Publicado en la edición impresa n° 65 de Periódico El Pueblo (Diciembre-Enero 2018).

En medio de toda una vida entregada a la organización en sindicatos y mancomunales, Luis Emilio Recabarren conoce la experiencia de la Revolución Rusa, viaja a la patria de los soviets y concluye que en Chile debemos hacer lo mismo, logrando organizar a la clase obrera en Partido Comunista para conquistar el Poder el 1º de enero de 1922. Recabarren se dio cuenta que las demás clases sociales que han estado en los gobiernos no traen nada bueno para el pueblo y que: “¡Sólo el proletariado, con el poder político en sus manos, puede hacer la felicidad social!”.

Esas palabras tienen plena vigencia hoy, a 96 años de la fundación del Partido Comunista de Chile, pues vemos que el pueblo es oprimido, que las clases trabajadoras son explotadas, que las luchas son justas. Pero la organización forjada en medio de la lucha en 1922 ya no existe, los trabajadores no tenemos un verdadero Partido Comunista, una verdadera organización política de la clase obrera y mientras no la tengamos, seguiremos luchando de forma dispersa, sin unidad en la acción y las clases explotadoras seguirán arrastrando a parte de las masas a las elecciones a votar por intereses que les son ajenos, impulsando que las masas populares se enfrenten entre ellas para así poder mantener su régimen de injusticia y esclavitud encubierta.

Obreros de la construcción en 1922.

Por lo tanto, toda aquella persona que sienta que este sistema es injusto y que la clase obrera y el pueblo tienen derecho a tomar el futuro en sus manos, deben tomar partido en la tarea de retomar a Recabarren y reconstituir el Partido de la clase obrera, como un verdadero partido revolucionario (no como un partido para las elecciones), que logre conquistar el poder y hacer la felicidad social.

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