Crisis al interior de la Francia imperialista

Internacional, publicada en Periódico El Pueblo n° 77 (Enero, 2019)

El 23 de diciembre, París y las grandes ciudades francesas fueron escenario de la 6ta jornada de protesta, llevada a cabo por el movimiento de los Chalecos Amarillos, quienes desde el 17 de noviembre se han opuesto férreamente a la arremetida antipopular del primer ministro Macron. Lo que comenzó por demandas económicas se transformó rápidamente en un gigantesco levantamiento del proletariado y pueblo francés, que exige la renuncia de Macron y critica duramente a todo el sistema político, el parlamento y la democracia burguesa.

El alza en el precio de los combustibles y el anuncio de rebaja tributaria a las grandes empresas fue la chispa que incendió la pradera. El movimiento de protesta comenzó en el periurbano y las zonas rurales de Francia. ¿Por qué? Porque es ahí donde reside la mayoría de las masas populares francesas, que deben gastar enormes cantidades de dinero en combustible para movilizarse y trabajar. El 6 de diciembre, Macron se vio obligado a suspender el alza en la tarifa. No obstante ese triunfo, el movimiento continúa con cada vez más fuerza.

En el mundo actual, la principal contradicción es entre las naciones oprimidas y el imperialismo. Sin embargo, al interior de las potencias imperialistas la contradicción principal es entre el proletariado y la burguesía, ya que en estos países sí existe capitalismo, gran industria y madurez del proletariado industrial como clase social. La imagen que intentan mostrar los medios monopólicos de comunicación respecto a la “civilizada” vida al interior del “mundo desarrollado” ha quedado en el piso. El imperialismo, fase última del capitalismo, está en profunda crisis y Francia, potencia que mantiene bajo su dominio a una serie de colonias y semicolonias, está sufriendo en terreno propio las consecuencias de sus guerras de agresión. ¡Y cómo ha quedado demostrado! Cientos de miles de obreros, pobladores y jóvenes se han arrojado a la calle a emplear la necesaria y legítima violencia revolucionaria: barricadas, neumáticos y vehículos ardiendo; bloqueo de calles, autopistas y bencineras; palos, piedras, molotov y fuegos artificiales han nublado el paisaje francés, verdadera tormenta de la cual saldrá victoriosa el proletariado en la medida que su más alta organización, el auténtico Partido Comunista, lucha por legitimarse ante las masas y encabezarlas hacia la revolución socialista a través de una guerra popular prolongada.

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