorio del Sur”, dicha mutación tiene que ver  con el objetivo de generar un espacio de uso comunitario, donde el empoderamiento territorial fuera el eje y lo vecinos se sintieran dueños del espacio. Entonces, se comenzó a generar comunidad en lo que antes había sido un foco de delincuencia, basural, drogas y violencia.

Desde entonces, la participación de los jóvenes universitarios ha buscado  que en algún punto los vecinos tengan un control y construyan este espacio. Ellos encuentran en la agricultura un lugar de reunión y la idea es desde el trabajo con la tierra, se pueda mirar lo que se tiene al lado, mirarse en conjunto y desde ahí desencadenar el proceso de hacer comunidad y de sentirse empoderado con el espacio.

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Actualmente están  financiados por un “fondo universitario Valentín Letelier”, el que financia este año de proyecto para la construcción de espacio comunitario y la creación de huertos familiares. Lo más difícil sigue siendo  la convocatoria de los vecinos, ya que el espacio tiene esa connotación violenta y un poco desconocida. Ellos señalan que el espacio todavía  se ve como algo lejano, pues con suerte hay un galpón y se juega rayuela. El reto es generar los lazos de confianza y hacer llegar este espacio a los vecinos, sin embargo, se observa que este año se ha  avanzado más: “sabemos que es una cuestión de tiempo, de la noche a la mañana no se va a generar ese arraigo a un lugar que nunca ha sido hogareño o algo para juntarse”.

Nacho señala también que “ahora estamos en proceso junto a la organización  Habitar Colectivo, que nos están apañando en este proceso de la construcción participativa del espacio comunitario. Justo hoy estamos en el primer taller con el comité de allegados que tiene un proyecto en La Platina y  muchos de los personas del comité son pobladores de acá del sector”.

“La idea es este verano es poder concluir con algo comunitario y los huertos familiares, aunque siempre hemos pensado que la cosa va tomando la forma que tiene que tomar, porque nuestra intención es que se construya desde los habitantes del lugar. Sino, no tiene sentido. Entonces eso es lo que ha primado, ser pacientes y la misma gente que quiera participar se vaya sumando. Todos los beneficios que le vemos al espacio verde, un bosque esclerófilo, hierbas medicinales, un espacio de respiro en un lugar de concreto”.

“Igualmente, como jóvenes universitarios resulta complejo  romper la  burbuja de una universidad que no tiene real contacto con su entorno. Es una élite que no conoce mucho la comuna, no sabe que gente vive aquí, por esto son muy importantes las convicciones de los compañeros y las compañeras, la energía, hablar de territorio, de responsabilidad, del objetivo de estudiar en una universidad pública, el enfoque de hablar de extensión – que sirve a los intereses del mercado y los grandes movimientos económicos-, cómo se influye en los altos mandos porque hay que lidiar con ellos.

(…) En lo concreto el terreno es de la universidad, quien entrega en comodato al Club de Rayuela y al Huerto. Quedan dos años de comodato con ciertas condiciones, que es la instalación de agua potable, el cierre del perímetro y la instalación de luz. Por lo tanto, si llega el  tiempo del comodato y no se cumplen las condiciones, pueden cambiar la situación, “si al decano se le ocurre nos puede echar, en ese sentido hay precariedad”.

¡Saludamos la organización de los jóvenes!

¡El ímpetu y la persistencia de salir de los estrechos muros universitarios para buscar servir a la población!

¡Arriba los jóvenes que se organizan y luchan!

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