200 años de Karl Marx:

Retomar a Recabarren es defender el marxismo

Publicado en la edición impresa n° 70 de Periódico El Pueblo (junio, 2018)

Los primeros fundamentos de la ideología de la clase obrera fueron establecidos por Karl Marx y Friedrich Engels. Y ellos, más un puñado de comunistas, se entregaron en cuerpo y alma a dotar al proletariado de su ideología y de su programa político. De esta forma, la ideología del proletariado surgió con el nombre de marxismo, llevando el nombre de Marx y no el de Engels ni de ningún otro revolucionario.

Sobre lo anterior, Friedrich Engels explica en su texto “Ludwig Feuerbach y la filosofía clásica alemana (1886)”:

“Permítaseme aquí un pequeño comentario personal. Últimamente, se ha aludido con insistencia a mi participación en esta teoría; no puedo, pues, por menos de decir aquí algunas palabras para poner en claro este punto. Que antes y duran- te los cuarenta años de mi colaboración con Marx tuve una cierta parte independiente en la fundamentación, y sobre todo en la elaboración de la teoría, es cosa que ni yo mismo puedo negar. Pero la parte más considerable de las principales ideas directrices, particularmente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté —si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas especiales— pudo haberlo aportado también Marx aun sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó. Marx tenía más talla, veía más lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos. Marx era un genio; nosotros, los demás, a lo sumo, hombres de talento. Sin él la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre”.

Lo que aquí plantea F. Engels no es ninguna falsa modestia, sino el reconocimiento de un hecho objetivo presente en cada revolución, de una situación concreta: que la revolución y la organización revolucionaria de la clase obrera habían llevado a Karl Marx a asumir la jefatura de la revolución. Las razones están expuestas con tremenda claridad por Engels: “Marx tenía más talla, veía más lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos… Sin él la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre”.

En 1920, respecto a los jefes, Lenin estableció que las masas se dividen en clases sociales, que las clases sociales se organizan en partidos y que estos partidos políticos están dirigidos por jefes. A esta conclusión llegó luego de tres años de victoriosa experiencia con el proletariado en el poder.

Más tarde, el presidente Mao Tse-tung profundizó estas conclusiones a la luz de la lucha revolucionaria y la lucha de dos líneas contra las corrientes burguesas, llegando a establecer que los je- fes revolucionarios no surgen por montones ni en forma espontánea, sino que en medio de la lucha de clases, aplicando los principios y organizando la lucha de la clase obrera y las masas populares.

Lo fundamental de la jefatura revolucionaria es que sea reconocida por la clase obrera y su partido. Eso es lo principal. Muchas cosas se dirán desde las clases opresoras y desde los sectores vacilantes al interior del pueblo, pero a los revolucionarios les corresponde apiñarse en torno a sus dirigentes y defender a su jefatura. Así ha sido y así seguirá siendo hasta que la lucha de clases sea un recuerdo de la historia.

Lo fundamental de la jefatura no es el cargo administrativo. Lenin no tenía formalmente un cargo como presidente, pero la misma Revolución Rusa lo había llevado a este lugar, sin duda alguna. Entre dirigentes tan notables como Sverdlov, Stalin, Molotov, Manuilski, por nombrar algunos, Lenin, al igual que Marx, tenía más talla, veía más lejos y atalayaba con mayor rapidez. Lo propio sucedió con el presidente Mao Tse-tung, que al interior del partido fue sabotea- do y aislado, pero siempre la clase y el partido lo consideró su jefe.

Cuando Recabarren pasaba por la cárcel, los obreros no decían “escojamos a otro, capaz que estando preso cambie de opinión”, porque sabían que en la cárcel Recabarren seguía siendo el jefe de la revolución en Chile y así quedó demostrado.

El surgimiento de los jefes es una ley, se cumple sin excepción. Por ejemplo, Espartaco fue el jefe de los esclavos en rebelión; Francisco Villa y Emiliano Zapata fueron cabeza de la Revolución Mexicana; Sandino fue jefe de la lucha antiimperialista en Nicaragua; Farabundo Martí cumplió la misma tarea en El Salvador, mientras Leftraru (Lautaro) fue el jefe de la Resistencia Mapuche contra la colonización española. En síntesis, donde miremos siempre hay una persona que sobresale entre los más destacados y en sus manos queda la tarea de asumir la jefatura de la lucha revolucionaria. La jefatura surge del desarrollo de la lucha revolucionaria, la clase obrera y su partido.

Posición de clase respecto a la jefatura revolucionaria

Para combatir a los jefes revolucionarios, las clases opresoras montan falsedades y desvirtúan su papel. Veamos un ejemplo, el 5 de mayo se cumplieron 200 años del natalicio de Karl Marx y en El Mercurio lo han presentado como “Artista, periodista y socialdemócrata” (Artes y Letras, 27.04.2018). De esta forma, la gran burguesía que es dueña de El Mercurio, al no poder atacar de frente su obra gigantesca, lo desfigura y oculta su papel de jefe revolucionario.

Dentro de la misma conmemoración, la pequeña burguesía no se queda atrás y realiza una serie de seminarios en universidades sobre lo que ellos llaman “los marxismos”, como si la clase obrera pudiera tener varias ideologías, varios marxismos. Sin duda, al igual que El Mercurio, eso apunta a generar confusión, levantando a un Marx desvirtuado para esconder al verdadero Marx, al jefe de la revolución proletaria mundial.

En Chile, la clase obrera tiene a su jefatura. Largos años de lucha revolucionaria y de organización de la clase obrera en Sección Chilena de la Internacional Comunista, forjaron a Luis Emilio Recabarren como la cabeza más alta, como el más capacitado para asumir como jefe comunista. Corresponde que reconozcamos su papel y lo defendamos, tanto de quienes lo atacan abiertamente como de quienes lo desvirtúan, levantándolo sólo como dirigente sindical para ocultar su papel de combatiente y jefe verdaderamente comunista.

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