¡Organicémonos para luchar por la tierra!

Conmemoración, publicado en edición impresa n° 81 (junio, 2019).

Hastiados de los abusos y dirigidos por Juan Segundo Leiva Tapia, el miércoles 27 de junio de 1934 centenares de campesinos, mapuche-pehuenche, obreros y colonos armados de palos y piedras, iniciaron el asalto a los fundos de Ránquil, Nitrito y Rahue. Del enfrentamiento con los dueños de fundos y sus fieles servidores resultaron varios muertos y numerosos heridos.

Asaltaron las pulperías, que era un vil sistema utilizado para estrujar hasta el último centavo de las masas. Los rebeldes avanzaron liberando territorio e impulsando a los inquilinos de fundos vecinos a la sublevación, atacaron un retén de la policía. Las fuerzas policiales locales fueron rebasadas.

Las formas de lucha que utilizaron eran propias de los montoneros de la región fronteriza: eran en apariencia desordenadas, pero detrás de las acciones había un calculado plan dirigido a crear la máxima conmoción con un mínimo de víctimas. Se difundieron rumores que estremecían de terror a sus enemigos. Esta estrategia buscaba impedir que los enemigos evaluaran el estado de las fuerzas combatientes para que no lograran penetrar los círculos de resistencia.

En una segunda fase buscaron hacer sentir la presencia de su fuerza armada sobre los centros poblados. Se propusieron como objetivo sitiar el pueblo de Lonquimay. Acamparon a 10 kilómetros en un lugar llamado la Junta, sector de confluencia de los ríos Biobío y Lonquimay. En las fuentes se habla de 600 hombres dispuestos en esa oportunidad. Se dice que el contingente original de sublevados fue engrosado por los mineros de los lavaderos de oro de Nevería y Lolen. Con anterioridad, activistas obreros de la Federación Obrera de Chile (FOCH) habían realizado trabajo de agitación y propaganda para unir a las masas a la lucha.

El levantamiento fue duramente reprimido en los siguientes días, baste señalar que es la primera vez que volaron aviones en esa zona. El director general de Carabineros de la época, Humberto Arriagada, el de la Policía de Investigaciones, junto al ministro del interior dirigieron la persecución y el aplastamiento del movimiento.

Un levantamiento con dirección proletaria

Juan Segundo Leiva Tapia fue el líder del movimiento y era profesor y militante del Partido Comunista (PC). Se desconoce el momento exacto en que Juan Segundo Leiva se liga al PC. Se sabe que participó de reuniones de la FOCH, de eventos internacionales y que fue relegado a la isla Melinka en 1933. Algunos contemporáneos señalan que fue en su época estudiante del Pedagógico. Cuando después de su relegación, la prensa local le pregunta por el ingreso del Sindicato Agrícola de Lonquimay a la FOCH, Juan Leiva explica: “el ingreso del Sindicato Agrícola Lonquimay a la FOCH y mi participación en la directiva es justa y legitima alianza entre campesinos y obreros para defenderse de esos dos poderosos aliados que estrangulan la clase trabajadora de la ciudad y del campo: el capitalismo extranjero (yanqui, inglés, japonés, alemán, etc.) y el latifundio feudal burgués”.

En esa época el Partido Comunista, junto a la Federación Obrera de Chile, gozaban de gran prestigio entre las masas. El PC había sido fundado en 1922 como sección de la Internacional Comunista por Luis Emilio Recabarren, había crecido y tenía amplia influencia en diversos sectores de masas. Su justa línea política, trazada por su fundador, su lucha por ponerse a la cabeza de la lucha de las masas en la defensa de sus intereses y por ende la persecución del viejo Estado, le hicieron ganarse el reconocimiento del pueblo. No había partido más importante entre la clase obrera en este período.

En la década de los 30’, la dirección del PC se hace la autocrítica determinando que se debían aumentar los esfuerzos por organizar la lucha por la tierra. Gracias a las enseñanzas de la Internacional Comunista comprendieron que la revolución que requería nuestro país era una Revolución Agraria y Antimperialista, única capaz de resolver el problema nacional (sometimiento del gobierno a los intereses del imperialismo, principalmente yanqui) y el problema de la tierra (la existencia del latifundio y la opresión al campesinado) en nuestro país.

El sector del PC que dirigió el Levantamiento de Ránquil enarboló y encarnó el programa y la lucha por la Revolución Agraria y Antiimperialista y desarrolló la lucha por la tierra de las masas, hasta llevarlas a la lucha por la conquista del poder. La traición del ala derecha dentro del PC, que luego toma la dirección de éste, quiso echar tierra sobre este gran levantamiento, pero la verdad de clase se abre camino, aunque éste sea sinuoso.

El Levantamiento de Ránquil es un hecho histórico que se debe seguir investigando y develando, con el único y principal objetivo de aplicar sus más grandes lecciones.

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