por Ana Huenumán

A mediados de Octubre del año 2016, la angustia se ha transformado en el sentir cotidiano de los vecinos de la zona norponiente de Puente Alto y La Florida, esto a razón de que se  produjo un incendio subterráneo en los pozos areneros ubicados frente a sus hogares y que pertenecen a las empresas Baltierra y REGEMAC.

Sonará simple, pero la gravedad de este fenómeno es magna. Su peligrosidad radica en lo obstaculizado que es apagar y eliminar la cantidad de gases que se multiplican bajo la superficie, por lo que puede estar activo durante décadas y estallar ferozmente si no se toman las medidas más prontas y eficientes. Un ejemplo así es en la India, que un incendio similar en una mina de carbón lleva un siglo de existencia y que permanece ahí dada las condiciones de sustento económico que brinda esa industria al país.

Durante los 40 años que han estado localizados ahí los pozos, no se han presentado problemas, pues todo parecía marchar sin inconvenientes, no obstante, luego de aquel incendio y su apestosa propagación de constantes malos olores, el panorama cambió rotundamente ¿Y qué fue lo que engendró esto? La extrañeza y desconcierto de no saber qué sucedía incitó el levantamiento de muchos pobladores del sector, conectando así sus enormes inquietudes ante un mismo episodio, el cual era alarmante y fastidioso en un sector donde incluso lo rodean escuelas y jardines.

Primeros informes

Bomberos tuvo que acudir al lugar a causa de la consistencia de aquella emanación, por lo que necesitó muestras para determinar los factores incidentes, dando posteriormente el resultado de que el humo tóxico correspondía a un gran porcentaje de monóxido de carbono, compuesto que al ser inhalado se une con la hemoglobina de la sangre, dificultando el transporte correcto de oxígeno en las diferentes partes del cuerpo. Algunos de los efectos más recurrentes –y que han recaído en vecinos- van desde la jaqueca, mareos y obstrucciones respiratorias hasta la pérdida de la conciencia y muerte, cabe mencionar que estos últimos  –por fortuna- no han sucedido. Descarga y ve el Informe de bomberos aquí.

Aunque se contaba con ese reporte, todavía quedaban vacíos de por qué tanta toxicidad producida en un sitio que aparentaba tanta seguridad. Sergio Albornoz, vocero de la coordinadora No Más Pozos Áridos nos comenta que “la sospecha comenzó cuando vimos en variadas ocasiones camiones de basura ingresar ahí. […] con el tiempo descubrimos que provenían del Sótero (Hospital), entonces fuimos a ver y sí, eran desechos quirúrgicos que se quemaban y enterraban”. Claramente lo que nos relata es alarmante a todas luces, considerando las infecciones que contienen aquellos desperdicios, sumada a lo perjudicial de su contaminación, que es mera consecuencia de esa quema sin control ni protocolos de garantías medioambientales.  

Dobles enemigos

El descontento de los pobladores iba en aumento, puesto que cada día el olor era más desagradable y estaban apareciendo algunos casos de complicaciones respiratorias entre ellos.

La gota que rebalsó el vaso, fue la denuncia desatendida desde un principio por las autoridades comunales, los alcaldes Germán Codina (Puente Alto) y Rodolfo Carter (La Florida), quienes se taparon los oídos y respondieron con respuestas evasivas para salir del paso, luego de la decisión de los vecinos de encarar el trabajo de las empresas. Más aún, existían pruebas y estudios que evidenciaban el impacto nocivo a la salud y ecosistema que provoca la emisión de gases, pero ninguno de los organismos municipales prestó la importancia inmediata para solucionar este problema e inclusive minimizaron la gravedad del hecho, vulnerando así uno de los derechos básicos del pueblo, que en este caso, es tener una vivienda en un acogedor espacio.

Y lo peor. Esto no acaba aquí. Dada la incesante búsqueda por los vecinos de encontrar a los responsables (y cómplices) de este abusivo episodio, hallaron un documento que revelaba un sospechoso vínculo comercial entre la compañía arenera Baltierra S.A. y la Municipalidad de Puente Alto (descarga el documento aquí). Pese a que los datos dejaban algunas lagunas, era innegable que habían acuerdos turbios que no querían desprenderse por ningún motivo.

Aquí es cuando nace el desconcierto y la interrogante ¿entonces de dónde nos afianzamos, si el Estado que dice protegernos nos ignora y traiciona? Y se concluye que sí, hay dos enemigos en la misma trinchera atentando contra el bienestar de los vecinos que en su mayoría son de la Villa La Capilla y Los Aromos y que es en su seno mismo en donde debe emerger su propia defensa, no en otras entidades, tal como ha sido hasta ahora.

Demostrando la rabia colectiva

Destacamos las vigorosas movilizaciones de los vecinos, que con el apoyo de los estudiantes y profesores del Colegio Arzobispo Crescente Errázuriz y otros sectores de la población, han dado a conocer esta situación a través de cortes de calle y marchas de alta convocatoria, emitiendo así su transparente mensaje de justicia ante tamaña irregularidad empresarial avalada por el aparato estatal.

 

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