¡UNÁMONOS BAJO UNA LÍNEA CLASISTA!

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Editorial publicada en la edición impresa n° 73 de Periódico El Pueblo (septiembre, 2018)

Siguiendo los pasos de Recabarren:

¡Unámonos bajo una línea clasista!

La unidad de la clase obrera y la unidad del pueblo es garantía de triunfo. Por ello debemos unir a todos quienes sea factible de unir en cada momento y de manera progresiva en torno a las tareas de la revolución. 

¿Pero cómo lograr esa unidad? ¡Con lucha!, afirmamos.

Puede parecer un contrasentido, pero la forma de alcanzar una auténtica unidad es con lucha. La unidad exige tomar posición, pues sin ello la unidad es falsa. Las masas ansían la unidad. Muchas veces hemos escuchado la sentida pregunta: ¿Por qué la izquierda está tan dividida? Los oportunistas, cada vez que son criticados, buscan desviar la crítica afirmando que se está atacando la unidad. Pero la unidad sólo la alcanzaremos identificando nuestros puntos en común, definiendo acciones en conjunto y luchando para plasmar nuestros objetivos.

¿Quiénes deben unirse? Todos quienes tengan los mismos intereses. ¿Podríamos unirnos con Luksic? ¡Claro que no!, no hay intereses en común con ese puñado que es la gran burguesía.

Pueden unirse precisamente quienes pertenecen a las clases oprimidas, ya que tienen los mismos intereses: anhelan vivir mejor. ¿Puede unirse la clase obrera y los campesinos? Claro que sí, pueden y deben, ya que ambas clases son la base de la sociedad. ¿O acaso podemos prescindir del alimento? ¿O podemos prescindir de la vivienda, de las maquinarias, del transporte? ¿Y de todo lo que ha sido construido y producido por la clase obrera? De ninguna manera.

En palabras del gran Luis Emilio Recabaren pronunciadas en 1923: “¡No hay más que una sola esperanza! ¡Nuestra fuerza! La fuerza unida, disciplinada, vigorosa de la clase trabajadora de la ciudad y del campo, de los puertos y de las minas. Esa fuerza unida ya empezó su victoria allá, en Rusia. De un poderoso empuje derribo los tronos del imperialismo de los zares y del capitalismo”.

¿Y con quien más nos podemos unir? Con los profesores que educan a nuestros hijos, con los funcionarios de la salud que deben dar cara por el pésimo sistema que tenemos, con los mapuche que han sido usurpados y lo siguen siendo en nombre de un “progreso”, entre otros.

¿Y las mujeres podemos unirnos? Recientemente, miles han demostrado que es justo hacerlo y hoy los acosadores deben temer, porque las mujeres ya no quieren ser más cosificadas ni violentadas solo por el hecho de ser mujer. Pero en este ejemplo también vemos que la unidad exige lucha contra posiciones contrarias a los intereses que tenemos como pueblo. Lucha contra los que levantan la bandera de las demandas de la mujer con el único fin de tener un buen cargo, un buen puesto y un sueldo fácil en el viejo Estado.

La unidad es garantía de triunfo, porque así polarizamos a todos los que hoy ansían justicia, ansían derechos, ansían luchar.

Recabarren lo expresa así en 1922: “Esta revolución social no puede llegar a su acción final por la propia acción de la Federación Obrera de Chile, esta revolución social destinada a organizar la sociedad sobre bases de justicia, tiene que ser la obra y la acción de las masas trabajadoras de las ciudades y los campos. Es preciso reconocer esta realidad. No será posible cumplir la misión de la revolución social, sino por la acción conjunta e inteligente de las grandes masas trabajadoras de ciudades y campos.”

Como vivimos en una sociedad dividida en clases sociales, en todo vemos expresada esa contradicción. En todo movimiento u organización veremos un ala izquierda y un ala de derecha. La primera, que trabaja por el avance del movimiento en su conjunto y la segunda, que lo frena. Cuando esas contradicciones se dan entre el pueblo existe el método de la crítica y la autocrítica, que consiste en poner en evidencia los errores, corregirlos y aplicar nuevamente un plan de lucha. Esta forma de abordar las contracciones en el seno del pueblo fue desarrollada por el presidente Mao Tse Tung, quien lo expone de la siguiente forma ya en 1957: “En 1942 resumimos este método democrático de resolver las contradicciones en el seno del pueblo en la fórmula unidad–crítica–unidad. Esto, expresado en forma más detallada, significa partir del deseo de unidad, resolver las contradicciones mediante la crítica o lucha y conseguir una nueva unidad sobre una nueva base. Según nuestra experiencia, éste es el método correcto para resolver las contradicciones en el seno el pueblo.”

Solo asumiendo la posición de la clase obrera podremos guiar nuestro camino y trabajar por la unidad de todos, en medio de las distintas contradicciones y problemas que vayamos enfrentando. Para así unir a todos los que hastiados de corrupción y de un sistema podrido, anhelan dar vuelta la tortilla a favor de los más pobres.

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