Por Jorge Valdebenito.

«Los ricos ponen el virus, los pobres ponen los muertos» reza un mural en las afueras del Estadio Monumental, sede del club Colo-Colo. Imagen de Gol Triste Ediciones.

Cacerolazo viernes 27 de marzo 2020

Desde octubre pasado que los y las habitantes del llamado Eje Dignidad son testigos de un histórico levantamiento de masas. Este ha provocado una inusitada represión de Estado, la cual registra más de 11 mil detenidos y 2.500 presos políticos, cientos de torturados, mutilados y heridos, y cerca media centena de asesinados.

Hoy la violencia del Estado hacia el pueblo de Chile ha cobrado una nueva orientación. La orientación de un exterminio de pobres. Las “insuficientes y negligentes” medidas adoptadas por el Gobierno ante la llegada y propagación del COVID-19 así lo demuestran.

En primer lugar, es de reconocimiento mundial que son medidas draconianas las más efectivas para evitar la catástrofe. El no haberlas tomado no puede justificarse desde la incertidumbre, ni mucho menos desde su insuficiencia o irresponsabilidad. Se comprenden desde el interés de clase subyacente a ellas.

La saturación del sistema sanitario ha sido anticipada con el polémico arriendo de Espacio Riesco. Allí se han instalado sofisticados equipos para atender a la privilegiados afectados del sector. Ello contrasta con las irritantes imágenes de las precarias instalaciones del gimnasio de San Antonio. Así es como responde el “Gobierno de la unidad”, el “Gobierno de los tiempo mejores” a las necesidades del pueblo pobre.

Pero es a todas luces el anuncio de la Dirección del Trabajo lo que ha encendido los ánimos de repudio entre las masas. La suspensión salarial ante ausencias en lugares de empleo es una medida humillante para la clase trabajadora. Está de sobra señalar que la naturaleza inhumana del Gobierno capitalista reluce de modo irrefutable.

Estos son sólo algunos de los antecedentes a la base de la multitudinaria congregación al cacerolazo del anochecer del viernes 27 de marzo, desarrolló en diversos puntos del país. Desde sus balcones, patios y ventanas la población respondió positivamente al llamado de diversas organizaciones políticas y sociales a manifestarse contra el decadente Gobierno de Sebastián Piñera.

Ante sucesos similares ocurridos anteriormente, la burguesía chilena sostuvo que se trataban de actos de solidaridad, cercanía y mutuo reconocimiento en medio de la crisis. Nada más cierto. Pero oculta con ello que se trata de una solidaridad de clase, de una clase que es antagónica a sus intereses, y que más temprano que tarde saldará cuenta con sus históricos enemigos.

¡Libertad a l@s pres@s polític@s de la revuelta!

¡Cuarentena total ahora!

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