El imperialismo necesita el fétido tufo fascista

Las masas nos dan el cálido aliento de la lucha

Por Comité de Redacción Periódico El Pueblo

El fascismo surge en Europa cuando el capital financiero busca combatir la construcción del socialismo en Rusia y su creciente influencia en el resto del mundo. El socialismo fue también quien detuvo a esas hordas llenas de odio de clase hacia el proletariado y mandó a Hitler, Musollini y los militares japoneses al despeñadero de la historia.

El bravucón favorito de la bolsa

Hoy, el triunfo de Bolsonaro en Brasil se toma la vitrina de la prensa burguesa por sus polémicos dichos anticomunistas, misóginos y racistas que anuncian un gobierno de sesgo fascista. Pero la política de Bolsonaro no es ninguna novedad, aún cuando vocifere sobre una “nueva política”, porque lo que ofrece es la misma receta ochentera que impulsaron los Chicago Boy’s en nuestro país de la mano de Pinochet: reducción del gasto fiscal, traspaso de empresas al capital monopolista no estatal (“privatizaciones”) y recrudecimiento de la represión al mundo popular.

En Brasil, la ofensiva general contrarevolucionaria mundial impulsada por el imperialismo norteamericano desde los 80’, la implementó el Partido de los Trabajadores (PT) bajo el plan de reemplazar la lucha de clases por asistencialismo. Mientras tanto se enriquecieron echándose al bolsillo las jugosas rentas del Estado y persiguieron a dirigentes populares del campo y la ciudad, quienes se opusieron a reformas que no acabaron con el latifundio y que terminaron empeorando la vida del pueblo.

El asistencialismo del PT se aplicó sirviendo más al plan de mantener a Brasil como una semicolonia norteamericana, bailando al sonde los dictámenes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Todo ello ha involucrado un mayor proceso de reaccionarización del viejo Estado, el que se arma hasta los dientes: la agudización de la concentración de la tierra, el aumento del desempleo y la profundización de una economía primario-exportadora.La corrupción del PT es la pompa de jabón sobre la que hoy campea el fascista Bolsonaro. Y un sector del pueblo brasileño, desencantado y embrutecido, ha caído bajo su bravuconadas.  Pero su fanfarroneo tiene cada vez menos brecha, ya que agudizará los problemas de las masas y la protesta social le reventará en la cara.  

Realmente, lo más repudiable no son los dichos de Bolsonaro, pues él cumple su papel de títere fascista del imperialismo, principalmente yanqui. Lo que él deja en evidencia es que el imperialismo, en su etapa de crisis, se sirve de todo tipo de gobiernos para intentar mantener su hegemonía, ya sea con rostro de falsa democracia o derechamente fascista.

En nuestro país, el Plan Impulso Araucanía, propuesto por el gobierno, pretende liberar la prohibición de compraventa de las tierras indígenas, incluidas las recuperadas, buscando aislar a las comunidades que resisten y se levantan desde la autonomía, corporativizando a las otras comunidades para controlarlas, dividirlas y despojarlas de las tierras, concentrándolas en manos del latifundio forestal y agrícola.

En nuestro país, al igual que entre el pueblo brasileño, se siente el aliento cálido de la lucha, por ejemplo cuando las pu lamngen se enfrentan con total valentía ante la desmedida represión que recibieron al pretender visitar a sus familiares presos por luchar.

O también lo sentimos cuando llegamos a Quintero y cada persona que ha estado activa en el movimiento que lucha por la vida y contra la contaminación por parte del Parque Industrial,puede describirnos en detalle cómo ha actuado el gobierno, la policía, los oportunistas y puede hablarnos de los problemas de construcción del movimiento y las razones de su lucha. Cada uno de ellos ha sido educado políticamente por la lucha.

Tanto la lucha mapuche como la crisis ambiental en Quintero-Puchuncaví dejan en evidencia que este modelo económico, el capitalismo burocrático, está al servicio de los grandes capitales monopólicos nativos y principalmente extranjeros. Es un modelo económico basado en la voraz explotación del pueblo y la naturaleza. Y como va quedando en evidencia, no es otra cosa que la consecuencia de ser una nación oprimida por el imperialismo, principalmente norteamericano, y el lugar que éste le asigna a nuestro país: en lo principal ¡Un verdadero emporio!, desde donde saquear nuestros recursos y un lucrativo mercado, hecho a la medida para la venta de sus productos. Todo esto disfrazado con la eterna y falsa promesa de crecimiento y desarrollo. Todo esto basado en mantener caducas relaciones sociales de producción. Un sistema así ¡JAMÁS! traerá progreso para la mayoría del pueblo, sino sólo para un puñado apiñado a este criminal modelo económico,político y social que refleja una cultura decadente.

DEJA UNA RESPUESTA

¡Por favor deja tu comentario!
Ingreta tu nombre aquí por favor