Su horizonte político: aportar al pueblo mapuche

Publicado en la edición impresa n° 80 de Periódico El Pueblo (mayo, 2019).

Nos encontramos en el festival Rapa Makewe y dentro de los casi 60 puestos que hay, 5 de estos son particularmente distintos al resto. Se tratan de puestos sociales, brindados a aquellas causas u organizaciones mapuche que necesitan financiamiento para continuar con su lucha. Esta vez entrevistamos al Lov Peleko.

¿Qué es el Lov Peleko?

Es una recuperación de tierras de 100 hectáreas que estaban en manos de la Iglesia católica, a 10 minutos de Cañete, la cual fue recuperada por la vía del weichán (lucha), sin negociaciones, hace un año y dos meses aproximadamente. El plan estratégico que estamos desarrollando para ejercer un control territorial busca evadir el papeleo y centrarse en los hechos. Para nosotros eso se puede expresar a través del desarrollo de la agricultura, la ganadería y la cultura, lo que se traduce en el trigo, las papas y las arvejas que hemos sembrado; las ovejas y las vacas que están en el territorio y las ceremonias espirituales que ya hemos desarrollado dentro del lov.

¿Qué significa lov?

En mapudungún significa la estructura social mapuche, en donde se agrupan las familias, toman decisiones, defienden y delimitan territorios específicos. La “comunidad” es un termino implantado por la Conadi para poder regular la devolución de tierras a los mapuche, pero este modo de organización social debe contar con presidente, secretario, tesorero, relación de cuentas semestrales al Estado y un sinfin de elementos ajenos a la cultura propia del mapuche.

Fotografía tomada de Radio Kurruf.

¿Cuáles son las motivaciones para recuperar el territorio?

Es una idea con la que crecemos desde niños, además que el pueblo mapuche va teniendo más oportunidades con la evolución de la sociedad, tanto económicas, como educacionales. Además, también se ha visto un fortalecimiento del movimiento mapuche, planteando ideas fundamentales, como por ejemplo en su momento hizo la Coordinadora Arauco-Malleco como símbolo del movimiento: anticapitalismo, recuperación territorial, control territorial y recuperación cultural, lo cual servía como una línea que nos empujaba, sin importar donde nos encontremos, a ir recuperando tierras de manos de los grandes latifundistas y de las empresas que amenazan nuestro territorio. Entonces, en Peleko se suscribe esta idea y la defendemos como propia, más allá que no lo sea originalmente, ya que son las ideas de una nación en su conjunto.

¿Qué clase de autonomía tienen? 

Sobre todo, alimenticia y económica, ya que el territorio contaba con extracción de agua potable y de regadío, además del tendido eléctrico. Ahora bien, estos elementos los ocupamos a favor de nuestra lucha, además de no pagar cuentas de ningún tipo.

Cuando hablamos de lucha no nos referimos únicamente a la que estamos dando al interior de nuestro lov, ya que la idea no es aislarnos en nuestro territorio y hablar de autonomía, porque nuestro horizonte político es aportar al movimiento mapuche. Bajo esa misma lógica, la luz nos ayuda a generar trawunes y talleres, la infraestructura que recuperamos nos ayuda a generar escuelas o en la formación mapuche, también para hacer atenciones sanitarias o de salud mapuche, y el agua, nos ayuda en nuestra vida en general, ya sea en lo cotidiano, en agricultura o en la ganadería, etc. Entendemos que el concepto de autonomía no es una realidad en la actualidad, sino un proceso en el cual estamos avanzando, para que, en 20 o 30 años más, podamos hablar de una autonomía total, desde el agua, hasta, por qué no, la energía que ocupemos.

¿Qué problemas han tenido que sortear?

El problema más grande que hemos tenido que sortear ha sido, por una parte, la cultura colonizadora del patrón de fundo, que incluso ha afectado a nuestro pueblo, creando sectores que no reivindican el weichán como método de actuar, tipificándolo de violento, terrorista o ladrón, cuando realmente el lov viene a trabajar el bosque nativo, trabajar la tierra, defender las aguas, por lo que, más que destrucción, como ellos dicen, generamos un aporte significativo al lugar. Y, por otro lado, aterrizar nuestros ideales en hechos tangibles, pues es ahí donde aparecen nuestras propias trabas capitalistas. Por ejemplo, el cultivar individual o colectivamente, preferir la propiedad privada o la propiedad colectiva, seguir reproduciendo el monocultivo, que nos va a dar dinero, o hacemos una reforestación nativa para que se abran los cursos de agua y aparezcan los alimentos. Este tipo de contradicciones son las que se viven día a día en este tipo de levantamientos.

¿Han tenido problemas con latifundistas en el territorio?

Sí, nosotros somos parte de diferentes comunidades que están luchando. Territorialmente pertenecemos al sector lafkenche (los mapuches que viven y desarrollan su sociedad y cultura en territorios del mar). Este sector hoy en día se enmarca en una franja lafkenche, la cual se extiende desde Sara de Lebu hasta Tirúa, en donde hay distintas expresiones de comunidades y procesos de recuperación que se alzan en disconformidad por como los gobernadores de Chile imponen y llevan la vida.

Dentro de esta franja existen experiencias de luchas históricas, tales como la del Lleulleu, en donde hubo una lucha de más de 15 años para que hoy en día su rivera esté controlada casi en su totalidad por familias, comunidades y lov mapuches. Como resultado, el Lleulleu actualmente es uno de los lagos más limpios del continente, lo que nosotros reivindicamos como un triunfo político y no como algo al azar, ya que es fruto de la lucha y resistencia, por ejemplo, contra las forestales que ensucian drásticamente los lagos, contra los latifundistas, que no ven al agua como un hermano al que respetar, por lo que ensucian con sus lachas, combustibles, etc. Contra Contulmo, también, que es una ciudad en las cercanías, la cual vive sin tomar conciencia de sus desechos, ni adónde van.

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