La crisis de los imperialistas enseña que el camino es elevar la lucha:

Editorial, publicada en Periódico El Pueblo n° 77 (Enero, 2019)

El viejo Estado se jacta que Chile tiene una de las economías más abiertas del mundo, ya que en 2017 obtuvo el décimo lugar en el Índice de Libertad Eco- nómica (Fundación Heritage). Por su parte, el imperialismo, principalmente yanqui, impone en la economía mundial relaciones de saqueo y explotación, plasmado en nuestro país en la llamada Inversión Extranjera Directa. Ante esto, un sector de las masas exclaman: ¡No queremos ser zonas de sacrificio! Y los territorios que se organizan para luchar, tales como los pobladores de Quintero-Puchuncaví, avanzaron a la consigna: ¡Ahora somos zona de resis- tencia! De allí la importancia de ocuparnos de la crisis imperialista actual y las consecuencias que traerá para el pueblo.

La respuesta frente a su crisis es la militarización

El imperialismo norteamericano es superpotencia hegemónica única, debido a que Rusia, quien es su contendor histórico, es una superpotencia que basa su dominio exclusivamente en la amenaza de su poderío atómico, a diferencia de Estados Unidos, cuyo despliegue económico, militar y diplomático es mucho mayor.

No obstante, el imperialismo yanqui viene evidenciando cada vez más su hundimiento. Tanto es así, que los principales indicadores de la economía norteamericana son similares a las cifras del año 1931, momento en que estaba en curso la segunda crisis imperialista más profunda. Hoy EE.UU. avanza hacia la recesión económica con riesgo de depresión y se hunde cada vez más en la creciente militarización de su economía. Según datos del Banco Mundial, ¡anualmente su gasto militar arroja la grotesca cifra de 609.757.981.000 millones de dólares!.

Una característica del imperialismo es la colusión y pugna de las principales potencias. Pugna cuando el imperialismo yanqui se entrampa en lograr sus objetivos estratégicos de cerco y aislamiento a los rusos y por otro lado apuntan contra China y sus planes de convertirse en la próxima superpotencia en el mundo. Y se desenvuelve en colusión en las diversas instancias multilaterales, tales como el G20 en Argentina y el APEC que se realizará en noviembre de 2019 en nuestro país. Allí se coluden contra nosotros, conspiran para aumentar la extracción de plusvalía (trabajo no remunerado) a los pueblos del mundo y para intentar frenar la rebelión de las masas ante sus planes.  

Economía imperialista por el suelo

En los últimos años, junto con el frenazo en la Bolsa de valores de Wall Street, cayeron los índices de producción industrial. Todo esto muestra que lejos de estar superada la crisis del 2008, más bien esta se vuelve a repetir, pero sobre una situación cada vez más crítica, ya que a los efectos de la crisis anterior se van sumando los actuales. En ese contexto, las bolsas chinas arrancaron la semana con caídas de hasta 1,41%, mientras que el cobre sufrió una dura caída en la Bolsa de Metales de Londres. La llamada “guerra comercial” entre China y EE.UU., de naturaleza arancelaria, consiste en el cobro de más altos aranceles para el ingreso de productos a la economía. China, cabe recordar, es el principal socio comercial de Chile y mayor consumidor de cobre del planeta. Si el 2008 no afecto más a Chile fue porque los chinos siguieron comprando cobre (datos de El Pulso).

Por otra parte, el entrelazamiento y fusión entre el Estado y los monopolios imperialistas es mayor. Se habla de puerta giratoria ante funcionarios que pasan de empresas estatales a no estatales y a la inversa. Si Obama representaba “el negro bueno”, Trump encarna “al gringo loco”, diferentes versiones de un mismo plan. Trump no es un loco que anda suelto, pues este miserable responde a las necesidades del imperialismo, que lo requiere más aun en el contexto de caída y recesión. Trump y la “guerra comercial” son parte de los síntomas de la descomposición de este sistema caduco llamado imperialismo.

Lenin señaló en la víspera de la Revolución Rusa de 1917: “Porque la gran importancia de toda crisis consiste en que pone al descubierto lo oculto, deja de lado lo convencional, lo superficial y mezquino, barre la escoria política y revela los verdaderos resortes de la lucha política que se libra en general”.

Revolución, tendencia histórica y política principal

El imperialismo vive una de las peores crisis de su historia como parte de su crisis general, crisis de sobreproducción (insoluble bajo el capitalismo) y agudiza todas las contradicciones  fundamentales de la época en el mundo. Las masas se levantan, los pueblos se organizan y la tendencia principal e histórica de la revolución se muestra en mayor organización y luchas conjuntas que se elevan y preparan los saltos cualitativos por venir. 

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