A la izquierda Pablo Hásel y a la derecha Valtonyc.

Publicado en la edición impresa n° 67 de Periódico El Pueblo, marzo 2018

El rap surgió en el Bronx en la década de los 70’s y hoy se encuentra extendido prácticamente a todo el mundo. Pero lo fundamental del rap es que surge y se desarrolla como una forma de expresar la protesta de los más pobres. La gran burguesía ha intentado vaciarlo de contenido, levantando grupos de rap que no son combativos, como el rap gangsta, incentivando eventos como las batallas de gallos de RedBull, que refuerzan la vanidad de los participantes.

El pueblo, por su parte, va dan­do a luz a raperos populares de forma inagotable, que hacen de sus canciones verdaderos panfle­tos y arengas. Estos compañeros son perseguidos por el Estado y su sistema judicial, pero no por ser raperos, sino que por decir la verdad. Por ejemplo, entre 1995 y 1996, Lalo Meneses de Pante­ras Negras fue perseguido por Ccarabineros y por el Consejo de Defensa del Estado por ha­ber rapeado: “Paco culiao, cerdo ignorante, no eres mi amigo ni lo fuiste antes”. Lo que perseguían en el fondo era el apoyo que el grupo Panteras Negras daba a la lucha por los presos políticos.

Hoy, de forma mucho más crimi­nal, el Estado de España persigue y encarcela a los raperos que cantan la verdad. El año pasado se decretó la prisión para 12 miembros del colectivo Insurgen­cia, una multa de 4.800 euros y la censura por nueve meses, por apoyar la lucha de los pueblos de España. Persiguen también a César Strawberry del grupo Def Con Dos, por haber dicho “Cuantos deberían seguir el vuelo de Carrero Blanco” (en relación al fascista ajusticiado por ETA). Lo mismo hacen con los hermanos Ayax y Prok, acusados de “calum­niar a la policía” en el estribillo de su tema Polizzia, que dice: “¿de qué sirven los maderos si no es para hacer fuego?” (Madero se le dice a la policía en España).

Junto a ellos se encuentran los raperos Pablo Hasél, acusado de “enaltecimiento al terrorismo” y Valtonyc, acusado de injurias gra­ves a la corona española por cantar “los borbones son unos ladrones”.

Los compañeros no se amedren­tan. Por ejemplo, Pablo Hasél toma su condena de 2 años como la de un preso político, que está ahí, preso, por decir la verdad. Ante la sentencia declaró: “¡Jamás claudicaré fascistas de mierda!”. Por su parte, Valtonyc ha dicho que actuará y aprovechará como preso político de formarse, organizarse y con más ganas cambiar este mun­do. Estas son muestra de entereza y que bajo estos viejos Estados nunca habrá libertad de expresión.

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