Mapuche, publicada en la edición n° 81 de Periódico El Pueblo (junio, 2019).

Fe de erratas: La imagen que acompaña este artículo en su versión impresa corresponde a una actividad que realizó el alcalde de la comuna de Alto Biobío, Nivaldo Piñaleo, «contra el proyecto de la carretera hídrica». Este sujeto ha amedrentado a las comunidades que están en resistencia y en los hechos ha demostrado no estar junto al pueblo mapuche-pewenche, sino que es un traidor (yanacona).
Asumimos completamente el error de asociar una imagen que no corresponde y tomamos la posición de las comunidades en lucha. 

La Carretera Hídrica es un costoso megaproyecto concesionado, perteneciente a la Corporación Reguemos Chile, del burgués y latifundista chileno Juan Sutil. Esta busca transportar agua desde la Región de Bío Bío (Alto Bío Bío) hacia la Región de Atacama y a través de este proyecto, el viejo Estado busca resolver el problema de la sequía, ocasionado por el saqueo que la gran burguesía (estatal y privada) ha llevado a cabo en el Norte, mediante la extracción minera y agroindustrial.

Sin embargo, esta carretera se construirá a  costa del ecosistema de la Cordillera de los Andes, en el río Queuco, perteneciente al territorio mapuche-pewenche que tiene desarrollada una alta resistencia en contra de las forestales e hidroeléctricas ubicadas en el sector, además, de avanzados procesos de recuperación territorial.

El proyecto plantea como objetivo “potenciar la industria agroalimentaria”, lo que no es otra cosa que profundizar el carácter dependiente de nuestro país. Al contrario de la demagógica propaganda, la mega inversión no busca beneficiar a los pequeños productores agrícolas ni campesinos pobres, sino que seguirá favoreciendo a los grandes latifundistas que concentran grandes propiedades de tierra, generando monopolios en la agricultura y también en la ganadería, ya que son los grupos que más gastan y abusan del agua para sus producciones.

Toda la economía chilena, al igual que las demás naciones oprimidas, se basa en la exportación de sus materias primas, ya sean de la agricultura o de la minería. El fomento por parte del Estado en estas áreas radica en el interés de perpetuar el estancamiento en las relaciones sociales de producción, que en el área laboral se expresan en la precariedad, informalidad y explotación de obreros y campesinos (y/o temporeros), que son aquellos que realizan dichas tareas. Todo ello para el saqueo de los recursos naturales, en favor de los planes imperialistas.

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