“Si alguien escribe un libro que contenga verdad, eso no caduca”

Cristóbal Gaete, narrador porteño

Publicado en Arte y Cultura, edición impresa 75, noviembre 2018.

Cristóbal Gaete es un escritor porteño, originario de La Cruz y estudió Periodismo en la Universidad de Playa Ancha. Lo suyo es narrar y eso implica leer, observar y representar la realidad a través de la palabra escrita. Se toma con total seriedad su trabajo y, como tal, es un hurgador de la sociedad y en especial de lo popular. Abre bien los ojos, agudiza los sentidos, respeta y crea estrategias para empaparse sobre quien decidió escribir: el “sujeto trabajador”. Él mismo lo es también,pero en su oficio produce desde las ideas. Tiene un respeto grande por quienes realizan cotidianamente el trabajo físico de nuestra sociedad.

Cuando era un niño le impactó ver a un hombre colgando hacia el interior de un tarro de basura.¿Por qué hace eso? le preguntó a su padre en el trabajo del Mercado El Cardonal y su carita recibió con congoja la respuesta: “tiene hambre”. 

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Con una sonrisa esbozada nos responde: “Estando acá en Valparaíso, si uno revisa el dossier que se le entregó a la UNESCO para que la ciudad fuera patrimonio de la humanidad,aparecen determinados escritores, tales como Joaquín Edwards Bello y Salvador Reyes. ¿Qué tienen en común ellos? Dos cosas: una vida cómoda y una visión de Valparaíso desde el plano hacia el cerro. Su visión se degrada hacia arriba. Si tú te fijas, el sujeto en la novela porteña de Edward Bello es un sujeto que especula, porque así se hace la riqueza y en Salvador Reyes tú tienes a un cazador de ballenas. O sea, tu podrías ver ballenas en Valparaíso si no las hubiesen matado a todas, tanto acá como posteriormente en Quintay (otra localidad de la Región de Valparaíso).

De forma oculta a ellos, pensando en autores que nunca estarían en ese dossier de postulación al patrimonio, hay autores que tienen harto valor en el sentido de la estampa social que dejan de Valparaíso”. Nos menciona a  Manuel Rojas, González Vera y Méndez Carrasco. “El último escribió “Mundo herido”, la primera novela que retrata la vida de cerro porteña a mediados del siglo XX. La vida de un cerro cualquiera, El Litre, no patrimonial, donde hay precariedad habitacional, pandillas e incendios que borran cada tanto”.   

Cristóbal nos explica en que consiste esa estampa social: “son todas prácticas de sobrevivencia porteña que no tienen cabida dentro del relato de esta ciudad,así que, como escritor porteño, con mi trabajo territorial en talleres, lo que trato de hacer es activar esas lecturas. Acercar, por ejemplo, la carta que lleva en el bolsillo González Vera de un trabajador a otro, para que lo alojen sin haberlo visto nunca. Códigos proletarios que no sé si están vivos. Los escritores, proletarios sofisticados, paradójicamente, abusamos continuamente de esa solidaridad para recorrer Chile”.  

¿Por qué te interesaste por la novela proletaria? ¿Qué es la novela proletaria para ti? ¿Cómo la definirías?

Creo que otras personas la podrían definir mejor, pero sí sé que tienen el elemento del trabajo, sobre todo de sobrevivencia. Es trabajo-entorno, como toda la vida. Si fuese una vida de fábrica, la vida muchas veces puede parecer una fábrica perfectamente; entonces sería de una persona desde que se levanta hasta que llega a su hogar,estableciendo qué lo rodea y cómo lo vive.

Posiciones respecto a la literatura y la política

“Una de las cosas que hay que cuidar es la relación de no hacer panfletos. Eso es uno de los riesgos de asumir solamente el prisma temático; yo creo que uno puede escribir bien y tener una carga política. La literatura en ningún campo,ni de la resistencia o el arte, ha estado fuera de la política.

Es necesario pensar en la escritura. Los mismos escritores que sobrevivieron tuvieron que hacer méritos,no es una cosa de llegar y establecerse, porque no lo deja entrar el canon. Es necesario tener una voz, una impronta única.

Me preocupa que nuestra tradición literaria porteña se vuelva excéntrica; que dentro de las producciones de Valparaíso que tiene actualmente, nadie escriba del sujeto trabajador. Estamos en una mazmorra, no en el sentido de la escritura, porque ésta mejora si se cultiva con determinada seriedad, pero en el prisma de lo que se está narrando no tiene cabida el habitante. Hay muchos escritores que no son de acá e igual escriben de acá y el sujeto trabajador no aparece, y otros que son de acá y aun así el sujeto trabajador no aparece. Es algo que se nos ha negado y debemos recuperar, pues están en autores como Jacobo Danke y Franklin Quevedo.

La clase sigue siendo un elemento fundante en cualquier área de la sociedad. En la literatura, por ejemplo, tras el Golpe fueron silenciados escritores como Alfonso Alcalde, que hacía fantasía popular con los elementos de la vida de pueblo. En su tiempo salían miles de ejemplares en Quimantú, mientras que Juan Emar siempre fue de élite, y hoy le reeditan hasta la mierda -que produce cada escritor-, mientras a Alcalde le quedan perspectivas necesarias de recuperar,como su descripción de los hábitos alimentarios de los proletarios y de mineros, que se encontraban tanto en su ficción como en sus reportajes”. 

¿Por qué quiso ser escritor, si tenía otras opciones?

No sé si fue una decisión o algo que no se puede dejar de hacer. Hago un vínculo con la paternidad, me cambió mucho; entonces, cuando pienso en lo que es la ciudad, qué se va a escribir o qué va a enseñar a leer, en mi caso, como activador de lectura, pienso en que esas cosas no se pueden dejar de representar. Si alguien escribe un libro que contenga verdad, no caduca. No importa que no esté en el comercio, puede sobrevivir.

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