Publicado en la edición impresa n° 65 del Periódico El Pueblo, diciembre/enero 2018.

Alexandra Kollontai fue una importante bolchevique durante la Revolución Rusa y la primera mujer en la historia que formó parte de un gobierno, del primer Estado proletario en el mundo. Nació el año 1872 en Ucrania, al interior de una familia con altos recursos. Sin embargo, a pesar de ser hija de un padre aristócrata, ella siempre mostró interés por la vida de los obreros y las masas populares, como también por la historia y la política. Fue parte activa de la revolución de 1905 y la de 1917, organizando a las mujeres obreras, escribiendo importantes artículos y levantando bien alto las ideas del feminismo proletario desde su cargo en el Comisariado del Pueblo.

La mujer obrera y campesina

En 1920, Alexandra Kollontai publicó uno de sus muchos artículos que siguieron la línea feminista proletaria, es decir, desde una perspectiva de clase, el que se titula “La mujer obrera y campesina en la Rusia Soviética”. Este texto nos cuenta de primera mano cómo las mujeres fueron integrándose al trabajo por construir una nación proletaria, así como también lo fundamentales que fueron para el avance de la Revolución. Kollontai dice que sin las mujeres obreras y campesinas, el proyecto de la sociedad sin clases en la Rusia Soviética nunca se lograría, por lo que se hizo muy necesario poder llegar a todas las mujeres del país, convencerlas de apoyar los objetivos de la revolución y atender sus necesidades económicas e ideológicas.

Con Alexandra a la cabeza del Comisariado del Pueblo de Asuntos Sociales (equivalente a un ministerio en el gobierno), se empezaron a promulgar una serie de leyes que protegieron la integridad de las mujeres en el trabajo, la maternidad, la salud y en el cuidado de sus hijos. Además de eso, se movilizó a las obreras de cada fábrica para formar comisiones de trabajo, que con el tiempo fueron especializándose en departamentos según su tarea. Muy parecido a lo que hace un sindicato, pero siempre ubicándonos en la realidad de un Estado proletario donde el pueblo ha conquistado el poder, las obreras comenzaron a organizarse para reclamar sus derechos y fueron adquiriendo importantes cargos de liderazgo. Cada una fue elevando su conciencia de clase, solidarizando con sus compañeras y alcanzando sus metas por ellas mismas, metas que se condecían con los deseos del estado soviético de elevar al pueblo.

Una fotografía de la compañera Kollontai. La imagen de arriba junto a los niños es de su trabajo como Comisaria del Pueblo de Asuntos Sociales (1917-1918).

Luego de la Revolución de Octubre nacieron varias iniciativas desde las organizaciones femeninas para mejorar las condiciones de vida del colectivo. Se crearon comedores públicos, donde pudieron asumir tareas como el control de calidad de alimentos, la gestión de los comedores, incluso en la organización de un servicio especial de comida para niños. También se formaron jardines infantiles, salas- cuna y guarderías que les permitiesen a las mujeres realizar sus diversas actividades sin preocupación ni miedo de dejarlos en otras manos. Las instituciones infantiles de la burguesía, como por ejemplo los orfanatos, sólo eran criaderos de servidumbre para la clase dominante. Por ello, las obreras se encargaron de formar entornos de cuidado para los niños donde pudiesen jugar, educarse, compartir con otros niños y aprender.

Estas son sólo algunas creaciones de las mujeres del pueblo para acabar con la pobreza y con la doble opresión. Cada una de estas iniciativas fueron verdaderos avances en la emancipación femenina: se liberaron del ámbito doméstico, las madres se libraron del trabajo excesivo que conlleva criar y alimentar a sus hijos en solitario, las obreras pudieron instruirse en técnicas de trabajo práctico y estudiar materias de relevancia social y política, se encontraron en condiciones seguras de trabajo y salud, etc. Sin embargo, estas victorias no fueron fáciles, ni se cumplieron de la noche a la mañana. Alexandra deja en claro que muchas acciones tenían defectos importantes y que todavía había mucha población femenina que no podía acceder a los beneficios del Estado, pero que los números fueron en alza en base a la fuerte convicción política y el arduo trabajo derivado de ella. Cada vez más mujeres fueron rompiendo sus cadenas para defender a la clase obrera, enfrentar a sus enemigos y servir al pueblo de todo corazón.

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