Mecanización de la agricultura, ejemplo de alianza obrero-campesina en China

El inevitable camino de las semicolonias:

Educación política, edición n° 88 (enero, 2020) de Periódico El Pueblo

El triunfo de la Revolución China en 1949, encabezada por el Partido Comunista de China y el presidente Mao Tse-tung, esclareció el camino que deben recorrer los países semicoloniales y semifeudales, tales como Chile y los de Latinoamérica, en su inevitable tránsito hacia el socialismo y el comunismo. Un texto fundamental de estudiar para extraer valiosas lecciones es “Sobre la Nueva Democracia”, escrito en 1939, del cual abordaremos algunos de sus aspectos fundamentales.

¿De dónde provienen las bases del profundo descontento del pueblo chileno? De que los anhelos y necesidades más básicas, tales como vivienda, salud, educación y otras no puedan ser resueltas, pues nuestra condición de semicolonia nos hace estar sometidos a los vaivenes del imperialismo, a la deuda financiera que tenemos a través de créditos impagables y el saqueo devastador de nuestros recursos naturales. Sin embargo, el imperialismo actúa así en países como el nuestro porque nunca se llevó a término la revolución democrática que barriera con el atraso feudal, expresado en la gran concentración de tierra, agua y una sociedad donde aún subsiste una suerte de nobleza encubierta, develada una vez más por las masas populares.

A esta odiada vieja política antidemocrática y antipopular, cuya base económica es la mantención de la semifeudalidad y el saqueo imperialista, se le debe oponer una nueva política, una nueva economía y una nueva cultura que nacerá de prolongadas luchas revolucionarias.

En el mundo, hasta antes de 1917, las revoluciones democráticas que barrieran con el feudalismo habían sido lideradas por la burguesía, lo que se conoce como revolución democrática de viejo tipo. Así, a beneficio de dicha clase social, se crearon repúblicas burguesas, que no es otra cosa que la dictadura de la burguesía, en Europa occidental, Norteamérica y otros lugares, que en un principio desarrollaron progresistamente las sociedades. De esta forma se impuso el capitalismo en el mundo, pero en su última fase de desarrollo se transformó en imperialismo, sometiendo a la más brutal explotación a cientos de colonias y semicolonias, principalmente de América, Asia y África.

Como a la burguesía no le interesaba desarrollar más revoluciones democráticas en el resto del mundo, para poder saquear las colonias a destajo, en estos países se mantuvieron los rasgos esenciales del feudalismo, lo que se conoce como semifeudalidad, sometiendo bajo un añejo yugo a miles de millones de habitantes del planeta.

Entonces, como la burguesía ya era una clase reaccionaria y no progresista, otra clase social tendría que encabezar las revoluciones democráticas no iniciadas o inconclusas dentro de los países semicoloniales y semifeudales. Dicha clase social no es otra que el proletariado moderno, que en 1917 abrió la era de la Revolución Proletaria Mundial en Rusia con la Revolución de Octubre.

Esta nueva era demostró que el proletariado necesita la firme alianza entre los obreros y los campesinos para derrocar la dictadura de los grandes burgueses y terratenientes, demostrando de esa forma el único camino real que hace progresar la sociedad hacia la construcción del socialismo. Dicho de otra forma, para barrer con el feudalismo completamente en los países atrasados, el campesinado necesita la dirección del proletariado organizado en auténtico Partido Comunista, cuestión que se conoce como la revolución democrática de nuevo tipo.

El presidente Mao señaló que dicha revolución democrática “ya no puede ser dirigida por la burguesía y destinada a establecer una sociedad capitalista y un Estado de dictadura burguesa, sino una revolución de nuevo tipo, dirigida por el proletariado y destinada a establecer, en esa primera etapa, una sociedad de nueva democracia y un Estado de dictadura conjunta de todas las clases revolucionarias”. De esta forma, la Nueva Democracia expresará la dictadura conjunta de todas las clases revolucionarias antiimperialistas y antifeudales, explotadas y oprimidas por la gran burguesía, los grandes terratenientes y el imperialismo.

No obstante, las garras del imperialismo y de la gran burguesía se asientan no sólo en el proletariado y en el campesinado, sino que también en la pequeña burguesía y la burguesía nacional. Por ello, el presidente Mao Tse-tung llama a formar un “frente único contra el imperialismo y los gobiernos de burócratas y caudillos militares”.

Sin embargo, este frente único no puede estar dirigido por la burguesía nacional, pues aunque oprimida por el imperialismo tiene también otro carácter: su tendencia a la conciliación con los enemigos de la revolución. “Frente a un enemigo poderoso, la burguesía se une con los obreros y campesinos para combatirlo, pero cuando éstos despiertan, la burguesía se alía en contra suya con el enemigo. Esta es una ley general válida para la burguesía de todos los países”.

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