Imagen: Frente Fotográfico

El 4 de octubre el Ministerio de Transporte anunció un alza de $30 en la tarifa del Metro. Este nuevo aumento del costo del transporte se sumó al alza sostenida del costo de vida, de la energía eléctrica, de los combustibles, al encarecimiento de la salud, la educación y a las pensiones de hambre, al robo de agua a los campesinos pobres y el robo de tierras al pueblo mapuche, incrementando la rabia por ver cómo el empeoramiento de las condiciones de vida del pueblo contrasta con el incremento sostenido de las ganancias de las grandes empresas del capital burocrático e imperialista. Ganancias abismales que no les bastan y todavía pretenden seguir incrementando con aumento de las cotizaciones de pensiones, flexibilidad laboral y ajustes tributarios que reduzcan aún más los impuestos al gran capital y carguen el costo fiscal aún más sobre el pueblo. Esos 30 pesos fueron la chispa que incendió una pradera seca.

Los albores de la gran revuelta que remeció Chile

La semana del 14 de octubre se inició con protesta. Los estudiantes secundarios de la capital llamaban a evadir el pago del pasaje de Metro y se organizaban para acudir en masa a protestar a las estaciones evadiendo el pago del pasaje desde la semana anterior.
Día tras día pudimos ver a una creciente cantidad de masas participando de la protesta, bajo la consigna “¡evadir, no pagar, otra forma de luchar!”.
La respuesta de las autoridades fue reguardar las estaciones con gran número de efectivos de Carabineros, armados con escopetas antidisturbios e incluso llegaron a cerrar algunas estaciones utilizadas por gran cantidad de pasajeros, lo cual sólo aumentó la adhesión de las masas, hasta que el jueves ya hubo grandes grupos que terminaron por derribar las rejas que cerraban el acceso a las estaciones. La protesta de los estudiante ya se había tornado una protesta popular contra el alza de los pasajes que alcanzaba 830 pesos.
El día viernes 18, el llamado de los estudiantes fue a “¡evadir todo el día!”.
Por la mañana, los policías apostados para resguardar la sacrosanta propiedad privada enfrentaron sistemáticamente los insultos de las masas, que los increpaban en la cara por el papel que ahí estaban cumpliendo.
Durante el día, las protestas se incrementaron en forma sostenida y hacia el final de la tarde la capital estaba paralizada por la protesta popular. Las evaciones que impulsaban los estudiantes en forma coordinada sobrepasaron la capacidad de resguardar las estaciones y la empresa Metro decidió cerrar completamente las líneas 1, 2 y 6, obligando a cientos de miles de trabajadores a desplazarse en el transporte de superficie, colapsando el sistema y viéndose obligados, la gran mayoría, a caminar horas hasta sus hogares.
Esta medida desproporcionada, que buscaba proteger las ganancias de la empresa, fue la chispa que terminó por encender la rabia de toda la población trabajadora de Santiago, que se expresó en el apoyo mayoritario a la protesta mediante el toque de cacerolas y la participación en las diferentes acciones de protesta.
Durante toda esa tarde y la noche se multiplicaron los focos de enfrentamientos en distintos puntos de la capital hasta altas horas de la noche, dejando una veintena de estaciones de metro incendiadas.
Las masas que se levantan con más rabia son las de las comunas más populosas. En las plaza de Maipú y Puente Alto, jóvenes y trabajadores de todas las edades se unen para combatir a la policía hasta hacerlas retroceder. En Puente Alto la policía se ve sobrepasada y deben retornar con fuertes refuerzos para sostener sus posiciones. En Maipú es incendiada una caseta de la policía y deben utilizar sus fuerzas aeropoliciales junto a efectivos apostados en los techos de Mc Donald’s como francotiradores, disparando bombas lacromógenas contra las masas. Es una imagen simbólica de la situación.
Esa misma noche, el gobierno de Sebastián Piñera anuncia que se aplicará la Ley de Seguridad Interior del Estado a los participantes de las protestas y se decretará estado de emergencia para que los militares sean los encargados de resguardar la propiedad privada monopólica. De esta forma se aplicaba el máximo peso militar y judicial para proteger al Estado de Chile de la amenaza que le significa el propio pueblo de Chile.
El sábado 19, ya desde el medio día, se reanudaron las combativas protestas en toda la capital con cacerolazos multitudinarios que acompañaban a más acciones de protesta violenta. Ese mismo día se sumaron masivas protestas en otras ciudades de Chile, tanto en apoyo a la lucha de Santiago, como levantando sus propias demandas regionales.
Para el final de ese sábado de protesta se había impuesto el toque de queda y el pueblo de Chile se levantó con mayor violencia revolucionaria de masas en todas las principales ciudades del largo país.
Ya no eran los 30 pesos de alza en la tarifa de Metro: Valparaíso, La Serena, Concepción y otras muchas ciudades clamaban contra todo lo que han significado los 30 años de abuso y miseria, corrupción y migajas que han mantenido los llamados gobiernos “democráticos” tras la salida de la Junta Militar fascista encabezada por Pinochet.

¿Dónde provienen las medidas que el pueblo odia?

Desde la salida de Pinochet y la Junta Militar Fascista hace ya 30 años, los sucesivos gobiernos reaccionarios han seguido profundizando sistemáticamente las medidas del Consenso de Washington y sus resultados están a la vista de todos. La crisis sistemática en la salud pública, en vivienda, educación, las pensiones de hambre y el aumento sostenido del costo de vida fuerzan al endeudamiento y son una carga enorme sobre los hombros del 99% de la población. En el campo, el saqueo del agua en beneficio de empresas imperialistas y terratenientes mantiene a los pequeños y medianos campesinos en una situación crítica.
Durante estos 30 años el movimiento popular no ha dejado de luchar ni de hacer esfuerzos por reorganizarse, destacando en ello el movimiento mapuche por autonomía y recuperación de tierras. Pero el peso de las dirigencias oportunistas y revisionistas ha sido también una gran carga que sistemáticamente desvía el camino del pueblo hacia el pacifismo y la participación en este viejo Estado, aún cuando todas las instituciones del gobierno, Parlamento, Poder Judicial, Fuerzas Armadas, Carabineros y hasta la Iglesia han caído en completo descrédito a ojos de las masas.

Ni milicos ni balas detienen la lucha de las masas

En las horas previas al toque de queda del 19 de octubre fueron millones de personas que se alzaron en protesta en todas las principales ciudades del país. En cada calle importante, en cada población de Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco, La Serena y Coquimbo, las masas se lanzaron a las calles en grupos de varios cientos de personas. También en pueblos y ciudades pequeñas de la Región de O’Higgins, Aysén, Valdivia y en las principales carreteras se hicieron manifestaciones mediante cortes de rutas.
A pesar del toque de queda que comenzó a regir ese día, las masas se mantuvieron en las calles enfrentando con valentía y violencia revolucionaria a la cobardía del gobierno y su violencia reaccionaria. Se registraron centenares de saqueos a tiendas del capital monopólico. Los locales de la empresa imperialista Wallmart junto a otras cadenas monopolistas del retail y las farmacias fueron el principal blanco en esta segunda jornada. Los productos de las estanterías fueron recuperados y repartidos entre la población y decenas de locales resultaron quemados. Esa noche se informó de las primeras tres personas muertas en incendio en un supermercado de San Bernardo, cuyas autopsias confirmaron posteriorente que habían sido muertos por impactos de balas. Hay también otros dos heridos de bala por militares.
Con el pasar de los días el estado de emergencia comenzó a extenderse a toda la Región Metropolitana de Santiago e incluso a ciudades de otras regiones, tales como Valparaíso, Biobío, Coquimbo, Antofagasta, Rancagua y Valdivia. Los ministros de gobierno insisten en tildar a las masas de delincuentes y vándalos, para justificar con ello el estado de emergencia, el toque de queda y el aumento del contingente militar.
Junto con eso, comienzan a aplicar la política de masas contra masas y algunos dirigentes vecinales denuncian que “se aprovechan que en la población hay elementos desclasados, que siguen acciones impulsadas por civiles o mandados por civiles y actúan como fuerzas paramilitares atentando contra otros vecinos”. Además, buscan aplacar la protesta llamando a oponerse a la protesta violenta, al mismo tiempo que se despliega el cerco de las informaciones, mediante el bloqueo de las cuentas de redes sociales de algunas agrupaciones de la prensa alternativa.
Pero las masas ya han perdido el temor y se enfrentan con valentía a policías y militares, gritándoles en la cara su papel de asesinos del pueblo y continúan desafiándolos para reunirse a protestar. Incluso en los sectores más acomodados de Santiago, como es La Dehesa, se desarrollaban marchas de los pobres para enfrentar a la indignante opulencia de los ricos.

La violencia expresa su fuerza transformadora

A estas alturas hay una convicción de las masas que se expresa muy clara: en Chile no hay democracia y la policía y el ejército sólo está para defender la gran propiedad. El Estado y todas sus instituciones han profundizado su bancarrota, demostrando que son completamente inútiles para resolver las necesidades de la amplia mayoría de la población.
El sentir de un amplio sector es que el pueblo ha levantado su dignidad. Ya en la calle no se habla de “la gente”, ni “la ciudadanía” como lo hace la reacción. Se ha vuelto a llamar a sí mismo pueblo, con toda el magnífico significado de la palabra.
Y este pueblo ha vuelto a reconocer el potencial de su propia fuerza, tal como ha ocurrido recientemente en Perú, Brasil y Ecuador.
Tras el primer día de protesta el gobierno ya anunciaba que se revertiría inmediatamente el alza del transporte, pero ya era demasiado tarde y, en lugar de aplacar la protesta, aumentó al quedar en claro que habrían podido hacerlo mucho antes y que se quiere mucho más que eso. El mismo gobierno que antes había asegurado que “no se puede dejar sin efecto el alza”, finalmente sí podía hacerlo. El mismo gobierno en días posteriores dejó sin efecto el alza del precio de la luz en un 20%, después de que unos meses atrás los “expertos” aseveraban que esto “no se podía”.
En sólo dos días de protestas populares la violencia revolucionaria de las masas expresaba su fuerza transformadora.
Asimismo, en el sector de Putaendo, región de Valparaíso, donde el acaparamiento de agua por parte de los terratenientes y la gran minería ha arruinado a los pequeños campesinos, el río Aconcagua que estaba completamente seco hasta el viernes, amaneció el sábado con abundante agua luego de que la empresa Codelco abriera las compuertas. Los campesinos y organizaciones que vienen denunciando su situación con la consigna “no es sequía, es saqueo” atribuyen a las protestas urbanas el sorpresivo mejoramiento de su situación.
Con estos y otros inmumerables ejemplos las masas han comenzado a vivenciar la fuerza transformadora de la lucha popular violenta y el hipócrita podrido pacifismo promovido por la reacción, el oportunismo y el revisionismo suenan ahora como palabras vacías, por más que sean promovidas en todos los medios de la prensa reaccionaria y traten éstos de aparentar ser los defensores del descontento popular.
Con el pasar de los días la revuelta se ha extendido hasta alcanzar todo el país. Para el domingo 20 las protestas se expresaban en tal magnitud que se impuso el estado de excepción en prácticamente todo el país: Arica, Antofagasta, Calama, Tocopilla, Mejillones, Iquique, Alto Hospicio, La Serena, Coquimbo, Santiago, Valparaíso, Rancagua, Talca, Chillán, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt, Osorno y Punta Arenas se encontraban bajo control militar, que incluía toque de queda en todas las principales ciudades.

Guerra contra el pueblo

Tras una semana de protestas sostenidas, el domingo 27 el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) reportaba 3.193 personas detenidas y 1.092 heridos en hospitales, contando entre el 17 de octubre hasta el domingo 27. De estas detenciones, 549 fueron mujeres, 2.177 hombres y 343 niños, niñas y adolescentes. De ellos, son 437 las personas que han sido heridas por armas de fuego.
Asimismo, organizaciones de médicos informaron de 24 muertos durante las protestas, de los cuales, según INDH, 5 de ellos fueron asesinados a manos de las fuerzas de represión en La Serena, Maipú, Coquimbo, Talcahuano y Curicó. Especial repudio ha causado el caso del joven obrero soldador José Miguel Uribe, asesinado por un militar en Curicó por participar una protesta, en circunstancias que allí ni siquiera se encontraba en rigor el estado de excepción ni el toque de queda. Despierta también indignación la muerte de Alex Núñez Sandoval, como resultado de los severos golpes propinados por Carabineros en la protesta del domingo 20 en la comuna de Maipú.
Como resulta ya evidente, el Estado infringe hasta sus propias leyes y acuerdos internacionales en su esfuerzo por garantizar la defensa de la sacrosanta propiedad privada. Según fue expuesto ante el Senado por el abogado constitucionalista Jaime Bassa, el estado de emergencia decretado restringía las libertades de reunión y desplazamiento, pero no permitía a los militares realizar detenciones en lugares no autorizados ni realizar allanamientos en los hogares: “De facto, -ha expuesto el abogado- lo que estamos viendo es que la autoridad militar está actuando como si estuviéramos en Estado de sitio, sin ninguna habilitación normativa y sin ningún tipo de control”.
Las denuncias de abusos sexuales, violaciones y tortura hacia los detenidos se han acumulado en tal número que ya no pueden ser omitidos. Durante el miércoles 23 y tras recibir un recurso de amparo, el Juez de Garantía registró las dependencias de Metro Baquedano, en el subsuelo del principal punto de protesta de masas en Santiago, donde se encontraron elementos que concuerdan con el testimonio de un estudiante detenido que afirma que allí ha operado un centro de tortura junto a la comisaría de Carabineros. Los elementos allí encontrados coinciden con el relato de la denuncia y se dispuso un juez especial para investigar la causa.
La permanente impunidad cuando se trata de crímenes contra el pueblo se sigue evidenciando día a día, dejando en claro que para el Estado la propiedad vale más que la vida de las masas: un carabinero y un gendarme que fueron sorprendidos robando especies desde locales comerciales en Coronel han sido puestos en prisión preventiva, en tanto el militar que asesinó al obrero José Uribe en Curicó quedó en libertad con firma mensual, lo mismo que otro soldado que disparó a quemarropa a un hombre que ya había sido reducido en Concepción.
Nuestro pueblo ha conocido muchas veces en la historia este actuar de los gobiernos reaccionarios y sus fuerzas armadas y policiales. Hoy estos hechos se encuentran en plena coincidencia con los dichos de Sebastián Piñera, que declaró hace unos días que se concibe en guerra: es su guerra contra el pueblo. El gobierno y las fuerzas armadas una vez más se han manchado las manos con la sangre del pueblo pero éste, por más tiempo que pase, sabrá cobrar justicia.
De cara a las masas populares, aparece también cada vez más claro que el papel del ejército y la policía consiste en la defensa del gran capital y no en la protección de la población. Son innumerables las denuncias de las masas en las poblaciones de Santiago y regiones en relación con el papel que han tenido los efectivos de las Fuerzas Armadas y Carabineros en los saqueos e incendios -que se utilizan como argumento para criminalizar la protesta-, al mismo tiempo que estos mismos dejan en completa desprotección de las masas ante el actuar del lumpen. Frente a esto, han sido las mismas masas las que han debido organizarse para el propio cuidado de sus hogares y pequeños negocios pues, como nos ha dicho una pobladora en San Miguel, “ya no estamos seguros si carabineros está de nuestro lado o no”.
Los canales de televisión han sido también objeto de denuncias abiertas por su papel en la desinformación y criminalización de la protesta y se han realizado numerosas acciones de protesta en sus instalaciones, además que sus reporteros en terreno son encarados por parte de la masa que protesta.
Como resultado de esta acción conjunta contra el pueblo, las acciones de masas vienen mostrando que éstas se hacen cada vez más conscientes de quiénes son sus principales enemigos de clase.

Dispuestos a enfrentar la represión. Imagen: Frente Fotográfico .

El viejo Estado busca salida

Además del repudio a las fuerzas armadas y de orden, el Estado de emergencia y el toque de queda por sí solos expresan la debilidad de las instituciones políticas del viejo Estado. Gobierno y parlamento se han mostrado completamente incompetentes para responder a las demandas del pueblo y caen cada vez en más profundo descrédito a ojos de las masas.
Día a día se anuncian distintas medidas en su esfuerzo de aplacar las protestas, pero ninguna de ellas se acerca siquiera a tocar las causas profundas de la ira popular: la gran propiedad monopolista que que se incrementa a costa de la pobreza de la gran mayoría de los chilenos y la defensa irrenunciable que hacen de ésta tanto el gobierno como el parlamento y demás instituciones del viejo Estado.
En un intento por aplacar la protesta, hasta ahora se ha anunciado el congelamiento del alza de la tarifa de transporte, la reducción de las dietas parlamentarias y los sueldos de los ministros de Estado, mejoras de pensiones mínimas y salario mínimo, seguro de salud, rebaja en el precio de los medicamentos, mayores impuestos a las grandes fortunas, además de proyectos de ley para revertir el alza de energía eléctrica y la rebaja de la jornada laboral a 40 horas. Pero toda estas medidas se muestran completamente insuficientes.
Piñera y sus ministros pidieron “perdón” y expresaron su disposición a “un gran acuerdo nacional”, pero éstas son consideradas como expresiones hipócritas frente a los agravios sistemáticos contra el pueblo, pues al mismo tiempo siguen centrando sus discursos en la condena a la protesta y el llamado al restablecimiento del orden público, al tiempo que ha comenzado las conversaciones con todos los partidos de oposición y, al cierre de esta edición, se anunciaba un nuevo gabinete de ministros.
Por su parte, sectores del Frente Amplio y la ex Nueva Mayoría, por medio de las organizaciones sindicales y estudiantiles que controlan, vienen buscando canalizar la protesta por un cauce pacífico para centrar en la demanda de Asamblea Constituyente, apuntando en este esfuerzo a aislar al sector más combativo. En esto confluyen con los llamados desde el gobierno y los parlamentarios a “repudiar las acciones de violencia” y requerir que las propias masas realicen el trabajo policial en el control del lumpen y contra las expresiones de protesta violenta.
Sin embargo, los sectores más combativos de las masas siguen sobrepasando a los propios dirigentes y vienen adoptando nuevas formas de organización en medio de la lucha. Son muchos los que por primera vez se han hecho conscientes de la necesidad de desenvolver la autodefensa frente el actuar represivo, preparándose para el desarrollo de las movilizaciones en los días venideros dado que ante el refuerzo de los efectivos de ejército -que han iniciado incluso la movilización del personal de reserva- no se puede esperar nada sino más represión.

La revuelta popular no se detiene

A pesar de toda la represión y los esfuerzos del gobierno, la revuelta popular no ha perdido ímpetu.
Y a pesar de los denodados esfuerzos por aislar a los sectores más combativos de las masas, cada día aparecen nuevas acciones de protesta en distintas ciudades y pueblos del país. La juventud sigue movilizándose combativamente mientras el proletariado y otros sectores de trabajadores vienen adoptando otras variadas formas de lucha, desde manifestaciones con cacerolas, expresiones artísticas, concentraciones de masas que desafían el toque de queda, a acciones de lucha combativa.
El viernes 25 se convocó la marcha multitudinaria, que reunió a dos millones de personas en el centro de Santiago -una ciudad con una población de 7 millones- y más de un millón a lo largo del país.
Siguen creciendo también las organizaciones de apoyo a la protesta, tales como las brigadas de propaganda, los grupos de sanidad y el apoyo a los detenidos y las víctimas de represión.
Sobre esta amplia base de masas se ha extendido la protesta hasta localidades como Chañaral, Collipulli, Villa Alemana, El Huique y hasta en Isla de Pascua. También se han dado numerosas expresiones de solidaridad a nivel internacional en numerosos países de América Latina, Europa, Australia y Nueva Zelanda.
Las masas movilizadas reciben el apoyo de los presos políticos mapuche que expresan la unidad en las luchas del pueblo chileno y el pueblo mapuche.
En las asambleas estudiantiles, obreras y barriales, los sectores más conscientes del proletariado y el pueblo promueven la continuación de la protesta, al mismo tiempo que van advirtiendo del riesgo de que se repita el actuar de los dirigentes oportunistas y se termine transando la sangre del pueblo por cargos y puestos en este viejo Estado.
De parte de gran número de detenidos y heridos se enviaban por redes sociales llamados a proseguir la lucha y agudizar la protesta.
También se organiza la solidaridad activa frente a la detenciones selectivas de dirigentes estudiantiles de la ACES, CONES, miembros de la JJ.CC., dirigentes estudiantiles de Iquique y un dirigente poblacional de Lo Espejo que participó en una funa a una comisaría.
El desenlace de la protesta aún no se ve claro, pero se mantiene en alto la disposición a no dejarse doblegar. A ojos de muchos, las jornadas de octubre hacen cada vez más explícito el profundo significado de las consignas revolucionarias “las masas hacen la historia” y “la rebelión se justifica”.

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