La doble opresión femenina:

Temporeras de las frambuesas

Mujer popular, n° 89 (marzo, 2020) de Periódico El Pueblo.

En Latinoamérica en general o en países con un capitalismo burocrático como el nuestro, las condiciones de miseria y explotación son un fiel reflejo de lo atrasado que es el sistema, esto repercute en que las mujeres del pueblo deben cargar en sus hombros con las tres montañas que oprimen al pueblo en general: el imperialismo, la semifeudalidad y el capitalismo burocrático, pero además con una cuarta pesada montaña: la doble opresión, por ser pobre y por ser mujer. Por tanto, la emancipación femenina, para que sea en su totalidad y barra con el viejo orden establecido, tiene que ser parte de la revolución proletaria, que como meta final busca una sociedad nueva y sin clases sociales.

Como hija del pueblo me vi en la necesidad de llegar a las mujeres que muchas veces han sido olvidadas por la historia y que en mi humilde opinión son de las más fuertes y aperradas. Hablo de las trabajadoras temporeras de frambuesas.

Desde que tengo dieciséis aproximadamente que he sabido lo que es ganar mi propio dinero, mi madre criando y alimentando a tres hijos sola me enseñó lo que cuesta la vida si no naciste como un privilegiado en esta sociedad dividida en clases. Crecí y me vi en la necesidad de tener que trabajar para ayudar en la casa. Siempre me ha parecido frustrante cómo el sistema en el que vivimos define nuestra calidad de vida en todo ámbito.

El 2019 mi mamá se fue a vivir al sur, a Chillán para ser exactos, esperando tener una mejor vida con nuevas oportunidades. Por mi parte me quedé en la capital para poder estudiar, ella partió, pero no pasó mucho tiempo para que la siguiera al menos por la temporada de vacaciones. Me decidí por ir a trabajar con ella algunos días que me quedaban de verano, desenvolviéndonos ambas como temporeras en el campo.

Siempre he admirado mucho a la gente que trabaja en el campo, ya que siempre pensé que su vida estaba llena de esfuerzo y sacrificio, sobre todo cuando muchas veces la tierra en la que trabajan no les pertenece. Cuando comencé a trabajar me di cuenta del abuso constante que sufren las temporeras en esa labor, siendo las mujeres una mayoría en ese rubro. Han sido capaces de hacer un trabajo que ninguna máquina ha podido realizar en su complejidad. La mayoría de las temporeras son campesinas que buscan una nueva oportunidad para surgir y entregarles mayor estabilidad a sus familias. Muchas de ellas son dueñas de casa, que no han tenido la posibilidad de entrar a una educación superior y que por lo mismo buscan mayor estabilidad económica para que sus hij@s sí tengan la posibilidad de educarse.

En el campo pude ver en su mayor expresión la doble opresión que sufren las mujeres pobres. Por ser mujeres y por ser pobres nos oprimen doblemente, muchas aguantando el abuso y el maltrato que reciben en sus propios hogares a causa del patriarcado, combinado con el hecho de que cuando buscan una entrada al mundo laboral tienen que someterse a un trabajo en donde el patrón las explota, les da pésimas condiciones laborales y les paga lo mínimo.

De los principales problemas que sufren las temporeras, podemos identificar falta de seguro por accidentes de trabajo, enfermedades profesionales, en su mayoría no tienen contrato, falta de baños, agua, un lugar adecuado para su colación, exposición al sol sin bloqueador solar, largas jornadas laborales, ausencia de implementos de seguridad, uso no seguro de sustancias químicas (como pesticidas) y transporte poco seguro.

Se trabaja de las 8:00 hasta las 14:30hrs. Pude confirmar que la precariedad de las temporeras y el coraje que tenían muchas era impresionante. Muchas se dedicaban a este trabajo desde hace mucho, como un ingreso de trabajo propio que literalmente se ganaban con el sudor de su frente. Se ganaba $400 pesos por cada kilo obtenido de frambuesas y por la escasez de fruta en el fundo la mayoría sacaba máximo $5.000 pesos por día trabajado. 

Hace unos cuantos años me di cuenta de que esto no era por casualidad, había condiciones históricas y lo que estaba pasando era parte de la división de clases antagónicas, en donde la mujer ha sido oprimida por ser pobre y por ser mujer. Sabiendo esto, el único camino  viable para la propia emancipación de la mujer es acabar con la propiedad privada y este sistema de clases. Su emancipación no puede partir de la ideología burguesa de las clases explotadoras, pretendiendo que todas las mujeres somos iguales, con los mismos derechos y beneficios. No somos iguales y aunque el feminismo burgués pretenda cegarnos en esto, nuestro sentir de clase tiene que ser más fuerte y entender que la revolución de las mujeres y hombres de todas las clases explotadas dirigidas por el proletariado es la única arma que nos podrá entregar una real y verdadera emancipación.

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