Medidores Inteligentes: Nuevo saqueo a nuestros bolsillos

Por Francisco Vera, ingeniero eléctrico

El mercado eléctrico tiene la apariencia de un negocio regulado, donde supuestamente las empresas no pueden obtener mayores ganancias que las estipuladas en las normativas. Sin embargo, ello no ocurre.

De acuerdo a las reglas impuestas por el gerenciamiento militar en 1982, estas empresas no pueden obtener más de un 10% de utilidades[1]. Sin embargo, sólo durante 2016, el sector eléctrico generó cerca de un 16% de ganancias, desplazando al rentable negocio de la banca (15%)[2]. ¿Cómo sucede esto?

Mil millones de dólares a los bolsillos monopólicos

Cada cuatro años, para determinar cuánto deben pagar los chilenos por el consumo de electricidad, la Comisión Nacional de Energía encarga un estudio millonario donde se determina una empresa modelo que opera con altos índices de eficiencia. Este modelo representa 2/3 del precio[3]. El otro tercio lo imponen las distribuidoras entregando informes de gastos de operación más elevados para favorecer sus intereses.

Para el cálculo del precio de la electricidad se consideran los costos fijos (administración, facturación, atención cliente) y costos de inversión, más una tasa de actualización (utilidad) del 6% al 14%[4]. Con la inyección de 1.000 millones de dólares estadounidenses (USD) expoliadas de los bolsillos del pueblo, estas empresas monopólicas se están asegurando como mínimo ¡60 millones de dólares (41 mil millones de pesos) de ganancias.!

Imposición de precios

Para fijar el costo del medidor, la Comisión Nacional de Energía pagó un estudio millonario a la empresa Inecon (la misma que se adjudicó por más de USD $600 millones el estudio tarifario 2016-2020), quién tomó la información que le entregaron las propias empresas eléctricas para elaborar su informe. No hubo licitación ni estudio de mercado. El nuevo decreto tarifario se publicó en septiembre de 2018 entre gallos y medianoche.

Sin embargo, a finales del 2016 ya se habían instalado 256 mil unidades a cargo de las distribuidoras. Claudio Insunza, subgerente de Grandes Clientes de Enel Distribución, indicó en ese instante que el costo de los medidores inteligentes fluctuaba entre USD $50 y USD $70 por unidad ($34.000 a $47.000 pesos chilenos). El precio que hoy se cobra al consumidor es de USD $130 a USD $166[5] ($88.000 a $113.000 pesos chilenos). Ello quiere decir que en dos años, el mismo medidor aumentó a casi tres veces su precio.  ¡Una verdadera usura!

Hasta principios del 2018, el 70% de los medidores eran propiedad de los usuarios. Los usuarios podían cotizar y comprar el más económico, enviarlos a calibrar y solicitar su instalación en la distribuidora.

Sólo cuatro empresas concentran el 97% del mercado, sumando 6,2 millones de clientes.  Si estos más de 6 millones de clientes pagaran los $113.000 pesos chilenos que cuesta un medidor realizarían (o mejor dicho, ya realizaron) un traspaso de más de 702 mil millones de pesos, ¡70 veces más que el mega pozo sorteado por Loto en febrero del 2019!.

Son los más pobres los que proporcionalmente se verán más afectados por los aumentos tarifarios derivados del arriendo del medidor inteligente y de las diferencias de lecturas producto de la nula mantención y descalibración de sus medidores antiguos.

Monopolio de los medidores inteligentes

Dentro de los principales proveedores de medidores inteligentes se encuentra  Enel, que tiene su propio medidor y Aclara, un proveedor estadounidense mundial[6].

Negocio redondo

El medidor de Enel Distribución es fabricado y distribuido por la empresa italiana “e-distribuzione SpA”, perteneciente al mismo Grupo Enel.  Así, La venta a sobreprecio beneficia a la empresa que importa los medidores inteligentes y las que lo instalan. Este sobreprecio es sostenido por los bolsillos del pueblo, quienes terminan pagándolo en su cuenta mensual. Se configura un vicio similar a las universidades sin fines de lucro, que utilizan a inmobiliarias relacionadas que arriendan salas y dependencias a sobreprecio para aumentar el valor de los aranceles que pagan los estudiantes.

Para complicar aún más la red de empresas relacionadas, una de las encargadas de la certificación del correcto funcionamiento de los medidores es CAM, subcontratista de cuadrillas de terreno para las empresas eléctricas.

¿Quiénes se están llenando los bolsillos con nuestro dinero?

CGE, ENEL, SAESA y CHILQUINTA concentran el 97% de los clientes forzosos. El mayor de ellos es CGE con cerca de 3 millones de clientes (43%). Esta empresa de capitales españoles tiene presencia en 13 de las 16 regiones de nuestro país.

La segunda mayor empresa es la Ítalo-Holandesa ENEL con cerca de 2 millones de clientes (29%) y presencia en la Región Metropolitana de Santiago bajo el nombre de ENEL, ELECTRICA COLINA en la provincia de Chacabuco y LUZANDES, en la zona de Farellones.

Tercera en la lista está el grupo SAESA de capitales canadienses con 850 mil clientes (13%) en el sur del país y controladoras de FRONTEL, LUZOSORNO y EDELAYSEN.

Finalmente, CHILQUINTA, dueña a su vez de EDECSA/EMELCA en Casablanca, Compañía Eléctrica Litoral en las costas de la zona central, LUZLINARES y LUZPARRAL en el sur del país concentran otros 700 mil clientes forzosos (11%).

Quienes por ahora escapan a los tentáculos monopólicos son las cooperativas eléctricas fundadas en los años 50′ y 60′ y que se mantienen hasta el día de hoy. Entregan electricidad principalmente a los habitantes de comunas rurales, tales como la Cooperativa Eléctrica de Nuble, Cooperativa Regional Eléctrica Llanquihue, Cooperativa Eléctrica Los Ángeles, Cooperativa de Consumo de Energía Eléctrica Charrúa (provincia del Bíobio), Cooperativa Eléctrica Curicó, Cooperativa Eléctrica Paillaco, Cooperativa Rural Eléctrica Río Bueno y Cooperativa de Abastecimiento de Energía Eléctrica Socoroma (Putre). Otro caso fuera del alcance de los monopolios extranjeros se encuentra en la Municipalidad de Tiltil, que posee más de 3 mil clientes.

Los medidores “inteligentes” son un ejemplo más que todo lo que toca la avaricia monopólica es un verdadero pulpo de miles de tentáculos pero todos al final sirven a saquear los bolsillo del pueblo, y con particular crudeza los escasos recursos materiales de los más pobres. Pero lo que ellos desestiman es la ley histórica de la rebelión, que se enciende con cada manotazo que nos dan.


[1] DFL1, 13 Sep 1982. Artículo 106.

[2] Economía y Negocios. 1 de abril de 2017.

[3] DFL1, 13 Sep 1982. Artículo 107.

[4] DFL1, 13 Sep 1982. Artículo 106.

[5] Considerando 6 millones de medidores al 2025 y una inversión de USD 1.000 millones.

[6] Según un estudio de CIPER Chile.

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