Este viernes 18 de octubre las estaciones de metro amanecieron por segundo día custodiadas por fuerzas especiales de la policía. La red de transporte subterráneo que utilizan diariamente millones de personas en la capital tiene el precio más caro del mundo, y la policía armada con escopetas antimotines estaba ahí con una clara misión: impedir la evasión del pago del pasaje, resguardar los intereses del gran capital, esto es, resguardar la sacrosanta propiedad privada. Era una imagen indignante que no dejaba indiferente a nadie que la veía.

La nueva alza del transporte público venía levantando protestas desde hace unas semanas, primero impulsadas por estudiantes secundarios, pero sumando a pobladores y trabajadores en general en los últimos días.

Este nuevo aumento del costo del transporte se suma al alza sostenida del costo de vida, de la energía eléctrica, de los combustibles, al encarecimiento de la salud, la educación y a las pensiones de hambre, al robo de agua a los campesinos pobres y el robo de tierras al pueblo mapuche. Es rabia por ver cómo la situación del pueblo contrasta con el incremento sostenido de las ganancias de las grandes empresas del capital burocrático e imperialista. Ganancias abismales que no les bastan y pretenden seguir incrementando con aumento de las cotizaciones de pensiones, flexibilidad laboral y ajustes tributarios que reduzcan aún más los impuestos al gran capital y carguen el costo fiscal aún más sobre el pueblo.

Las masas han perdido el miedo. Durante todo el día los policías apostados para resguardar la sacrosanta propiedad privada son insultados en la cara por las masas. Durante este día las protestas se incrementaron en forma sostenida y hacia el final de la tarde la capital está paralizada por la protesta popular. Al bajar la noche en las poblaciones y hasta en los barrios de capas medias resuenan latas y cacerolas en protesta y arden llamas de barricadas en gran parte de la ciudad.

Las masas que se levantan con más rabia son las de las comunas más populosas. En las plaza de Maipú y Puente Alto jóvenes y trabajadores de todas las edades se unen para combatir a la policía hasta hacerlas retroceder. En Puente Alto la policía se ve sobrepasada y deben retornar con fuertes refuerzos para sostener sus posiciones. En Maipú es incendiada una caseta de la policía y deben utilizar sus fuerzas aeropoliciales junto a efectivos apostados en los techos de McDonalds como francotiradores contra las masas. Es una imagen simbólica de la situación.

La única intervención pública del gobierno durante la tarde fue para reafirmar su irrestricta defensa de la propiedad privada.

El Ministro del Interior anuncia el uso de la Ley de Seguridad Interior del Estado contra los manifestantes. Significativo y decidor: deben defender el Estado reaccionario de Chile de la amenaza que le significa el propio pueblo de Chile.

Toda esta jornada y las protestas que crecen durante la noche son verdadero ejemplo de la explosividad de las masas, que sigue creciendo. ¡Que viva la protesta popular! ¡La Rebelión se justifica!

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