Este 2017 se cumplen 100 años del nacimiento de Violeta Parra, campesina y cantora chilena nacida el 4 de octubre de 1917. A 100 años de su natalicio, la cultura dominante busca despojarla de su filo y rebeldía, pues solo la reivindica mundialmente por su carácter de folclorista y talentosa artista multifacética. Pero Violeta Parra es mucho más que eso, pues su obra representa la voluntad esencial del arte popular: reflejar la voz, las demandas y urgencias del pueblo, principalmente de los pobres del campo y de la ciudad, así como también del pueblo mapuche.

“(…) Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de su casa
Y te declaran una guerra a muerte
Viola doliente

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque tú hablas la lengua de la tierra
viola chilensis…”

Defensa de Violeta Parra, Nicanor Parra.

Este año, el gobierno vendepatria y antipopular de Bachelet organiza más de 300 eventos para conmemorar a Violeta, en un fallido intento de limpiar su enlodado rostro de política corrupta. Sin embargo, por más que lo intenten, la imagen de Violeta se mantiene firme: su música acompaña la educación política y el despertar revolucionario de miles de jóvenes que sostienen su figura en alto.

Sus orígenes

Violeta es oriunda de la precordillera de Ñuble, zona históricamente dominada por el latifundio, que fue el campo fértil para el desarrollo de una rica cultura campesina de la que Violeta Parra formó parte.

Durante su infancia y juventud cantó en bares y restaurantes populares, viajando a Santiago a principios de los años 30’. En esa época, la “canción chilena” era aquella que promovían las clases dominantes, grandes burgueses y terratenientes que buscaban mostrar una cultura hecha a su imagen y semejanza, dando una imagen paternal y bondadosa del terrateniente y el latifundio.

Fue en los años 50’ cuando Violeta inicia su viaje hacia lo más hondo y profundo, a los rincones del campo y la ciudad, a desentrañar la savia misma desde donde emana el latido vivo de la cultura popular: Recorrió cada pueblo recopilando la verdadera canción de Chile, desentrañando la riquísima tradición oral, tanto musical como poética, que guardan los pobres.

Ruge el canto a la diferencia

Corría la década de los 50’ y la lucha de clases se agudizaba en el país. Con ello la cantora, lúcida y mordaz, engendra sus primeras composiciones políticas, implacables contra el explotador y siempre tierna con el pueblo trabajador. Violeta decía entonces “Ya está añejo el cantar a los arroyitos y florcitas. Hoy la vida es más dura y el sufrimiento del pueblo no puede quedar desatendido por el artista”.

Había militado en el Partido Comunista de Chile, que en esa época ya había abandonado el marxismo y tomado el camino del oportunismo electoral. Pero pese a su corta militancia política, Violeta Parra amaba al pueblo y eso la movía a tomar posición siempre por los más pobres e incluso definirse a sí misma como una comunista, como por ejemplo en su canción “La Carta”.

Cada verso de sus composiciones es como un látigo al describir la miseria de las masas: al describir “las hileras de casuchas”, cuando recorría Santa Juana, localidad minera del Norte de Chile; al describir el despojo del pueblo mapuche, cuando tempranamente cantó que “ya no son los españoles los que les hacen llorar”; al denunciar la pobreza y la complicidad criminal de la Iglesia Católica con el viejo Estado, cuando dicen al pobre que “Dios no quiere ninguna revolución, ni pliegos ni sindicatos, que ofenden su corazón”; como cuando también sentenció lapidariamente que “Chile limita al centro de la injusticia”.

Lejos de las medias tintas

Quienes la conocieron la describen como una mujer inquieta, chispeante, llena de vida y que “poseía una personalidad fuerte y difícil”, tal como dijera Joan Jara, esposa de Víctor Jara. El Gitano Rodríguez, cantor popular chileno, señalaba que Violeta cantaba “canciones que tenían la virtud de ser auténticos piedrazos en la fachada del oficialismo cultural de la época”.

En febrero de 1967, Violeta Parra se suicida en su carpa de La Reina, otrora lugar festivo. Sin embargo, el eco de este canto sigue encendido en los corazones que palpitan al ritmo de la rebelión y la lucha contra la injusticia.

1 COMENTARIO

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