Editorial de diciembre 2017

¿Debo votar? Nos preguntaba una activa trabajadora de un sindicato, mientras distribuíamos el periódico antes de la primera vuelta electoral. Su duda estaba motivada por la reflexión de si esto traería algún beneficio a la clase obrera, al pueblo. Este hecho nos recordaba lo que Lenin señaló: ”difícilmente se encontrará otro problema en que deliberada e inconscientemente, hayan sembrado tanta confusión los representantes de la ciencia, la filosofía, la jurisprudencia, la economía política y el periodismo burgueses como en el problema del Estado”. Y precisamente las elecciones son el principal mecanismo con que las clases explotadoras buscan legitimar un Estado que no resguarda el bien común, como nos señalan, sino que es la dictadura de los explotadores. Es la dictadura de terratenientes y grandes burgueses al servicio del imperialismo, principalmente yanqui.

Las elecciones a cargos del viejo Estado buscan generar la ilusión de igualdad de oportunidades de expresión política. Buscan dar gobernabilidad y alcanzar la estabilidad institucional, condiciones que le imponen los capitales imperialistas.

Por ello, la campaña por la Abstención, No Votar y el Boicot a las elecciones impulsado por diversas coordinaciones, asambleas y organizaciones ha demostrado ser justa y necesaria. En los hechos ha logrado desarrollar la tendencia antielectoral de las masas. Y decimos “tendencia”, porque el 54% de abstención en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y parlamentarias confirmó que la tendencia a la baja participación, observada hace décadas, se mantiene. Más aún, luego del festejo inicial en el Frente Amplio, han debido reconocer que el 20% obtenido por Beatriz Sánchez, más que un voto a favor del Frente Amplio, expresa una posición de rechazo a este modelo de política y de economía al servicio de los más ricos.

La abstención electoral es un problema político para el viejo Estado. Precisamente la abstención se concentra en las zonas más pobres del país, como por ejemplo la Araucanía, reflejando claramente que allí el Estado se vincula al pueblo a través del asistencialismo o a través de la represión. El Lonko Víctor Queipul de la Comunidad Autónoma de Temucuicui, con absoluta claridad señaló: “Los mapuche tenemos nuestra propia estructura, cómo ordenarnos como autoridades, así que, por lo tanto, una autoridad, un mapuche que va a votar, que va a elegir a una persona, va a desvalidarse como mapuche. Así que por lo tanto los mapuche no vamos a participar en esa elección”.

La falsa democracia es una pesada carga para el pueblo

Muchas gárgaras se hicieron desde el gobierno -principalmente los falsos comunistas en él- con el fin al binominal, señalando que ahora sí habría elecciones democráticas. Lo cierto es que pasamos de un sistema binominal a uno trinominal, ya que la torta se repartirá entre Chile Vamos, Nueva Mayoría y el Frente Amplio.

El nuevo sistema proporcional no acabó con el “arrastre”, es decir, elegir parlamentarios con baja votación pero catapultados por los resultados de su lista. Es así como 30 diputados fueron elegidos con menos del 5% de los votos y 6 de estos con menos del 2%. Pero no sólo eso, cuando se implementó la reforma electoral se anunció que el aumento de parlamentarios no implicarían nuevos gastos para el Estado. Sin embargo, hace unos días y con total desfachatez, el ministro de hacienda, planteó que buscará inyectar más recursos para financiar a los nuevos parlamentarios. La reforma implicó pasar de 120 a 155 diputados y de 38 a 50 senadores. La Reforma Electoral tendrá un costo para el Estado entre 5 mil y 13 mil millones de pesos, que serán un nuevo zarpazo a los bolsillos del pueblo, quien con sus impuestos y otras cargas alimenta el Estado.

Cada diputado cuesta en promedio 25 millones y los senadores 32 millones. ¡Pero parece que ese dinero es insuficiente para estos burócratas! Ya que decidieron no excluirse del reajuste salarial y los senadores verán su sueldo incrementado en 128 mil pesos.

Finalmente, la segunda vuelta presidencial se hará entre dos perdedores: un Piñera ridiculizado, el cual no puede andar en la calle sin ser funado como ladrón y delincuente. Un Guillier -que llegó a ser candidato con el apoyo de un alcalde narco-, que ni en su propio bloque logró unir a los podridos partidos políticos que componen la Nueva Mayoría.

Mientras, el pueblo participa crecientemente de la política, opinando, preguntando, debatiendo, marchando, agitando, protestando y muchos dejando la vida en ello. Trabajadores que colocan los intereses colectivos por sobre los individuales y vuelven a creer en la organización. Un incontenible y ejemplar pueblo mapuche que lucha a ambos lados de la Cordillera.

La lucha popular por educación gratuita, pensiones dignas, viviendas, salud y salario digno, entre otras justas demandas, muestra que entre el pueblo hay millones de políticos que buscan una mejor vida, pero que la podrida política de las clases explotadoras nunca les podrá dar.

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