Somos antiimperialistas porque somos revolucionarios:

Editorial, Periódico El Pueblo n° 85 (octubre, 2019).

El día 16 y 17 de noviembre se realizará en nuestro país el foro APEC (Asian Pacific Economic Cooperation), que agrupa a 21 países. En esta organización mundial aparecen revueltos los países imperialistas y las naciones oprimidas, pero muy bien sabemos que, a pesar de las apariencias de igualdad que quieran mostrar, las decisiones las imponen los países con más poderío político, militar y económico. En este contexto, diversas organizaciones están llamando con justeza a oponerse y denunciar sus repudiables intereses. ¿Por qué?, porque solo benefician a un mezquino puñado de los más grandes ricos del mundo, que no vacilan en hacer guerras, causar destrucción al medio ambiente e intoxicar a niños, mujeres y hombres –como en Quintero-Puchuncaví-, para lograr su corte de cupón, cobrar su jugoso cheque rentista (sin sudar) y vivir como “reyes” a costa de las condiciones de vida de los pueblos del mundo.

Por eso es necesaria la tarea de desenmascarar la verdad que oculta su incentivo a la Inversión Extranjera Directa (IED), que en realidad no es más que la forma de hacer negocios con nuestros recursos naturales (le dicen “commodities”), es decir, el saqueo de lo nuestro –léase pensiones, mares, ríos, trabajo, entre otros-. También hay que quitar la careta de la cacareada “liberación de los mercados”, que no es más que la mayor desregulación posible para imponer en los hechos SUS términos en la contratación de mano de obra súper explotada, pago de ridículos impuestos y leyes ambientales de cartón que le den rienda suelta a su explotación.

El APEC, así como varios otros tratados o acuerdos multilaterales imperialistas (COP 25, TPP-11, por ejemplo) no nos traen ningún beneficio como pueblo.  En la coyuntura de octubre y noviembre, luchar contra el APEC es luchar contra el imperialismo, principalmente el yanqui, puesto que es la superpotencia única hegemónica actual que oprime a la mayoría de los pueblos del mundo.

Sin embargo, como magistralmente explicó José Carlos Mariátegui, obrero fundador del Partido Comunista del Perú: “en nuestros países el factor clasista es más decisivo” (Punto de vista antiimperialista, junio de 1929). Claro, porque un antiimperialismo consecuente exige una posición clasista y esta posición no puede venir más que de la defensa de los intereses y la misión histórica de la clase obrera.

En nuestro país la clase obrera vive en las poblaciones de las grandes ciudades y cada día construye la riqueza que se sirven otros grandes ricachones, sudándola en las mineras, los salmones, las forestales, los puertos y todo tipo de transportes y por cierto en la construcción. Aunque se le quiera negar, la clase obrera crea todos los días y a cada hora. Los antiimperialistas consecuentes deben bregar por la alianza obrera-campesina, tanto en campo como en ciudad, porque la revolución requiere fortalecer esa alianza indispensable para barrer con el atraso existente en nuestro país de la enorme concentración de capital, tierra y agua.

Una firme posición antiimperialista debe partir de la posición de clase proletaria, uniendo a todos los posibles de unir bajo la línea clasista que trabajen y luchen por la revolución democrática nacional en camino al socialismo y al comunismo.

De ese camino hay mucho avanzado: Alejandro Castro, dirigente de Quintero asesinado por defender la vida y salud de los pobladores, denunciando al “capitalismo salvaje”. Situación similar es la de Macarena Valdés, asesinada en la zona de Panguipulli. Sus rostros se multiplican por nuestro país; pobladores y campesinos de Petorca protestando por la sequía, que muy bien decían “no es sequía, es saqueo”; las masas denunciando el robo de las AFP (que se va a la banca yanqui); los obreros del salmón contra el imperialismo noruego y, sin duda, el heroico pueblo mapuche que resiste el avance forestal, cuyos principales dueños, Matte y Angellini, son sanguinarios colaboradores sometidos del imperialismo. Todas esas luchas y otras muchas más por la tierra, el trabajo, la vida y también las luchas en el plano ideológico, que exigen por ejemplo la enseñanza de las lecciones de la historia, o las mejoras de las condiciones de la enseñanza, llevan el germen, el latido del antiimperialismo. Sentimiento que con propaganda, conversatorios y sobre todo acciones de protesta de las masas haremos crecer, siempre y cuando sepamos tomar el camino de la línea de clase, de la clase proletaria.

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