Para las clases trabajadoras y las masas de Chile, tanto los gobiernos de la Nueva Mayoría como los de Chile Vamos han significado burla, saqueo y miseria. No es de sorprender, entonces, la victoria de Piñera. Piñera llega a un sistema cada vez más deslegitimado, con la aprobación de un escuálido 25% del padrón electoral. Ambas coaliciones representan los mismos intereses de clase.

La abstención fue alrededor del 50%, lo que expresa que a pesar de todos los intentos desesperados por revertir la tendencia, no lo lograron.

Por otra parte, el Frente Amplio cumplirá el triste papel de ser auxiliar del Estado, jugando a la especulación con las ansias y necesidades de las masas. La Nueva Mayoría, para recomponerse, va a recurrir a una demagogia pocas veces vista en la historia. Todo con el único objetivo de recuperar la vida de privilegios de sus principales líderes.

En este escenario, al pueblo sólo le cabe luchar, luchar y luchar. Viendo tanto en el gobierno de Piñera como en su oposición parlamentaria a un mismo bloque de burócratas y corruptos. Cualquier sensación de descontento con el resultado de hoy, debemos convertirlo en más lucha y más organización.

A la abismante abstención se sumó el llamado a no votar con fundamentos políticos, al cual se unieron varias organizaciones populares. Las jornadas de protestas en los mismos días de las elecciones, con acciones en distintas ciudades del país, demuestran valientemente que, a pesar de las prohibiciones, la disposición a luchar es más fuerte. Esa es una ganada para la clase obrera, el pueblo mapuche, las masas pobres y las organizaciones populares. Una ganada aparentemente pequeña, pero estratégica y de brillantes perspectivas.

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