Publicado en la edición impresa n° 63 de Periódico El Pueblo (octubre, 2017)

El 13 de septiembre pasado se llevó a cabo la primera sesión de la Escuela Sindical Luis Emilio Recabarren, organizada por el Sindicato Unificado del Metro de Santiago. En la charla inaugural expuso el historiador Julio Pinto respecto a “El pensamiento político de Luis Emilio Recabarren”, con la presencia de más de 30 personas en el público, la mayoría de los cuales eran dirigentes sindicales.

Allí nos preguntábamos, ¿por qué hablar sobre Recabarren hoy? Y la respuesta se dibujaba en las mismas intervenciones de los asistentes: “Porque  buscamos resolver los mismos problemas que él buscó resolver”.

Luis Emilio Recabarren fue un obrero tipógrafo que desde temprana edad, a fines del siglo XIX, inició una activa participación política. Su trabajo como activista revolucionario organizando a la clase obrera lo llevaba a buscar constantemente el camino que debía seguir el proletariado para liberarse. Por este motivo estuvo en prisión en reiteradas oportunidades, porque sus publicaciones en periódicos y panfletos llamaban a los obreros a rebelarse, repartiéndolos en las salitreras y mancomunales.

Pero Recabarren fue mucho más que un dirigente sindical. ¡Fue un comunista!, el jefe de la clase obrera, el “maestro”, como lo llamaban los trabajadores. Fue quien comprendió que para poder liberarse, la clase y el pueblo debían luchar por conquistar el poder político. Por ello organizó un auténtico Partido Comunista, que él mismo fundó en 1922 como sección chilena de la Internacional Comunista. Pero el partido que él fundó, nada tiene que ver con el que hoy día se hace llamar Partido “Comunista”, que tras una década después de la muerte de Recabarren abandonó la línea revolucionaria, postrándose a los pies del imperialismo, la gran burguesía y latifundistas, opresores del pueblo chileno y mapuche.

El legado de Recabarren para los trabajadores de hoy

Recabarren, al igual que todos los grandes revolucionarios, tuvo un desarrollo en su pensamiento político, pues siempre buscó aplicar las ideas más avanzadas para su época. Así fue como comprendió que la lucha sindical debía ser también lucha por el poder. Y así comprendió que la lucha por el poder sólo podía concretarse mediante la revolución. Recabarren participó del parlamento como un medio de tribuna y politización de los obreros. Sin embargo, la experiencia de la lucha obrera en Chile y principalmente la Revolución Rusa, maduraron en él la necesidad de ejercer la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado.

Conoció con sus propios ojos la experiencia de la Revolución de Octubre en Rusia: vio cómo los explotados, obreros y campesinos, por primera vez ejercían el poder. Allí, deslumbrado ante el infinito potencial creador del pueblo liberado, llegó a concluir que sólo por la revolución podría liberarse también el pueblo de Chile. Para explicar cómo las elecciones inmovilizaban la lucha de las masas, escribía que los capitalistas “al llevar a los demócratas al gobierno, mantienen la ilusión del pueblo a quien hacen esperar y creer que así algún día vendrá algún mejoramiento, y mientras los trabajadores mantienen sus esperanzas NO LUCHAN, SE CRUZAN DE BRAZOS ESPERANDO EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS, y así sigue tranquila la clase capitalista explotando y oprimiendo la población. Eso es lo que se ha conseguido con la democracia: adormecer a las clases trabajadoras bajo la influencia de una esperanza”.

Hoy, estas importantes lecciones son tomadas también por sectores del movimiento sindical que, ante la bancarrota de la CUT, buscan impulsar un sindicalismo clasista y combativo, desechando la legalidad y el camino electoral (ver sección Clase Obrera de esta edición).

Se reorganiza la clase obrera

Al igual que Recabarren, los activistas sindicales también buscan hoy la manera de  organizar a los trabajadores e impulsarlos a luchar. Pese a la Reforma Laboral Antisindical del gobierno de Bachelet y la CUT, y a pesar de las innumerables dificultades que tenemos para organizarnos, la tendencia principal es avanzar en la organización y lucha.

Ejemplo de esto es que, según los registros del Ministerio del Trabajo, la tasa de sindicalización ha aumentado desde un 16,2% en diciembre de 2013, hasta el 19,8%, a junio de 2017. Si bien estas cifras varían de acuerdo a los estudios, sí existe un consenso de que en los últimos años se desarrolla una tendencia al alza en la formación de sindicatos.

Pero no sólo la organización ha aumentado, sino también la lucha contra la empresa, por la defensa y conquista del salario. El año 2016 el número de huelgas en general aumentó en un 20% respecto a 2015,  y  a su vez, las huelgas ilegales en el sector privado (es decir, sin contar las movilizaciones de los funcionarios públicos) registró un incremento de un 58%, aumentando de 85 huelgas ilegales en 2015, a 133 durante 2016.

Así vemos cómo se reorganiza la clase obrera: Combatiendo no sólo la precariedad y la explotación dentro de la empresa, sino combatiendo, además, la esclavitud doméstica en el caso de las mujeres; combatiendo a los dirigentes amarillos que hacen sindicatos para servir a la empresa; combatiendo la propaganda que promueve el individualismo entre nuestros compañeros y combatiendo, en definitiva, la ideología burguesa, buscando que se imponga la ideología proletaria.

Los trabajadores seguiremos creando instancias para reunirnos, conocer y dar a conocer a Luis Emilio Recabarren, ya que todo su legado se encuentra vivo en cada sindicato que logramos conformar y en cada huelga que iniciamos, venciendo el temor. Aplicar las lecciones que dejó Luis Emilio Recabarren nos permitirá desarrollar la tendencia a la lucha de la clase obrera y del pueblo, que cada día da un paso más hacia su emancipación.

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