¿Por qué debemos solidarizar con él ante la agresión yanqui?

El pueblo venezolano vale más que su petróleo

Editorial, publicada en la edición n° 81 de Periódico El Pueblo (junio, 2019).

Venezuela es una nación oprimida de Latinoamérica y al igual que nosotros es un semicolonia sometida, principalmente, al imperialismo yanqui. Su pueblo tiene enormes riquezas naturales y su gente lucha cada día por producir el sustento, para llevar el pan a su mesa. En nuestro país viven más de doscientos ochenta mil venezolanos, la mayoría de los cuales han venido arrancando de la peor crisis de la historia reciente en el caribeño país.

En la prensa monopólica chilena podemos escuchar que la culpa es del gobierno de Nicolás Maduro. Y por su parte, Nicolás Maduro señala que la culpa es de los imperialistas yanquis. Lo cierto es que hay una pequeña parte de verdad en esas dos afirmaciones.

La actual crisis refleja que el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, levantado por Chávez y Maduro, no trajo socialismo, no resolvió los problemas fundamentales de las masas, sino al contrario, profundizó más la dependencia de Venezuela hacia el imperialismo. La economía venezolana se basa en la mono extracción de petróleo, del cual el 65% se va a EE.UU y la única refinería estatal de Venezuela está en tierra norteamericana. Además, los bonos soberanos que emite el gobierno bolivariano van a engordar el sistema financiero yanqui, principalmente a nombre de la petrolera estatal PDVSA. Por ello, Trump ha podido bloquear los pagos y la línea de crédito a PDVSA.

Sin embargo, hoy es una gran y principal verdad que el plan de agresión imperialista yanqui encabezado por el archirreaccionario Trump busca sacar fuera del juego a imperialistas competidores, tal como lo son el ruso y el chino, imponer un gobierno títere como la marioneta de Juan Guaidó o cualquier otro, apoderarse del petróleo y esclavizar al pueblo convirtiendo a Venezuela en una colonia.

Por ello, hoy la situación política de Venezuela entró en fase de preparación de resistencia nacional contra la agresión imperialista yanqui. La principal tarea que se impone hoy a Venezuela es tratar de evitar el peligro de capitulación por parte del gobierno, expresado en su tendencia al compromiso, rechazando cualquier política de acuerdo con los yanquis, puesto que estos últimos nunca buscan negociar en condición de igualdad, sino sacar suculentas tajadas e imponerse sobre el resto. Al contrario, lo que corresponde es impulsar la necesaria movilización y organización del pueblo en armas para luchar por la independencia nacional, la soberanía y la integridad del territorio. EE.UU. tiene el mismo viejo plan imperialista: crear disturbios y desestabilizar tal como lo hizo en Siria, Libia,  Ucrania, Irak, Afganistán, entre otros. Nada bueno para el pueblo trae la agresión yanqui, que pretende un saqueo total de las riquezas de Venezuela para paliar su crisis.    

Siguiendo lo planteado por el sitio Asociación Nueva Democracia Alemania, el imperialismo yanqui trama contra Venezuela una guerra de baja intensidad, en la cual utilizan medios militares y no militares, contribuyendo a la conmoción y la desestabilización política. Uno de los actos de guerra son los apagones como ataques electromagnéticos al sistema de inteligencia que coordina la producción eléctrica nacional,  mientras algunas industrias también han sido saboteadas. Los disturbios generados por los yanquis pretenden generar opinión pública favorable a un golpe de Estado. En caso de fallar, los imperialistas pasarán a la invasión del país a través de grupos armados lacayos, elevando la guerra hasta los medios tradicionales si es necesario. (http://vnd-peru.blogspot.com/)

Sin embargo, para los revolucionarios el imperialismo es un coloso con pies de barro, es un tigre de papel. ¡Claro!, es un tigre armado hasta los dientes, pero se arma porque los fundamentos de su existencia es la más cruenta explotación y por ello es débil, pues es totalmente injusto, reaccionario y contrario a los deseos de las masas que quieren ser felices y vivir en paz, cuestión que el imperialismo jamás nos podrá ofrecer mientras exista y no sea golpeado en el suelo hasta desaparecer y quedar añejo en los libros de historia.

Por ello, y ante las amenazas vociferantes de este moribundo que no caerá solo, es importante comprender y no olvidar que en las guerras las armas no son lo decisivo, sino el hombre, la masa. Y la estrategia militar superior sólo puede nacer de una lucha justa. Por tanto nos corresponde solidarizar, todos los demócratas y revolucionarios consecuentes, las amplias masas que ansían vivir en paz y que no quieren la esclavitud debemos trabajar por unirnos y combatir el plan imperialista, principalmente yanqui, que pretende arrebatar la independencia, la soberanía y la dignidad nacional de Venezuela, pues luego vendrá el resto de Latinoamérica y hasta su fin pugnará por la hegemonía mundial.

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