Lecciones de una larga lucha de cincuenta días

Educación, Periódico El Pueblo 83 (agosto, 2019).

El paro docente duró cincuenta días, desde el 3 de junio hasta el martes 23 de julio. Fueron intensos días de movilización de los trabajadores/as de la educación de todo el país, que pese al servilismo respecto al gobierno de la dirigencia oportunista del Colegio de Profesores, un importante sector, por concebir de esta manera el movimiento, se replegó por una cuestión táctica, rechazando las migajas del viejo Estado para preparar la próxima batalla.

Las demandas de los trabajadores de la educación se agrupan en diez y vienen siendo impulsadas por el Colegio de Profesores. Entre ellas están el pago de la deuda histórica, agobio laboral, estabilidad laboral, igualdad de trato a todos los trabajadores de la educación, fin a la doble evaluación docente, entre otras.

Pese a ser demandas justas de los profesores, no se incluyeron en la movilización demandas contra la oleada represiva que ha impulsado el gobierno, mediante la Ley Aula Segura y su paladín reaccionario, el alcalde Alessandri de Santiago. Este es el aspecto políticamente atrasado del movimiento docente.

Profesores con disposición desbordaron al oportunismo

Junto con las formas tradicionales de movilización, se desarrolló en el movimiento un sector que elevó los métodos de lucha, tanto espontáneamente como con mayor grado de organización. Una expresión de esto es la entrega de una carta a la Seremi Provincial, acción que se transforma en la ocupación del espacio. Esta toma fue rápidamente reprimida por el viejo Estado y su policía, lo que desató un sentimiento de indignación aún mayor al verse directa e injustamente reprimidos con agua putrefacta y lacrimógenas, granadas lanzadas directamente al cuerpo.

Luego de este primer encuentro directo con la policía, el ánimo y la moral de los docentes se fortalece. Así, continuaron desarrollándose acciones más elevadas en audacia, tales como subirse a colgar carteles en alguna avenida concurrida, la toma de noticieros centrales en manifestaciones afuera del canal, cortes de calle con barricadas e incluso el corte de la autopista Vespucio Norte. Toda esta disposición a la lucha intentó ser saboteada de manera permanente por la dirección del Colegio de Profesores Regional, que convocaba a actividades en el bandejón de la Alameda, llamando al pacifismo y debilitando el movimiento.

Necesidad de avanzar a formas más combativas

Durante la movilización, los trabajadores/as de la educación llevaron adelante masivas marchas, canciones y parodias, coreografías, todo lo cual tiene el aspecto positivo de unir y generar simpatía entre varios sectores de la población.

Sin embargo, los mismos trabajadores reconocen que estas formas de lucha son insuficientes. Una docente del Comunal Estación Central nos dice “si el movimiento hubiese tenido acciones más decididas y más combativas desde un principio, quizás hubiese durado el mismo tiempo, pero los resultados hubiese sido mejores. Esta es una lección comentada para la próxima movilización. Las bases debemos impulsar sobrepasando a las dirigencias en todos los niveles y marcando la pauta. (…) Que la dirigencia pudiese quitar el foco y tergiversar todo intento de movilización más radical acá, en este regional… También le quita seriedad en cierto sentido: estamos levantando demandas históricas y aparecemos bailando…”.

Mineduc y dirigencia oportunista: distinto nombre para un mismo fin

Como siempre, durante la movilización el viejo Estado como siempre demostró el desprecio hacia las demandas de los trabajadores/as de la educación, echando mano a la vieja táctica de propagandizar “las clases que se perdieron”, buscando oponer a masas contra masas.

Con ello, la ministra Cubillos (UDI) logró ganarse el odio de todo el movimiento, siendo desenmascarada como una mujer arrogante, tozuda, canalla, fiel delfín y representante de los intereses de la gran burguesía, los terratenientes y el imperialismo. Jamás ha sido una real preocupación para ellos la educación del pueblo. Sólo les preocupa continuar profundizando las dos puñaladas que ésta recibió en los años 80’: la falsa libertad de enseñanza y la descentralización de la educación, además de impulsar medidas fascistas como “Aula Segura”. Con todo esto y más buscan golpear lo poco que resta de educación pública.

Aquí cabe destacar el papel que jugó la propia dirigencia del Colegio de Profesores, cuando en medio de la movilización, el 8 de julio, llamó abiertamente a las bases a deponer el paro y tomar los ofrecimientos del gobierno, apuntando a burocratizar el movimiento con comisiones parlamentarias y proyectos de ley. Luego de este llamado y pese a rechazar la propuesta del gobierno, la movilización entró en su última fase. Como se ve, este duro golpe no vino desde el gobierno, sino desde el interior del mismo movimiento, lo que deja en evidencia el papel que juega el oportunismo en la lucha de las masas.

Lecciones del movimiento

Pese a que no se alcanzaron las conquistas más importantes, sabemos que cuando ocurren movilizaciones, las masas que en ella participaron nunca quedan igual, pues algo se transforma dentro. Si bien esta movilización fue particularmente larga, docentes destacan una de las sensaciones que les quedó: “sentimos que en parte hemos recuperado la dignidad del profesorado; el hecho de haber rechazado la última respuesta del Mineduc, de haber decidido deponer el paro sin sus migajas es algo nuevo”.

La dirigencia oportunista, pese a la insistencia en burocratizar la lucha, fue resistida por las bases a bajar la movilización y se les forzó a hacer una última consulta donde las opciones no incluían aceptar las migajas del viejo Estado. Asimismo, se desenmascaró el actuar corrupto del revisionismo (falso P“C”), que con los dichos de Jaime Gajardo, quien mostrando su servilismo a los explotadores, buscó generar divisiones dentro del movimiento, ad-portas de un año electoral. Sin embargo, este fue barrido por las masas, siendo desenmascarado públicamente en las asambleas comunales.

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