¡Si ellos imponen explotación, las masas gritan rebelión!

Editorial, Periódico El Pueblo 83 (agosto, 2019).

En todas las ediciones señalamos las diferentes luchas que da nuestro pueblo. Esto lo hacemos con el fin de mostrar que hoy la tendencia histórica y política principal es la revolución. Hemos dicho “nos falta tinta” para dar cuenta -junto a los otros medios independientes y populares-, todas las luchas que sostenidamente viene dando nuestro pueblo.

Por supuesto, asumimos esta tarea en oposición a la prensa burguesa y latifundista, donde los protagonistas de sus páginas son los más ricos explotadores y opresores. Esta prensa monopólica sirve a la tarea de hacernos creer que este capitalismo sometido a los grandes capitales extranjeros, este capitalismo burocrático, es la única forma de economía que podemos tener. ¡Burdas mentiras! Su podrido sistema se cae a pedazos y cada vez más amplias masas con sus luchas van evidenciando esto. Y si bien avanza esta tendencia, lo hace oponiéndose a la vieja sociedad que se niega a morir, cuyos cabecillas cumplen tareas contrarevolucionarias.

Si la tendencia histórica y política principal es la revolución como afirmamos, esto engendra su opuesto, la contrarevolución. En esta lucha entre revolución y contrarrevolución, las clases dominantes tienen tres tareas contrarevolucionarias principales: reimpulsar el capitalismo burocrático, reestructurar el viejo Estado, y conjurar el proceso en que se desenvuelve la revolución.

Matte y las tareas de la contrarevolución

Veamos cómo entiende estas tareas uno de los principales dirigentes de la gran burguesía compradora, Bernardo Larraín Matte, del magnate Grupo Matte, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), organización que agrupa a los grandes grupos económicos. Larrain Matte ha venido asumiendo un rol protagónico en el debate actual, ya que la lucha popular lo ha hecho “salir del pedestal” y ha debido mostrar más abiertamente su pensamiento reaccionario,  asumiendo tareas directamente en vez de delegarlas a sus rancios funcionarios .

Por ejemplo, el 4 de marzo de 2018 reconocía: “Cuando la OCDE dice que la situación actual no es dramática, yo creo que es cierto, pero lo que es complejo, y también lo dice la propia OCDE, es que se ha ido deteriorando en el tiempo”, precisó, asegurando que si el nivel de deterioro continúa, en cuatro o cinco años la situación sí será preocupante”. Esto es parte de reconocer la necesidad de reimpulsar el capitalismo burocrático debido a su crisis.

Mientras que el 6 de junio de este año se pronunciaba en un evento de la SOFOFA: “Lo que sorprende no es la existencia de una diversidad de causas e intereses en torno a la discusión sobre el desarrollo, propias de una sociedad moderna, sino que a ratos se confunda eso con los grupos interesados solo en crispar el ambiente y avivar la indignación; cuyo efecto concreto es paralizar proyectos y emprendimientos, sin diferenciar según estándares medioambientales y sociales”. Allí expresa la tercera tarea,  frenar la revolución.

En relación a la necesidad de reestructurar al viejo Estado, plantea: “¿Cuánto pierde la economía del país, y en especial sus ciudadanos, con cada proyecto paralizado porque sus méritos terminaron cediendo frente al panfleto o la consigna; o con la absurda burocracia que ahoga el emprendimiento y la voluntad de surgir; o leyes que hacen imposible generar más empleo o transferir beneficios concretos a la comunidad?”.

A lo anterior agrega: “La complejidad regulatoria y el mal funcionamiento de nuestro Estado facilita la permeabilidad de las instituciones y de la política a esos grupos”. Matte termina criticando en sus intervenciones de prensa la implementación del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental SEIA, proponiendo flexibilización de la jornada laboral, que hemos explicado en la edición anterior (EP n° 82, julio de 2019) como el corazón de la Reforma Laboral de Piñera y aboga por poner término a la indemnización por años de servicio, otra sentida demanda popular. 

Si bien buscaran cumplir estas tareas para defender sus intereses, se les seguirán oponiendo en forma creciente la acción del pueblo y los crispadores. Luis Emilio Recabarren ya sostenía en 1920: “Cuando no haya agitadores ¡qué gloria para los explotadores y pulmoneros! ¡Qué gloria para taberneros y embaucadores del pueblo! Cuando no haya agitadores, los obreros, ciudadanos chilenos, tendrán que trabajar más explotados que hoy con “guasqueros” a su lado y cargados de opresión y de andrajos. Cuando no haya agitadores reinará la llamada paz varsoviana, porque cada pulmonero se habrá asegurado la sumisión y mansedumbre de sus pobres víctimas sometidas a su cruel explotación”.

Si sostenemos que es una ley el principio “donde hay opresión, hay rebelión”, entonces a buenahora surgirán miles de agitadores/crispadores que defiendan el derecho del pueblo a vivir el presente y el futuro que se merecen como los verdaderos creadores de toda la riqueza.

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