Dos colinas se divisan y enfrentan en el país

Editorial, Periódico El Pueblo 82 (julio, 2019).

Isaías tiene diez meses y sentado en su coche observa a su madre cocinar en el barro, recuerda que tiene hambre y comienza a llorar. La madre apura la tarea, lo sienta y lo alimenta, mira a su alrededor y observa las casas que se levantan al ritmo de martillazos de pobladores y apoyadores que, en una toma de terreno ubicada en la zona poniente de Santiago luchan por un presente mejor. Las cifras oficiales señalan que el déficit de vivienda afecta a 2,2 millones de personas, pero sin duda las cifras se quedan cortas.

En la colina del pueblo, los docentes de todo el país llegan a Santiago a denunciar escuelas insalubres. Los obreros portuarios denuncian acuerdos incumplidos, los trabajadores de la salud se movilizan ante el fracaso de un sistema que no sana a sus enfermos y más encima busca exprimir hasta el último peso de los ya escuálidos bolsillos. Estos son algunos ejemplos de nuestra situación como pueblo. Mención aparte son las protestas contra la falsa consulta indígena en el norte, centro y sur del país, que refleja el descrédito a las posibles intenciones de inclusión y participación del viejo Estado. La mayoría de las masas mapuche saben que no es más que un tongo del Estado para imponer sus proyectos de saqueo a la tierra y a los pueblos.

Por otro lado, en la colina de los explotadores y la reacción, el gobierno de Piñera que dirige este viejo Estado desarrolla la ofensiva de tendencia fascista en la comuna de Santiago con la Ley de Aula Segura, que persigue a los secundarios movilizados. La prensa monopólica burguesa cumple su papel condenando la violencia cuando viene del pueblo y justificándola cuando viene del Estado, evidenciando su carácter de clase y a quienes sirven. De ellos el pueblo no espera nada, aunque algunos busquen aparecer en esos medios para figurar o por su afán de aspirar a cargos en el viejo Estado, preguntándose “si el Frente Amplio logró sus sillones, ¿por qué nosotros no?.

Es tanta la podredumbre que hasta un ex comandante en jefe del ejército es acusado de malversación de fondos fiscales y no cesan las acusaciones cruzadas de corrupción entre fiscales de Rancagua. La crisis del capitalismo burocrático que existe en Chile y el resto de semicolonias del mundo se expresa en todos los ámbitos: económico, político  e ideológico. 

La descomposición de este sistema, la prueba de su fracaso y hundimiento inevitable en la historia se refleja en que cada vez más sectores del pueblo logran ver la contradicción entre el carácter del viejo Estado (que defiende los intereses de imperialistas, latifundistas y grandes burgueses) y las masas. Claramente las masas van reconociendo que las diferencias entre el gobierno y “oposición” son totalmente secundarias y lo principal es aquello que los une. Tanto gobierno como “oposición” están en total descrédito.

Dicha crisis a nivel nacional está en consonancia con la crisis general del imperialismo yanqui que ya anticipa su próxima recesión económica. Pese a la pugna con otros imperialistas, su carácter hegemónico se constata en el predominio de su poderío militar a nivel global, así como del sistema financiero de EE.UU. y su bolsa en Nueva York, siendo el dólar la moneda mundial que predomina en el comercio internacional.

Y así como en Chile, también los pueblos del mundo se rebelan. Destacamos la exitosa demostración de fuerzas del proletariado brasileño, que logró sumar a 45 millones de personas en el ensayo de Huelga de Resistencia Nacional. Trabajadores de la producción, servicios, transporte y comercio pararon y protestaron para demostrar su total repudio a la Reforma Previsional y Laboral del gobierno brasileño, dirigido por Bolsonaro y las Altas Fuerzas Armadas de ese país.

Movilizaciones en más de 350 ciudades del gigante latinoamericano fue la expresión de rechazo a medidas que sólo benefician a los bancos explotadores y arrancan derechos a los productores y verdaderos sostenedores de la economía: los trabajadores del campo y la ciudad. Esta movilización también fue un tapaboca a los que no creen en la capacidad de organización y disposición de lucha de las masas populares. Como señaló el Periódico A Nova Democracia “fue respuesta a quienes solo apuestan a los estrechos límites de la legalidad y la manipulación electorera pues temen encender el volcán de resentimientos represados por este sistema en que viven las masas.”  

Estas posiciones oportunistas, temerosas y pesimistas también están presentes en sectores del movimiento popular chileno, pero como ya anunciara el gran marxista Federico Engels, debajo de esa costra late el hermoso y heroico magma del pueblo hondo y profundo. Tal como la madre de Isaías que lucha por vencer el frio y la lluvia, tal como quienes se atreven a desbordar la legalidad y enfrentan la represión. Tal como todos los que luchan a diario por conquistar la vida digna que late en los ojos del pequeño Isaías.

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