Nota del editor: Publicamos esta nota como un aporte al balance de la lucha de clases en nuestro país, en la historia reciente. Esta inspirada en el ánimo de extraer valiosas lecciones de las luchas de las masas, puesto que éstas nunca han dejado de luchar. Nuestro más sentido homenaje a los caídos de las diversas organizaciones que han dirigido la protesta y la lucha armada en nuestro país es participar de este debate, para aportar a la educación ideológica y política que requerimos como pueblo, para dar mayores pasos en arrancar conquistas y golpear a los que nos oprimen.

La imagen corresponde a la Conmemoración de Corpus Christi en el Centro Cultural Cuartel Borgoño.

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La Operación Siglo XX con la que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) ajusticiaría a Pinochet, a pesar de haber fracasado, dejó enormes lecciones.

De haber sido exitosa la Operación Siglo XX, según los planes del oportunismo, se hubiera impuesto  rápidamente un gobierno de transición mediante una Asamblea Constituyente. Aylwin u otro dirigente burocrático hubiera debido asumir dos años antes la administración del viejo Estado y la Democracia Cristiana hubiera tenido que compartir la administración del viejo Estado burgués-terrateniente con los partidos de oposición que se encontraban excluidos de la Concertación.

Pero también, de haber muerto el chancho número 1, se daba un gran impulso a la lucha de las masas, que espontáneamente avanzaban desbordando la legalidad con protestas combativas. Es muy significativo que aun siendo un fracaso el ajusticiamiento al asesino Pinochet, las Milicias Rodriguistas crecieran un 40%, producto de la Operación Siglo XX, según indica el dirigente rodriguista Pedro Corvalán.

En una extensa entrevista de los comandantes José Miguel (Raúl Pellegrín) y Eduardo (Enrique Villanueva) para El Rodriguista n° 35, de agosto de 1988, Raúl Pellegrín analiza la acción, afirmando que a pesar de no ser exitosa, la Operación Siglo XX, es para el FPMR “una acción que permite proyectarse hacia las masas”. (p. 28)

Es decir, Raúl Pellegrín tenía conocimiento que la destrucción a las fuerzas vivas del pinochetismo encontraba simpatía entre las masas. Como él bien dice permite proyectarse hacia las masas, que veían en las acciones armadas el camino a su liberación. El problema estuvo en que La Operación Siglo XX fue una operación destructiva que se desarrolla sin estar subordinada a la construcción de Nuevo Poder. Esto va a tener como consecuencia que esa proyección hacia las masas no logre cuajar.

Lenin, en el ¿Qué hacer?, explica el papel de la vanguardia revolucionaria desde varias situaciones. En una de estas lo hace diciendo que lo espontáneo es el germen de lo consciente. Si aplicamos ese principio a la situación que se vivía en Chile en torno a los días y meses de la Operación Siglo XX, vemos que las masas en forma espontánea lucharon contra la junta militar fascista y sus acciones, incluso las fallidas, clamaban por el Poder. Asumiendo que la respuesta no estaba en la Concertación, las masas más arrojadas la buscaron en el FPMR y en menor medida en el MIR y el MJL.

Aunque las Milicias Rodriguistas no estaban bajo la dirección del FPMR, las masas sin partido las identificaban con el FPMR y no con el Partido “Comunista” que era quien realmente las dirigía. Un ejemplo de esto lo entrega el parte operativo del 1° de Mayo de 1988, de Esteban, quien relata:

“me sentí tan bien al ver que la gente desea demostrar que se siente identificada con el Frente, y lo demuestra con nosotros, las Milicias, lo cual nos llena de ánimo y ganas de decirle a esa gente, gracias, pero en realidad no es necesario, porque me he dado cuenta que la gente está con la masa, (a través de sus Milicias), pero sinceramente no sé qué pensar, ya que en realidad es el Frente el que hace las acciones, y somos las milicias a las que felicitan, son las milicias las que reciben el aprecio directo de la masa, y por eso cada miliciano comprende y admira cuan humilde es el combatiente, ya que opera y se arriesga y no por cuestión personal, sino porque desea trabajar permanentemente en el proceso, y no hace alarde, calla, a pesar de lo heroico que son mirados por la gente”. (el subrayado es nuestro).

Inmediatamente después de la Operación Siglo XX, la CNI aceleró el seguimiento a los miembros del FPMR, estrechando el cerco con el objetivo de darle golpes demoledores, centrando en la Dirección Nacional.

Para comienzos de 1987 la CNI había logrado encuadrar a varios jefes rodriguistas, incluyendo a fusileros de la Operación Siglo XX. Los dirigentes rodriguistas habían detectado los chequeos. Frente a ello aumentaron las medidas de seguridad, pero la CNI ya había logrado extraer información de “la cúpula” mediante los interrogatorios a los detenidos por el caso Carrizal.

Durante los meses siguientes, la dirección del FPMR tomó la decisión de reunirse y analizar la nueva situación del cerco sobre sus militantes y los crecientes problemas de seguridad. Un equipo comenzó a revisar los videos y a fijarse en la conducta de cada uno de los asistentes a las actividades donde se presentaba el FPMR. Fue así como, por primera vez, dentro de la tabla de reunión se incluyó un nuevo punto: infiltración.

El general Hugo Salas Wenzel, que no sabía el porqué de esta concentración de rodriguistas, informó de esta situación al jefe de la CNI, Álvaro Corbalán y le dio la orden de “reventar al Frente”, de no dejar a ningún frentista con vida.

La CNI cayó sobre las casas donde se llevaban a cabo las reuniones de los jefes del FPMR y siguiendo las órdenes del chancho Salas Wenzel, entre el 15 y la madrugada del 16 de junio de 1987, dirigió el asesinato de doce miembros del FPMR, tres de ellos de la Dirección Nacional, en un oscuro operativo conocido como Operación Albania (en la interna de la CNI se llamaba Operación cúpula), justo en los momentos en que Raúl Pellegrín comunicaría a la militancia de la separación del FPMR con el Partido “Comunista”.

De esta forma, vino un golpe contundente, que además de aniquilar físicamente parte importante de los jefes, interrumpió el trabajo de contrainteligencia que recién se iniciaba y aceleró las “diferencias” con el falso Partido “Comunista”, que a más presión del imperialismo yanqui y a más acoso de los chanchos, más intentaba desentenderse del FPMR. Según Hernán Vidal, en su libro Frente Patriótico Manuel Rodríguez El tabú del conflicto armado en Chile, los oficiales del FPMR entrevistados por él sostuvieron que:

“[…] varios [miembros del FPMR] habrían salvado sus vidas si es que el PCCH -como consecuencia del proceso de desmantelamiento de la organización guerrillera- no les hubiera negado, intencionalmente, casas de seguridad para refugiarse. Los oficiales entrevistados condenaron este hecho como traición y cobardía supremas”.

Hoy a 31 años, la historia dicta su veredicto. No es posible volver a cometer los mismos errores de nuestros compañeros caídos en combate contra el Pinochetismo. Fundamentalmente, no volver a cometer el error de pensar que “la izquierda” es un universo donde conviven armoniosamente todas las diferencias. De hecho la etiqueta de “la izquierda” fue utilizada por el oportunismo y el revisionismo, para servirse políticamente de las acciones armadas del FPMR, el MIR y el MJL, A la separación orgánica del FPMR de su partido madre le faltó romper también ideológica y políticamente. No era posible que el FPMR avanzara encabezando a las masas en las acciones armadas si no las encabezaba ideológica y políticamente.

La sangre de los mártires del pueblo aun riega la lucha. Su recuerdo tan sólo basta para despertar la indignación frente a los asesinos y la admiración frente a los compañeros. Sabemos que si hoy seguimos oprimidos es porque la lucha de los compañeros está aún pendiente. Y por lo mismo, por respeto a ellos, no tenemos derecho a cometer el mismo error político. La unidad es unidad entre los que luchan. Pagamos con sangre esta lección y hay que ser enfáticos: la unidad sin principios, la unidad con el oportunismo no lleva a ninguna parte. Porque precisamente esa es la labor del oportunismo: confundir, dividir y desviar las luchas populares.

Los caídos en combate han quedado para siempre en el pueblo, ya son parte de la larga historia de la lucha revolucionaria por liberarnos del imperialismo y por conquistar nuestra felicidad. Los asesinos y los oportunistas, en cambio, sólo serán recordados como nota al pie, para ser señalados como lo que siempre han sido, escoria, colosal montón de basura que necesariamente será barrido por la lucha de las masas.

¡Vivan los héroes de Corpus Christi!

¡Abajo el oportunismo cómplice de asesinatos!

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