Contundente repudio a la falsa Consulta Indígena

Mapuche, Periódico El Pueblo 82 (julio, 2019).

Rechazo absoluto a lo largo de Chile generó la farsa de la Consulta Indígena levantada por el gobierno de Piñera y el conglomerado Chile Vamos, cuyo objetivo es legitimar la depredación de las tierras ancestrales, ricas en trabajo, cultura y tradición de lucha. Esta medida se encuentra estrechamente relacionada con el Plan Impulso Araucanía que busca imponerse en el Wallmapu, el cual tiene como objetivo aplastar al pueblo mapuche y reimpulsar el capitalismo burocrático en la región “desarrollando el turismo, la agricultura y las energías renovables”.

El 22 de mayo partió la Consulta Indígena, proceso que busca embaucar a los pueblos en Chile, disfrazándose a sí misma como una modificación de los derechos establecidos en la Ley Indígena 19.253, que establece la prohibición de venta de tierras indígenas a personas no indígenas. Sin embargo, esta maniobra es sólo un intento burocrático de eliminar estas limitaciones, y así validar a toda costa las sucias prácticas que intenta realizar el gobierno de beneficiar a los grandes burgueses y latifundistas, dándoles la opción a los grandes propietarios y viejo Estado chileno, de arrendar y comprar las tierras que hoy se encuentran en manos de las comunidades, territorios o Lof.

Esta consulta es una nueva arremetida que busca despojar completamente al pueblo mapuche de sus ya reducidas tierras, producto de la expansión iniciada el siglo XIX por el Estado burocrático-terrateniente, pero manteniéndolo atado a la zona, para que deban obligatoriamente trabajar en las nuevas “formas de desarrollo”.

La Consulta Indígena busca aparentar que impulsa el libre mercado en territorio mapuche, pero la realidad es que con ello solo buscan engrosar el monopolio ya existente y dejar a las familias sólo la propiedad de un huerto y la casa. Esto significa aumentar el cerco forestal y latifundista en general sobre los distintos lof, cuestión que se expresa claramente en el paisaje del Biobío hacia el sur.

Consulta a la medida del latifundio

Las medidas que busca conseguir la Consulta, no sólo impactarán en el despojo de la tierra al pueblo mapuche, sino que también ha sido muy repudiada por las comunidades en torno a la contaminación de la Ñuke Mapu (Madre Tierra), cuestión que también moviliza a las masas populares en diversos puntos de Chile.

Por otro lado, esta farsa busca invisibilizar la histórica demanda del pueblo mapuche de autodeterminación, reforzando la opresión nacional que viven en sus territorios ancestrales.

El movimiento contra la Consulta Indígena a lo largo del territorio nacional

El ala más avanzada del movimiento se encargó de denunciar las prácticas burocráticas de ciertas comunidades que se prestaban a validar la nefasta Consulta Indígena.  A pesar de ello, el proceso no pudo realizarse debido a las  movilizaciones, la falta de quórum o la petición de que los consultores se retiraran del lugar.

En territorios más movilizados el gobierno intentó infiltrarse, ya que antes del comienzo de la Consulta no se habían informado los puntos ni la forma en que se discutiría. El werkén de la Comunidad Autónoma Temucuicui, Jaime Huenchullán  denunció las prácticas reaccionarias que ha tenido el proceso, al relatar los testimonios de pu peñi y lamngen de Padre Las Casas, quienes fueron citados a una  supuesta “capacitación”, pero al momento de presentarse al lugar se dieron cuenta que realmente iban engañados a la Consulta Indígena.

El viejo Estado, sin consideración de cómo toma decisiones cada pueblo, ha buscado imponer sus procesos burocráticos sobre la autonomía de éstos. Para  validar su fracaso ante la población, ocupa a soldados y militantes del conglomerado Chile Vamos con ascendencia mapuche, replicando estas viejas prácticas cuando se veían sin quórum en sus reuniones.

El panorama de rechazo a la Consulta incluye Coñaripe, Panguipulli, Aysén, Coyhaique, Tirúa, Biobío, La Araucanía, Valdivia, Chiloé (principalmente en Chonchi, Queilén, Puqueldón, Quellón, Quinchao, Ancud y Quemchi), así como también Tarapacá, Arica, Antofagasta, Maule, O´Higgins, entre otros territorios. Ante tamaña farsa se unificó el descontento de los pueblos mapuche, licanantay, quechua, diaguita y aymará. Es decir, el rechazo se replica a lo largo de todo el territorio nacional.

El Estado no cumple sus propios tratados

Las consultas indígenas se encuentran establecidas en el Convenio 169 (tratado internacional de Derechos Humanos sobre los Pueblos Indígenas) de la OIT y se definen como “derecho a consultar de los pueblos indígenas ante las medidas legislativas y/o administrativas susceptibles de afectarlos directamente”. Sin embargo, el viejo Estado en su afán por enriquecer a monopolios y latifundistas ni siquiera es capaz de respetar los propios tratados que firma.

Así, según el Convenio 169, la consulta debe cumplir ciertos requisitos a la hora de realizarse. Por ejemplo, debe estar informada previamente, se debe efectuar a través de una metodología acorde al pueblo en cuestión, debe ser realizada a autoridades u organizaciones que representen al pueblo consultado y fundamentalmente, debe ser realizada de buena fe, sin dobles intenciones.

Sin embargo, la Consulta Indígena no ha emanado de los pueblos originarios, por lo que viene a representar únicamente el interés del gobierno en despojar las tierras ancestrales.

Todas estas exigencias no han sido cumplidas por el viejo Estado chileno.  Se lavan la boca con el principio de Buena Fe, pero éste jamás ha existido en esta Consulta, ya que la modificación a la Ley 19.253, al igual que el Plan Impulso Araucanía, busca concentrar la propiedad de la tierra para fortalecer al monopolio al servicio del imperialismo, ya sea forestal, minero u otro.

De tal modo, el viejo Estado busca evolucionar el capitalismo burocrático fortaleciendo a la gran burguesía compradora y marginando al latifundio de viejo cuño, con el fin de obtener mejores beneficios en la depredación del terreno ancestral.

A nunca olvidar que este tipo de medidas son sólo herramientas burocráticas del viejo Estado para validar sus prácticas opresoras.  Saludamos el contundente rechazo a la consulta indígena. El exito de la movilización de los pueblos demuestra cuánto hay de unidad en su lucha contra el latifundio

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