“Ya no podemos volver a la normalidad, porque la ‘normalidad’ era el problema”

Por Comité de Redacción Periódico El Pueblo

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Entre las incontables consignas que han aflorado durante las jornadas de octubre, hay las que expresan la profunda sabiduría de las masas. Hay palabras de aliento a los que luchan, de rabia ante la opresión y de esperanza redoblada al hacerse testigos del potencial transformador de las masas cuando éstas se unen en contra de la opresión y la explotación. También ha aflorado una convicción profunda, que refleja un nuevo nivel de conciencia política en las masas movilizadas: “ya no podemos volver a la normalidad, porque la ‘normalidad’ era el problema”.

Las heroicas jornadas iniciadas el 18 y 19 de octubre remecieron esta vieja sociedad. Amplios sectores de nuestro pueblo se están forjando en esta lucha y, en cierta medida, las cosas ya no volverán a ser como antes. Pero para alcanzar los anhelos profundos que han aflorado durante esta gloriosa revuelta popular queda aún mucho camino hasta barrer con esa vieja ‘normalidad’ y construir los instrumentos que permitan al proletariado y el pueblo construir una nueva sociedad en beneficio de las amplias mayorías.
La extrema opresión y explotación que empujaron a cientos de miles de personas a una revuelta violenta y masiva tiene raíces muy profundas, y para ver sus intrincadas ramificaciones debemos mirar bastante lejos en la historia, así como también mucho más allá de las fronteras nacionales.

El destino común de los pueblos latinoamericanos

En su condición de país semicolonial y semifeudal, nuestro país comparte la misma suerte con todo el resto de países de Latinoamérica.
Durante las últimas cuatro décadas, en distintos momentos y mediante diversos mecanismos, en todos nuestros países se han impuesto las llamadas “reformas estructurales” establecidas por el Consenso de Washington. En Chile la Junta Militar Fascista de Pinochet fue pionera al imponerlas a sangre y fuego. Recortes del gasto fiscal, venta o desmantelamiento de empresas estatales, facilidades para el ingreso de la inversión imperialista, empeoramiento de las condiciones laborales y otras numerosas medidas antipopulares que profundizan la condición semicolonial de nuestros países se han venido implementando en forma desigual, pero de manera creciente, en toda Latinoamérica, sin excepción.
Los gobiernos de la facción compradora de la gran burguesía han impulsado e impulsan estas medidas en forma abierta, bajo las consignas de la “globalización” y “apertura al mercado mundial”. Los gobiernos de la facción burocrática, oponiéndose de palabra y utilizando incluso un discurso radical de la construcción de un “socialismo del siglo XXI”, sometieron de igual manera a sus pueblos al capital imperialista, disfrazando la deuda externa como “deuda soberana”, abriendo la extracción de materias primas a la inversión extranjera y sometiéndose en los hechos a las instituciones imperialistas: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio -todas bajo control del imperialismo estadounidense-, al tiempo que facilitan la penetración de otras potencias imperialistas como España, China, Rusia, Japón, Alemania, etc.
Cada vez que los gobiernos reaccionarios han introducido los “paquetazos” -que forman parte de los préstamos condicionados del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo- ha habido resistencia popular por la defensa de derechos y conquistas que fueron alcanzados con grandes luchas durante el siglo XX. Invariablemente también, estas heroicas luchas se han visto traicionadas por componendas impulsadas por aquellos elementos oportunistas que se montan sobre las luchas para ganar puestos en el viejo Estado.
Las últimas dos décadas han visto grandes levantamientos de masas que incluso han llevado a cambios de gobierno en distintos países. Claro ejemplo de esto son las revueltas de masas de Argentina en diciembre de 2001, que desestabilizó políticamente a la reacción hasta tumbar cinco gobiernos en forma consecutiva, pero sin impedir que las medidas de “ajuste estructural” se hayan seguido introduciendo por los sucesivos gobiernos hasta llevar a una situación extremadamente crítica al pueblo argentino en el momento actual.
Los pequeños períodos de crecimiento económico de las últimas décadas, sostenidos siempre por la subida global del precio de las materias primas, se han sucedido en crisis cada vez más profundas. A la crisis de 1998 le siguió la crisis iniciada en 2007-2008, de la cual aún no hay recuperación. Frente a esta profundización de la crisis general del imperialismo, los esfuerzos de recuperación actuales exigen mayor superexplotación de nuestros países y mayores garantías para el retorno de capitales hacia las metrópolis imperialistas, agravándose la situación de las masas durante la década presente. La ilusión de las décadas de “modernización” se ha esfumado: tras el boom del precio de las materias primas se rompió la cáscara de prosperidad y apareció la verdadera estructura de nuestras sociedades.
La agudización de la crisis económica hizo aparecer más nítida la crisis general de esta vieja sociedad y de todas las instituciones que la sostienen y defienden. Hay crisis política en las facciones compradora y burocrática, corrupción generalizada y desprestigio de todas las instituciones y partidos electoreros como una constante en toda Latinoamérica, incluidos los partidos oportunistas más numerosos como el PT en Brasil -con Lula a la cabeza- que durante los periodos de bonanza económica pudieron entregar algún “chorreo” y encantar a amplios sectores de masas de su país por un tiempo, hasta que la situación se hizo insostenible y explotó en protesta de masas durante 2013-2014.
Con el agravamiento de la crisis imperialista se agudizaron también las contradicciones del imperialismo yanqui con la facción burocrática encabezada primero por Chávez y hoy por Maduro en Venezuela. No conformes con aprovechar el petróleo barato, los yanquis exigen ahora la “privatización” de las empresas que se han mantenido como propiedad estatal y mayores facilidades para introducir sus capitales en el país, amenazando con la invasión del país para conseguirlo, pero la facción burocrática requiere mantener esas empresas bajo su control para sostener el clientelismo y resguardar sus propios privilegios.
Por su parte, la situación actual en Ecuador -que condujo también a una gran revuelta popular a inicios de octubre- se atizó precisamente por el sometimiento del gobierno de Lenin Moreno a los dictámenes yanqui a través del FMI. Hoy en Ecuador la reacción consiguió mantener el gobierno actual mediante las negociaciones con los llamados “movimientos sociales”, encabezados por los elementos oportunistas y reformistas dispuestos a desmovilizar la protesta de masas a cambio de frenar el aumento del precio de la gasolina, pero manteniendo inalterado el grueso de las medidas del “paquetazo”.
Frente a la ola de protestas populares en nuestro continente, el imperialismo y sus lacayos locales cuentan con el papel desmovilizador del oportunismo y el revisionismo en cada país mediante “negociaciones”, “mesas de diálogo” y “acuerdos de paz”, pero también se han venido preparando para la inevitable respuesta violenta de las masas. Ellos saben que tarde o temprano se va a dar. Por eso, al conjunto de medidas económicas opresivas les acompaña la medida política de centralización del poder en el ejecutivo en todos los países, con el consecuente refuerzo del aparato de represión del Estado.
Para ello se han destinado cuantiosos recursos para la “modernización” de los aparatos del Estado, especialmente los sistemas judiciales. Las policías y ejércitos entrenan a su oficialidad y los aparatos de represión en bases militares en distintos puntos de América Latina bajo las órdenes directas del Comando Sur de los Estados Unidos. En Chile es de público conocimiento que el “Comando Jungla” fue entrenado en las bases militares de Colombia para reprimir la lucha mapuche en La Araucanía y que la base de entrenamiento yanqui en Concón se utiliza desde hace años en la preparación de los efectivos para el combate contrainsurgente en ciudades, que ha sido puesto en práctica contra el pueblo en estos últimos días de estado de emergencia en las principales ciudades de nuestro país.
Todo debe ser tenido en cuenta como expresión de una situación revolucionaria en desarrollo, que se desenvuelve de manera desigual en los distintos países de América Latina, pero que se muestra presente en todos ellos: los de arriba ya no pueden seguir gobernando como lo han hecho hasta ahora, y los de abajo ya no queremos seguir siendo gobernados como lo hemos sido hasta ahora. Es expresión concreta de que la revolución es la tendencia histórica y política principal.
Esta situación revolucionaria en desarrollo se expresa en forma palpable en las revueltas populares de Ecuador y Chile. Se expresa también en la acciones de solidaridad de los pueblos latinoamericanos que se han manifestado en Perú, Colombia, Uruguay, Argentina y otros países, mostrando que más allá de los chovinismos nacionales impulsados por la reacción, existe un sentimiento de unidad basado en la convicción que compartimos la misma suerte y nuestras luchas deben unirse.

La lucha enseña

La lucha de clases nos ha dado una gran muestra de su vigencia. Las jornadas de lucha iniciadas el 18 de octubre han sido extremadamente aleccionadoras para amplios sectores del pueblo chileno.
En pocos días de lucha las masas se han educado en forma acelerada y aparece nítida una lección de trascendental importancia: nunca nada ha obtenido el pueblo por voluntad de los gobernantes, todo se conquista con lucha.
También va haciéndose más nítido que la unidad de la inmensa mayoría del pueblo chileno contra el gobierno archirreaccionario de Piñera expresa en realidad la agudización de la contradicción más profunda entre masas populares-gobierno reaccionario, toda vez que es el gobierno reaccionario el que sostiene y defiende los privilegios de una ínfima minoría a costa de la opresión y explotación de la inmensa mayoría del país. Y va quedando completamente nítido que esta minoría reaccionaria está dispuesta una vez más a sumir al pueblo en un baño de sangre para defender sus privilegios, y que el pueblo debe prepararse para esto.
Hay otras muchas lecciones que aún deben discutirse y sistematizarse para dar el curso correcto a la actual lucha y las futuras, pues ya hemos advertido que la solución a los problemas profundos de nuestra sociedad no será rápida.
Si como revolucionarios aspiramos a que la lucha en curso no acabe simplemente con la renuncia de Piñera, ni con un maquillaje social con nombre de constituyente -como ha sido antes la ‘normalidad’ en nuestra Latinoamérica- debemos aprender de la lucha actual, de nuestra propia historia y de la historia de los pueblos de América Latina y el mundo, especialmente de la experiencia revolucionaria de las guerras populares en curso.
Advertimos asimismo que aquellos oportunistas y revisionistas entre las masas que pretendan escalar en este viejo Estado vendiendo la sangre de los caídos, heridos y torturados -como ‘normalmente’ lo hacen- deberán dar cuenta ante la historia y ante el pueblo.
En este número especial del Periódico El Pueblo -editado en medio de la gloriosa revuelta de Octubre de 2019- presentamos nuestras posiciones en relación a varias importantes cuestiones que están a la orden del día, esperando con esto promover la lucha ideológica y política en torno al camino revolucionario que debe seguir nuestro país para la verdadera y definitiva emancipación de nuestros pueblos.

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