Editorial publicada en Periódico El Pueblo n° 63 (octubre, 2017).

28 de septiembre: Marcha en apoyo a los PPM (Temuco). Foto de Camilo Tapia

Con lucha se resiste y se conquista la libertad

¡Vivimos un tiempo de lucha urgente! El gerenciamiento de Bachelet está tomando medidas desesperadas y pretende apagar el fuego de la lucha popular con bencina. El burdo operativo político-policial, que llamaron pomposamente “Operación Huracán”, se cae a pedazos ante los ojos de quienes crecientemente solidarizan con la lucha del pueblo mapuche, que cuando uno cae, diez más se levantan. Y alza la voz con firmeza, porque sus razones son justas, de larga tradición luchadora, enraizada profundamente en esa tierra y libertad que les fue arrebatada con injustas guerras.

¡Nadie puede ni debe permanecer indiferente!, ya que es una muestra de los atropellos que están dispuestos a hacer para saciar su sed de privilegios, su sed de ganancias, su sed de dominación. 

¡Vivimos tiempos de lucha urgente! Al cierre de esta edición, 4 pu peñi llevan 114 días en huelga de hambre por el llamado “Caso Iglesias”, autoridades religiosas encarceladas y weichafe asesinados. El gobierno da golpes represivos, uno tras otro, pero todos fallidos, ya que el apoyo a la lucha mapuche no deja de crecer. Por más químicos que le echan a sus lacrimógenas, por más palizas y detenidos, el movimiento de solidaridad crece. Se dispersa cuando se le quiere golpear, pero se vuelve a reunir. Se une, deja el miedo a un lado, estalla en un afafán para que el grito de la tierra lo llene de newen (fuerza) y kimun (sabiduría).

De esta forma, va quedando cada vez en mayor evidencia la fisonomía del gerenciamiento de Bachelet como títere de latifundistas y grandes burgueses: ya no hay maquillaje que pueda ocultar su rostro racista y fascista. La última pomada que están usando para camuflarse tiene cada vez menos efecto: los revisionistas del falso P“C”, al comunicarse con los familiares de los huelguistas, fueron repudiados y denunciados por querer sacar provecho electoral de los agonizantes latidos de los 4 peñi encarcelados.

Los hermanos Benito, Ariel y Pablo Trangol Galindo, junto con el lonko Alfredo Tralcal Coche, llevan más de 1 año y medio en prisión preventiva, condenados en el hecho sin que un tribunal haya dictado siquiera una sentencia. Y la prueba que se usa para esto es el testimonio de un testigo cuya identidad no se conoce (sin rostro). Todo esto es posible gracias a la aplicación de la Ley Antiterrorista.

Los familiares señalan que los 4 peñi se dedican a labores de cultivo agrícola y crianza de ganado en la Comunidad de Lleupeco (Padre Las Casas), la cual no se encuentra actualmente en proceso de recuperación de tierras. Los detenidos alegan inocencia y exigen juicio justo, ya que están pagando pena de cárcel sin ser aún juzgados, ni mucho menos condenados.

Hambre de tierra, hambre de libertad

El pueblo mapuche, al igual que el pueblo chileno, está sometido al capitalismo burocrático que se encuentra en crisis y que busca descargarla sobre las espaldas del pueblo.

Este sistema, que se sostiene gracias a la existencia del latifundio, está montado para servir a los intereses del imperialismo, principalmente yanqui. Por eso tiene sus mismas características: es parasitario, en descomposición y agonizante.

Es parasitario, ya que se basa en la explotación que precariza cada vez más las condiciones de vida del pueblo, donde quienes ganan, los explotadores, no son los que trabajan. Evidencia su descomposición en la corrupción galopante, la que el pueblo observa cómo queda impune siempre. Y su agonía se expresa en la crisis económica, reconocida por los ministros de hacienda de turno, que por más brotes verdes que haya, no puede repuntar. El capitalismo burocrático ha impuesto un desmantelamiento de la industria nacional para echar mano a la materia prima que hay en el país y luego venderlo al capital imperialista.

En la Araucanía, el capitalismo burocrático toma forma en el latifundio forestal y agrícola, y se organiza en asociaciones patronales como la CORMA (Corporación Chilena de la Madera).

Pero todo este modelo de explotación sólo engendra rebelión en los oprimidos. Hoy el pueblo mapuche lucha por territorio, autonomía y autodeterminación. Lucha por existir como pueblo, por no seguir siendo reducidos y el derecho a mantener su propia cultura. En la defensa del latifundio y del gran capital, el viejo Estado chileno ha respondido con una nueva ocupación, una militarización del territorio en base a la doctrina imperialista del “enemigo interno”, lo que significa más represión, allanamientos, montajes, balas, entre otras medidas fascistas.

En esta heroica lucha, el pueblo mapuche se resiste a ser sometido a las relaciones laborales que impone el capitalismo burocrático y la enorme concentración de tierras: a ser trabajadores asalariados, temporeros con sueldos miserables, altos riesgos y graves consecuencias para su salud. El pueblo mapuche anhela la tierra para quien la trabaja, pues sabe que la tierra es la base material que asegura sus formas de vida y organización, de cultura y de tradición.  Todo lo que les permite ser mapuche.

La lucha del pueblo mapuche señala claramente el camino y avanza en la unidad, comprendiendo que esta es necesaria para apuntar en forma contundente a los responsables políticos de la opresión. Resiste y se fortalece en formas cada vez más combativas. Su lucha está condenada a triunfar y es un huracán que atrae, polarizando a todos los que juntan hambre de justicia, a todos los que anhelan libertad.

¡Fin a la Ley Antiterrorista!

Por el respeto al debido proceso y las garantías fundamentales, ¡juicio justo!

¡Fin a la miitarización del Wallmapu!

¡Viva la lucha del Pueblo mapuche!

¡La rebelión se justifica!

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