Luchadores mapuche les dejan grandes enseñanzas de kimvn y newen

Arte y cultura, Periódico El Pueblo 82 (julio, 2019).

El martes 4 de junio viajamos desde Santiago a Collipulli junto a “Bencho”, del grupo de rap Mutantestyle. Al mismo tiempo, “Ilustrado”, también de los Mutante, tomó un bus desde Puerto Montt a Collipulli. El miércoles visitaríamos a los ocho presos políticos mapuche en la cárcel de Angol (PPM), que nos dejarían imborrables lecciones de newen (fortaleza) y kimvn (sabiduría).

Compromiso de los raperos

Con los raperos nos habíamos conocido un mes antes, en un festival de Hip Hop en Peñalolén. Ahí levanté la vista al escenario cuando escuché letras sobre unidad del pueblo, resistencia y revolución. Me acerqué y les entregué ejemplares del periódico de mayo. Les comenté que los PPM de Angol estaban recibiendo visitas masivas los miércoles, sábado y domingo. Ellos, sin dudar, grabaron un video de saludo y dijeron que sería un honor visitarlos.

La visita sería a las 10:00. A pasos de la entrada les pregunté qué esperaban lograr con ésta. Dijeron que se acercarían para escuchar sus experiencias de lucha, que esta visita sería un golpe anímico y espiritual y que esperaban poner al servicio de los presos mapuche sus 16 años de oficio como comunicadores sociales, como “obreros del papel”. Por último, me comentan que ejercer este oficio les permitiría dar ánimo dentro de la cárcel y que afuera sus letras sirven a elevar la conciencia social de las masas. Gendarmería nos revisó a la rápida y nos dejó entrar, pero no permitieron ingresar el parlante, los micrófonos ni el pendrive con las pistas. ¡Qué se podía esperar de los guardianes del latifundio! Bencho e Ilustrado dijeron “esto no nos detendrá, cantaremos igual”.

Al interior de la cárcel

Llenos de ánimo ingresamos. Había familias conversando, unas 40 personas tomando mate y trigo tostado, comiendo sopaipillas y carne. Había mujeres cocinando y niños en el salón. De los ocho presos, sólo tres se encuentran condenados. Los otros cinco están en prisión preventiva. Así funciona la justicia, a los mapuche les dan prisión preventiva por tiempos prolongados, sin importar si son inocentes o culpables. Por eso muchos cumplen largas prisiones preventivas y después del juicio son absueltos. Sabiendo esto, ellos toman la prisión política como parte de la lucha y desde adentro cumplen tareas de difusión, contándonos algo de su historia:

Sinecio Huenchullán es el más joven ahí. Tiene 21 años, está privado de libertad desde los 19 y es decidido: el año pasado enfrentó a seis gendarmes con todo su ímpetu e indignación. Estando como preso común, vio que gendarmería reprimió en una visita masiva con disparos y les lanzó bombas lacrimógenas a las familias que estaban adentro. Entre seis uniformados no pudieron detener su justa rebelión, así que lo balearon en sus piernas. La incapacidad y falta de argumento fueron resueltas con terror, gas y fuego. Luego de su defensa, Sinecio fue incorporado a la sección de presos políticos. Me pregunto, ¿cuántos mapuche más se encuentran invisibilizados como presos comunes?

Dos juicios tiene Víctor Llanquileo en su contra. Uno en Lautaro, otro en Cañete. En el primero, la fiscalía pide 40 años de cárcel; en el segundo, 20. Llanquileo alega montajes para criminalizar a los mapuche que defienden la tierra.

Hablamos con dos de los hermanos Queipul de Temucuicui; uno en prisión preventiva, José Queipul, llegó baleado hace poco. Afortunadamente, la bala atravesó su pierna, sin alojarse y no comprometió sus huesos. Su recuperación será en dos meses, dice. El hermano, Juan Pedro Queipul, es mayor por cinco años y es el que más pronto saldrá de prisión. Me habla de que le han ofrecido otra vida en la ciudad, pero él sabe que la lucha continúa ahí en su tierra. El viejo Estado le ha ofrecido migajas que él rechaza, como salidas dominicales en las que queda libre a medianoche. ¿Cómo podría él hacer cumplir su beneficio sin ser una carga para su familia, que se encuentra lejos en el campo?

La dignidad de los presos se expresa también en su decisión de no recibir alimentación del Estado enemigo.

Sergio Levinao es quien lleva más años en la cárcel de Angol. Es un joven padre de tres pequeñas niñas, condenado a 15 años de prisión. Es activo en la recepción de visitas que solidarizan con los ppm.

Cerca de las 15:00 nos agradecen compartir y se prepara el paso a la presentación de Mutantestyle. A capella, sin pista musical, los raperos sólo tienen su voz y su convicción. Cantan una canción que lleva por nombre “Abya Yala”, o como nombraban algunas culturas originarias al continente antes de la colonia, y luego “Machete”, que habla de la defensa de la tierra de los pueblos americanos. Con sus letras y su disposición a hacerlo igual sin dejarse desanimar por el impedimento de gendarmería, ellos muestran su compromiso constante con el pueblo, que persiste en sus 16 años de música con contenido social.

Evaluación de la jornada

Nos vamos con la moral a tope. Al salir, me cuentan que se van con el corazón lleno, por la fortaleza y entereza de los presos organizados. Sorprendidos de que la impresión inicial de que entregarían ánimo fue justo lo contrario, ¡los presos nos dejan llenos de ánimo! No los observamos derrotados por estar en cárcel, sino que asumen que la prisión es parte de la larga lucha, son las tácticas del enemigo y no por estar ahí han dejado de cumplir tareas. Hoy siguen en pie con la frente en alto.

Los raperos asumen el compromiso de difundir las historias que conocieron en la visita a la cárcel de Angol e implementar en sus próximas letras la experiencia desde esta trinchera. Sus próximos pasos los llevan a México, donde estarán de gira acercándose también a comunidades campesinas que defienden la tierra en ese punto de Latinoamérica, continuando su noble oficio que sirve a las luchas del pueblo.

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