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La mujer mapuche vive luchando

Publicado en la edición impresa n° 74 (octubre, 2018) de Periódico El Pueblo.

La mujer es el pilar fundamental para nuestro pueblo: mujer que trabaja, que es pobladora, obrera, campesina, madre, compañera y que también, en muchos casos, es mapuche.

Ahora, la pregunta es ¿qué es ser mujer y al mismo tiempo ser mapuche? Ser mujer implica una variedad colorida de cualidades y ser mapuche aún más, asumiendo así que existen tanto en el campo como en la ciudad, y que dentro de cada uno de esos espacios ejercen distintos roles.

No es correcto referirse al “deber ser” que se le atribuye a una mujer mapuche, sino al ser que cada una de ellas desarrolla en sus actividades, destacando, principalmente, a aquellas que ejercen labores muy importantes que han hecho que sean reconocidas por su comunidad, lof y por el pueblo que apoya la lucha.

Remontándonos a nuestro pasado histórico, tenemos la presencia de muchas mujeres mapuche que han sido protagonistas en dar la lucha frente a la invasión española. Entre ellas está Janequeo, quien lideró un ejército completo; Fresia y Guacolda, que junto a sus compañeros, Kallfülikan y Leftraru, no dieron tregua a las huestes españolas, resistiendo heroicamente hasta el final.

Posteriormente, tras la instalación del Estado chileno en el Gulumapu (territorio mapuche que abarca Chile en el Wallmapu), tenemos a cientos de mujeres que también hicieron frente a la violenta ocupación de su territorio, defendiendo su tierra contra los intereses económicos de los grandes latifundistas. Junto a sus familias, estas lamgnen sufrieron la usurpación de sus tierras y el despojo, viéndose obligadas a escapar o migrar del campo a la ciudad para satisfacer las necesidades más básicas de la sobrevivencia.

Actualmente, aunque el Estado y los gobiernos aparenten tranquilidad y respeto al mapuche, la realidad es otra: existe un elevado nivel de represión en todo el territorio mapuche, principalmente en los lof y comunidades en resistencia. Esa represión golpea a la mujer triplemente, ya que es oprimida por su clase, por su sexo y por ser mapuche. También esto sucede en los pueblos y ciudades, donde las mujeres mapuche han tenido que migrar en busca de una mejor calidad de vida, optando solo a empleos de servidumbre, como nana puertas adentro, donde ni siquiera existen derechos laborales. Todo esto teniendo como base la existencia del latifundio y el racismo. Esta realidad de discriminación y opresión no se ha ido con el paso del tiempo, pero sí se ha tomado nuevas formas. Claros ejemplos de esto se encuentra en la “inserción en los colegios”, donde a los estudiantes mapuche se les obliga a olvidar su cultura o, cuando no, se les desfigura, como por ejemplo cuando se les enseña el himno nacional de Chile en mapudungun.

Por otro lado, la mujer mapuche muchas veces ha cumplido todas las tareas de compañera de algún preso político. Esto no es menor, pues implica generalmente que debe “poner el hombro” para levantar su familia. Esto es particularmente exigente en las familias de comunidades en resistencia, ya que viven acosadas por las FF.EE del Comando Jungla, que no respetan a nadie en las arremetidas a los hogares mapuche. En esa línea también se encuentra la mujer que participa abiertamente como weichafe, en recuperaciones territoriales o en distintas acciones de resistencia y solidaridad, siendo sindicada como terrorista por el Estado y encarcelada por los distintos gobiernos que se han sucedido.

Estas mujeres populares mapuche han sido ejemplo y guía para que otras compañeras no-mapuche se sumen a su justa causa, tales como la lonko Juana Calfunao, Patricia Troncoso -“la Chepa”- y Macarena “la Negra” Valdés.

Por último, es imposible no mencionar a las hermanas Berta y Nicolasa Quintreman, que pese a tener más de 60 años mantuvieron firme su oposición a la instalación de una represa en Ralco, Alto Bío Bío, lugar que para las comunidades pewenche es considerado un territorio sagrado, donde la conexión vital de la tierra con sus habitantes significa el cuidado del río, los bosques, las lagunas y los animales. Por tanto, las palabras de Nicolasa (fallecida en 2013) continúan vivas en la memoria: “[…] a esta tierra mía no la daña nadie, ni la viola nadie, y por eso nunca, nunca me voy a cansar de luchar”.

Lo anterior solo es un ejemplo de muchas mujeres mapuche que tienen en común una vida de resistencia y lucha. No sólo contra el Estado burocrático-terrateniente, sino también contra el machismo dentro y fuera de sus familias, practicas coloniales justificadas erróneamente en lo ancestral. Nada justifica el abuso a las lamgnen o compañeras, pues nada de eso sirve a la autonomía y autodeterminación del pueblo mapuche.

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