Compartimos con todos nuestros lectores este libro que se publicará próximamente en Chile, escrito por colaboradores de nuestro periódico. En el sitio web lo compartiremos en cuatro partes, correspondiente a los cuatro capítulos en que se divide. Al hacer click en el enlace correspondiente irás a cada capítulo: I) Israel, un país inventado; II) Lucha armada por una Palestina unificada; III) La necesidad de transformar la Resistencia en Guerra Popular de Liberación Nacional y IV) El fantasma de la Tercera Intifada.

Este texto es un imprescindible esfuerzo para contribuir a la comprensión científica y clasista de la prolongada lucha de liberación nacional Palestina, cuya bandera ha sido encumbrada en lo más alto de las protestas populares de todos los rincones del planeta.

*En portada, jóvenes palestinos de la Franja de Gaza en medio de la Primera Intifada, enero de 1988.

CAPÍTULO III: LA NECESIDAD DE TRANSFORMAR LA RESISTENCIA EN GUERRA POPULAR DE LIBERACIÓN NACIONAL

LAS MASACRES DE SABRA Y CHATILA

Desde la segunda mitad de la década de los 60 del siglo XX, las acciones de resistencia armada se redoblaron: los combates y acciones militares de resistencia pasaron a niveles superiores mientras las fuerzas militares sionistas, actuando como perros de presa, intentaban mantener a raya a los distintos grupos palestinos que operaban entre las masas.

Masacre de Sabra y Chatila en 1982.

Lo justo de la causa palestina y la represión fascista de Israel generaba más solidaridad, sobre todo en los pueblos árabes. Palestina se convirtió así en la causa común de todos los pueblos del mundo. A su vez, la Resistencia se desempeñaba desde distintos puntos de la región, contando con el apoyo de los refugiados palestinos como con el de la población local.

En 1975, Israel invadió El Líbano, centrando en las tropas de la OLP que ahí se encontraban operando. En la guerra civil libanesa de 1976, los palestinos, junto con las tropas del gobierno libanés, lucharon contra el Partido Falangista (pro-Israel) y ayudaron a los libaneses a preservar su autonomía.

El 16 de septiembre de 1982, en una decisión criminal de venganza –bajo la dirección del Ministro de Defensa de Israel, Ariel Sharon– se llevó a cabo una masacre que se extendió por 40 horas. Las tropas de Israel cercaron el sur de El Líbano y en las líneas interiores la milicia falangista libanesa actuó llevando a cabo el acto criminal en los campos de refugiados de Sabra y Chatila.

Masacre de Sabra y Chatila en 1982.

Los relatos de la arremetida contra todo aquel que fuera palestino y contra todo libanés pobre, hablan todos de hombres masacrados, mujeres violadas y asesinadas, y de una razzia que no respetó ni siquiera a los bebés que fueron aplastados por el paso de los vehículos militares. Si la masacre de más de 3.000 personas ya es un acto repudiable, más lo fue aún el que Sabra y Chatila fueran campos de refugiados de las Naciones Unidas. Nuevamente, entre los pueblos árabes se instalaba la interrogante “¿para qué nos sirve la ONU?”. “¡Para nada!” fue la respuesta.

Producto de la ofensiva israelí-libanesa, las tropas de la OLP tuvieron que evacuar el sur de El Líbano y el gobierno de Estados Unidos actuó como garante del despojo, que en adelante quedó bajo control y jurisdicción del Ejército de Israel. Para 1983 la OLP tuvo que trasladar su Comando Central y los campamentos de combatientes a Túnez.

LA INTIFADA CONQUISTA ADMIRACIÓN MUNDIAL

La persecución a las organizaciones de la Resistencia Palestina por todo Oriente Medio y la opresión a las masas que se mantenían en Palestina hacían la situación insostenible. A esto se suma la desconfianza creciente del pueblo palestino hacia la dirección de Arafat, especialmente desde 1986, quien al mismo tiempo de exigir la retirada de las tropas de Israel de los territorios ocupados, reconoció el derecho a existir del Estado de Israel, lo que es absolutamente contradictorio, porque el Estado de Israel existe en el territorio ocupado de Palestina.

En noviembre de 1987, cuatro trabajadores palestinos que se movilizaban en un minibús fueron asesinados por colonos israelíes. Las protestas en repudio al asesinato de estos muchachos estallaron inmediatamente en Gaza y Cisjordania, extendiéndose como reguero de pólvora por todo el país. Este asesinato fue la gota que rebalsó el vaso; la población palestina se alzó en forma espontánea en esta sublevación, que pronto fue conocida como Intifada o guerra de las piedras.

La Intifada sobrepasó a la OLP y motivó el surgimiento de nuevas organizaciones de resistencia, tales como el Movimiento de Resistencia Islámico, cuyo acrónimo es Hamas, surgida como una escisión de la Hermandad Musulmana. Esto va a ser relevante, porque Hamas estará bajo la dirección de sectores de la gran burguesía y terratenientes, sin embargo, va a conquistar a un sector de masas a las que no llega la OLP, a los más pobres, en especial a los palestinos pobres de Gaza, que son los más oprimidos entre los oprimidos.

Primera Intifada en 1987.

Hamas comenzó levantando escuelas y hospitales, mientras sus militantes ofrecían atención médica en los campos de refugiados. A medida que iban recorriendo entregaban su propaganda, investigaban el nivel de vida de las masas, participaban en las luchas e iban reclutando militantes desde la propia Intifada. Mientras Arafat se perdía entre las “negociaciones”, la dirección de la OLP era vista cada vez con mayor lejanía por la juventud popular de la Intifada. La Intifada de 1987 fue la expresión de miles de jóvenes y niños en las calles, lanzando piedras y cocteles molotov contra las tropas de ocupación. Fue también el hito donde Arafat y la política de negociaciones en la ONU de la OLP demostraron estar completamente divorciadas del pueblo palestino.

Esa imagen de David contra Goliat, de niños enfrentándose a los tanques de Israel, saliendo a las calles desafiantes, ondeando la bandera Palestina, conquistó la admiración de los pueblos del mundo. Pronto, la Intifada se convirtió en símbolo de la lucha antiimperialista a nivel mundial. La disposición del pueblo palestino a rebelarse era indesmentible.

LOS ACUERDOS DE OSLO

En 1988, el Consejo Nacional Palestino, reunido en Argelia, proclamó el Estado de Palestina y a Yasser Arafat como su presidente. Lo grave de esto fue que, como parte de la misma jugada, 90 Estados reconocieron la existencia del Estado de Israel, lo que generó el rechazo de importantes organizaciones de la Resistencia en todo Oriente Medio.

En 1990 se comenzaron a llevar a cabo conversaciones secretas en Noruega entre Yasser Arafat e Isaac Rabin, primer ministro de Israel en ese entonces, bajo la supervisión de Estados Unidos. Por esta razón, las conversaciones y acuerdos que desde aquí se extiendan van a ser conocidas como Acuerdos de Oslo.

El 30 de octubre de 1991, el gobierno de Estados Unidos, ya como superpotencia imperialista hegemónica tras la caída de la URSS socialimperialista, dirigió directamente la Conferencia Internacional de Paz para Oriente Medio, efectuada en Madrid, en la que participaron representantes de Israel y Palestina, estableciendo las bases para las futuras negociaciones. Entre 1992 y 1993 hubo 14 reuniones oficiales que tuvieron como resultado los Acuerdos de Oslo, firmados en la Casa Blanca bajo la supervisión de Bill Clinton.

La firma de los Acuerdos de Oslo tuvo como elemento central el reconocimiento público de la dirección de la OLP al Estado de Israel. Desde esa premisa se fueron derivando los demás compromisos. Por ejemplo, el mismo 13 de septiembre de 1993 quedó establecido que Palestina contaría con un gobierno autónomo provisional palestino: la Autoridad Nacional Palestina (ANP), instancia que tendría potestad sobre la Franja de Gaza y Cisjordania, pudiendo establecer ahí oficinas gubernamentales y una policía palestina. Israel, por su parte, sería responsable de “la seguridad de los israelíes en las zonas autónomas palestinas”, que en la práctica significa que la ANP no tiene ninguna autoridad frente al gobierno de Israel.

Pero eso no es todo. Lo peor es que, buscando el reconocimiento del gobierno de Estados Unidos, la dirigencia de la OLP –haciendo lo posible por demostrar que la ANP gobierna algo– comenzó a actuar coercitivamente sobre el propio pueblo palestino. Con la ANP, la policía palestina pasó a encargarse de reprimir las protestas de la juventud palestina, teniendo como resultado directo que la ocupación tenga un menor costo en vidas y en dinero para el Estado de Israel.

Este examen de buena conducta frente a Estados Unidos no hizo, sin embargo, que la opinión y el desprecio a Arafat cambiara su carácter por parte de los gobiernos pro estadounidenses de la región[1].

El 28 de septiembre del año 1995, en una de las jornadas que se establecieron como continuación de los Acuerdos de Oslo, la discusión se centró en la situación de las zonas de Cisjordania y la Franja de Gaza. Cisjordania, por ser la zona donde Al Fatah cuenta con mayor apoyo político. La Franja de Gaza, por ser el lugar donde se desarrolla la mayor resistencia y estar bajo la influencia política de Hamas. En esta reunión Palestina fue dividida en zonas a las que se les asignó la categoría de A, B y C. las zonas A son aquellas que quedaron bajo control de la ANP. Las zonas de tipo B serán zonas con control compartido entre la ANP y el Estado de Israel, mientras, las zonas de tipo C son aquellas bajo completo control israelí.

Como era natural, el Acuerdo de Oslo y sus conclusiones generaron indignación en la población palestina, un repunte en las protestas y el crecimiento de organizaciones palestinas al margen de Al Fatah. Aunque en 1996 Yasser Arafat –gozando todavía de una importante base de masas– ganó las elecciones de la ANP, la creciente pérdida de credibilidad en Al Fatah pondrá a la ANP en una situación cada vez de mayor debilidad, tanto frente al pueblo palestino como frente al gobierno de Estados Unidos.

“Entregar gobernabilidad” significaba oponerse a la lucha armada o, cuanto más, controlarla y fue precisamente a eso a lo que se comprometió Arafat ante Netayahu, en ese entonces primer ministro de Israel, y Clinton en la Cumbre de Paz en Wye durante 1998. A cambio de esto Israel retiraría sus tropas de un 12 % de Cisjordania. El acuerdo fue presentado por la dirección de Al Fatah como un triunfo para Palestina, como una victoria sobre el ejército de ocupación. Sin embargo, la retirada de las tropas israelíes de Cisjordania se planteó porque precisamente Arafat se comprometió a que ahí no se desarrollarían acciones armadas de protesta. Es decir, el acuerdo de paz permitió incluso que el Estado de Israel pudiera desplazar sus soldados de las zonas donde la OLP le asegura tranquilidad y concentrarlos en los puntos donde la lucha se desarrolla de forma más álgida. Es así como el Acuerdo de Paz de Wye fue un acuerdo de paz que Arafat lanzó contra la oposición de Hamas y contra las masas palestinas, principalmente, contra las masas más pobres de la Franja de Gaza, hacia donde se concentró el fuego israelí. 

LA SEGUNDA INTIFADA Y EL MURO DEL APARTHEID

Los débiles acuerdos de paz tuvieron su remate en septiembre de 2000, cuando el principal genocida de las matanzas de Sabra y Chatila, Ariel Sharon, se paseó por la explanada de la Mezquita Al Aqsa de Jerusalén.

La provocación desató un desborde popular que el 28 de septiembre del 2000 desembocó en una Segunda Intifada. Intifada políticamente distinta a la de 1987, teniendo en cuenta la experiencia de la capitulación de la gran burguesía en los Acuerdos de Oslo y de la traición que significó su papel en las conversaciones y acuerdos visados por el imperialismo norteamericano.

Segunda Intifada en Palestina, que se desarrolló combativamente desde el año 2000.

En mayo de ese mismo año, las fuerzas armadas de Israel habían sufrido una contundente derrota en el Líbano a manos de las fuerzas de Hezbollá, lo que dio a las masas palestinas nuevamente un fuerte ánimo, alentadas por la idea de que la resistencia de un pueblo puede vencer a las tropas invasoras. Este golpe de fuerza moral se expresó, entre otras cosas, que las brigadas de las organizaciones de la Resistencia Palestina comenzaron a actuar en forma coordinada: Ezzedine Al Qasam (Hamas), Al Quds (Yihad islámica), Al Aqsa (provenientes de Al Fatah) y Mártir Abu Ali Mustafá (FPLP).

En febrero del 2001, Ariel Sharon asumió la presidencia en Israel y en junio del mismo lo propio ocurre en Estados Unidos con George W. Bush. Sobre este último va a caer la responsabilidad política de responder frente a los ataques con aviones suicidas del 11 de septiembre, porque, aun cuando en un primer momento se especuló con quienes serían los autores, lo claro era que el ataque era consecuencia del actuar del gobierno estadounidense en el extranjero. Luego, Al Qaeda reconoció los ataques y, posteriormente, inclusive se tuvo conocimiento de los autores y de que casi en su totalidad eran saudíes. Pero Bush, lejos de buscar la verdad e incluso de llevar un juicio sobre los responsables, utilizó los ataques del 11 de septiembre para reconfigurar los movimientos y objetivos militares en Medio Oriente Ampliado. Su fin más inmediato fue conquistar Irak y Afganistán. Para justificar una nueva invasión a Irak, inventó que ahí se producen armas de destrucción masiva; respecto a Afganistán, dijo que era un reducto de terroristas. De esta manera, desde el 11 de septiembre del 2001, Bush declaró la “guerra contra el terrorismo”.

El 21 de septiembre Bush pronunció un discurso donde afirmó que “quien no está con nosotros está en contra de nosotros” y en enero del 2002 decretó a los gobiernos opositores a Estados Unidos como el “eje del mal”. A partir de esta cruzada imperialista, todo Medio Oriente Ampliado fue decretado zona de contienda, donde las tropas estadounidenses se reservan el derecho a actuar como lo determinen “en defensa de la democracia”.

El 16 de junio de 2002, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ordenó la construcción del muro para Palestina. Este muro es una mole de hormigón, alambres de púas, zanjas, zonas de arena fina para detectar huellas, torres de vigilancia y caminos asfaltados para tanques.

Según Sharon la construcción de este muro tiene por objetivo detener los ataques con bombas a blancos israelíes. Pero, lo que la construcción del muro persigue realmente es el exterminio de la población palestina, ya que esta mole no solamente separó a las familias, sino que además a las familias de los campos, de las fuentes de agua, de las escuelas, hospitales, bazares y lugares de trabajo. El muro logró establecer una forma de vida completamente distinta para israelíes y palestinos. De esta manera, mientras que un ciudadano israelí puede pasar las veces que quiera por los distintos caminos, los palestinos deben someterse a los chequeos constantes en cada “check-point”: ahí son detenidos por tiempo indeterminado y que puedan seguir transitando o no depende de la decisión arbitraria de los soldados de Israel. Así, una distancia que antes se cubría en minutos, ahora tarda horas, si es que se logra llegar a destino.

A la segunda Intifada le correspondió, por lo tanto, la tarea de luchar contra la arremetida del imperialismo yanqui en la zona, contra las tropas sionistas que cercenaban Palestina construyendo este muro del apartheid y en defensa de los derechos más básicos, tales como son el derecho a desplazarse y poder conseguir alimentos.

Muro del apartheid, muro de la verguenza, muro construido por el sionismo en territorio palestino ocupado.

El año 2003, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución exigiendo a Israel que interrumpiese la construcción del muro. A mediados del año siguiente, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminó que la construcción del muro israelí en Cisjordania es ilegal, puesto que está en contradicción con las obligaciones contraídas por Israel en virtud del derecho internacional humanitario. Pero el gobierno israelí siguió adelante con la construcción del muro del apartheid. Nuevamente quedó en evidencia que las instituciones como ONU o los Tribunales de La Haya no tienen ninguna utilidad para el pueblo palestino. La ONU solo actúa como institución rectora para los Estados coloniales y semicoloniales. En cambio, las potencias imperialistas no toman en cuenta ni sus recomendaciones ni sus decisiones. Así, por más que la ONU planteara interrumpir la construcción de este muro de segregación racista, el gobierno de Israel, aleonado por el gobierno estadounidense, comenzó a implementar desde el 30 de abril del 2003 la “Hoja de ruta”, que es como le llamaron a la primera fase de su cruzada de guerra contra el “terrorismo”.

Así, viendo directamente que Estados Unidos no sólo no acataba las decisiones de la ONU, sino que además arrastraba tras de sí a una serie de gobiernos obsecuentes en sus invasiones militares, Israel, lejos de detener la construcción del muro del apartheid, la aceleró, implementando además ataques contra la población palestina, la destrucción de casas, plantaciones de olivos, de tierras de cultivo, oleoductos, servicios de urgencia y caminos.

A todo lo anterior se sumó en junio del 2004 la revelación de que el muro del apartheid era construido con la participación de sectores de la gran burguesía palestina: Cuatro compañías palestinas compraban a 22 dólares la tonelada de cemento en Egipto para venderla a 100 dólares a Israel. Pingüe negocio en el que se encontraban ligados los dueños de grandes capitales palestinos, incluyendo ministros de la Autoridad Nacional Palestina.

Hamas exigió tomar medidas contra los responsables y emitió un comunicado donde sentenciaba: “Comprar cemento y venderlo posteriormente al enemigo a fin de que construya su muro del apartheid en Cisjordania es vergonzoso y estas acciones no cesarán hasta que no llevemos a juicio a aquellos implicados”.

Pronto se supo que, para la fecha, el transporte y venta de cemento de empresas palestinas a Israel ascendía a 420.000 toneladas, viéndose involucrada una compañía perteneciente a la familia del primer ministro de la ANP, Ahmed Ali Mohammed Qurei, también conocido como Abú Alá, quien ocupó también importantes cargos en la cúpula de la OLP.

Yasser Arafat, sumido en un mar de cuestionamientos a la dirección de la ANP –que parecía más una agencia yanqui que una organización para la liberación palestina– buscó salvar a Abú Alá, ordenando una investigación de la Fiscalía, con la que el acusado ganaría tiempo, pudiendo probablemente revertir la acusación y, por otro lado, haría depender la condena política de una eventual condena legal en la que podría salir favorecido. Pero las violentas protestas masivas en la Franja de Gaza dejaron poco espacio para una salida administrativa. Así fue como el 17 de julio del 2004, el primer ministro se vio obligado a renunciar.

Poco tiempo después, el 11 de noviembre de 2004, ya siendo completamente irrelevante para Estados Unidos y para la Resistencia Palestina, Yasser Arafat falleció en un hospital de París. Muchas versiones circularon sobre su muerte: envenenamiento por los medios de inteligencia de Israel, contagio de VIH y haber sido afectado por elementos radiactivos de polonio 210.

Las reacciones a la muerte de Yasser Arafat son bien sintomáticas, porque sintetizan el momento político vivido en Palestina y cómo se fue desarrollando la pugna entre Al Fatah y Hamas: Al Fatah, con una dirección que ha abandonado por completo el camino de la lucha por la liberación palestina y sumida en una de las más profundas crisis de corrupción, perdía parte importante de su base social y apoyo político en lo que fue su bastión histórico, Cisjordania; Hamas, apostando a las acciones armadas en los distintos niveles, logró hacerse fuerte en la Franja de Gaza, que fue la región en donde se sostuvo con más fuerza la Segunda Intifada.

OTRA DE LAS TRAICIONES DE ARAFAT

En agosto del 2001, las fuerzas sionistas de Israel asesinaron a Abu Ali Mustafá, secretario general del FPLP. A cambio, esta organización política respondió dando de baja al ministro de turismo israelí Rehevam Zeevi.

Israel culpó al nuevo secretario general del FPLP, Ahmad Sa’adat de ser el responsable de la muerte del ministro Zeevi y aprovechó las negociaciones en secreto con Arafat para indicarle a la ANP la detención de Sa’adat. Obediente a la indicación sionista, Arafat le tendió una emboscada a Sa’adat, citándolo a una reunión rutinaria con el jefe del aparato de informaciones palestino, Tawfiq Tirawi, en un hotel de Ramallah, el día 15 de enero de 2002. En dicha reunión Sa’adat fue sorpresivamente detenido, mostrándosele una orden firmada por el propio Arafat. Acto seguido fue llevado a Al Mukataa (sede del gobierno de Arafat).

Ahmad Sa’adat.

El Fiscal Nacional palestino, Khaled Al Kudra, determinó que Sa’adat debía quedar en libertad inmediatamente por no existir ningún motivo para estar en prisión. Pero Arafat se saltó este dictamen y siguió manteniéndolo prisionero.

Cuando el 29 de marzo de ese mismo año las tropas israelíes invadieron Al Mukataa, cercando a Arafat en su oficina, Sa’adat fue trasladado como prisionero a la oficina de Arafat, donde éste último lo utilizó como escudo humano.

La ANP negoció la salida de Arafat a cambio de la entrega de Sa’adat más otros presos detenidos en la Iglesia de la Natividad en Belén. De esta manera Sa’adat fue entregado al gobierno de Israel, que lo mantiene recluido en la cárcel de Jericó. Los abogados de Sa’adat recurrieron a la Corte Suprema palestina, que el 3 de julio de 2002 dictaminó su libertad, pero nuevamente la ANP no acató la resolución judicial.

El 26 de diciembre del 2008, un tribunal militar israelí condenó a Sa’dat a 30 años de prisión. Dos días más tarde Israel lanzaba su operación “Plomo Fundido” sobre la Franja de Gaza.

LA INGOBERNABILIDAD DEL “GOBIERNO PALESTINO”

El 11 de septiembre del 2005 Sharon se “retiró” de Gaza: sacó las tropas y desmanteló los asentamientos y bases militares, como parte de un plan para convertir a Gaza en una gran cárcel para los 1.4 millones de palestinos que viven ahí. Porque el “retiro” de tropas no es una admisión de la autodeterminación del pueblo palestino, sino que un movimiento consistente en retirar las tropas de los lugares donde Israel ha construido el control de la zona para concentrarlas en nuevos puntos, con el objetivo de ampliar la zona de dominio militar hasta hacer desaparecer a Palestina.

Ehud Olmert, sucesor de Sharon, bajo la misma estrategia anunció que Israel “se retirará unilateralmente” de Cisjordania. Nuevamente, aquí el objetivo es concentrar las fuerzas en las regiones más valiosas y al mismo tiempo profundizar el aislamiento de los centros palestinos.

Ese mismo año Hamas logró imponerse en las elecciones legislativas palestinas. Ante el triunfo de Hamas, Estados Unidos encabezó una ofensiva diplomática, buscando forzarlos a mantener o profundizar las condiciones humillantes que Al Fatah se comprometía cada cierto tiempo a firmar. La ofensiva diplomática se sustentó sobre un programa de bloqueo económico y estrangulación financiera, que hizo que en Palestina, sobre todo en la Franja de Gaza, fuera muy difícil adquirir las mercancías y medicinas más básicas.

El que Estados Unidos y demás países alineados a su gobierno le negaran la sal y el agua a Palestina, buscando desestabilizar el gobierno de Hamas, no tiene que ver con que los militantes de Hamas profesen el islam ni mucho menos, ya que, históricamente, los distintos gobiernos de Estados Unidos han utilizado la religiosidad de las masas para avanzar en sus planes de colonización. Lo hicieron en 1978, apuntalando a los talibanes en Afganistán en la guerra donde se pelearon con la URSS el control de este país; lo hicieron en la década siguiente en América Latina, con las visitas papales a países donde la lucha armada provocaba crisis de ingobernabilidad. Pero además, el mismo Hamas fue afianzado tiempo antes por Estados Unidos para oponerlo a la OLP cuando las organizaciones de esta última desarrollaban lucha armada.

Por lo anterior, desde Al Fatah insisten en que Hamas habría sido una organización levantada derechamente desde la CIA con directa participación del Mossad, lo que pudiera ser verdad o no, pero dicha denuncia pierde peso político en la actualidad, no porque Hamas demuestre lo contrario, sino que por la propia corrupción en la que se ha visto envuelta la cúpula de Al Fatah, como parte de su política de capitulación frente a la demanda de una Palestina libre. Al Fatah denuncia que Hamas sirve al plan estratégico de Israel, pero Hamas realiza acciones armadas contra Israel, mientras que Al Fatah reprime a la juventud palestina que lucha. Así no es muy difícil comprender porque Hamas crece y Al Fatah decae.

El bloqueo económico y los ataques a la línea política de Hamas provenientes de los Estados Unidos fueron secundados por los de Al Fatah. Sin embargo, este boicot hizo que Hamas ganara más adeptos en toda Palestina. Si antes Hamas tenía su bastión en la Franja de Gaza, para el 2005 ya logra extenderse a Cisjordania. El problema fue que, a poco andar, la nueva administración de la Autoridad Palestina hizo lo que tanto había criticado de Al Fatah: monopolizar los puestos de “gobierno”, pasando por alto las demandas de las masas y de las demás organizaciones en Resistencia.

En junio del 2006 se ratificó un documento de las cinco fuerzas principales en las prisiones (FDLP, FPLP, Al Fatah, Yihad Islámica y Hamas). El objetivo del documento conjunto era terminar con las pugnas por el cuoteo de los puestos de gobierno y poner las necesidades de la lucha en primer orden. Sin embargo, pronto la dirección de Hamas y Al Fatah se volcaron nuevamente a una desenfrenada carrera por las cuotas de “gobierno”. La pugna por los cargos llevó a que a mediados del 2007 las milicias de Hamas y Al Fatah se enfrentaran entre sí por definir quién asumía la administración del país, que dadas las circunstancias era administración de la condición semicolonial y semifeudal de Palestina y de mediador entre el pueblo palestino y el Estado de Israel.

Después de fuertes choques entre Al Fatah y Hamas, estas organizaciones vieron que estaban entrando en una dinámica que nos les daba a ninguna los réditos políticos que buscaban, decidiendo que era mejor pasar de la pugna a la colusión de sus fuerzas. Fue así como el año 2011, Al Fatah y Hamas firmaron un acuerdo de no agresión, que fue acompañado con un enfrentamiento en bloque contra el FPLP. Aquí nuevamente surgió la interrogante ¿estaba Estados Unidos detrás de este acuerdo?, ¿era la oposición al FPLP una forma de declarar que no hay espacio para Rusia en la política palestina? O ¿era la oposición al FPLP una forma de aislar a una organización política que puede desarrollarse asumiendo la conducción de la lucha por la liberación nacional?.

El desarrollo de la lucha a nivel internacional, la experiencia a nivel nacional y la urgencia porque la heroica lucha de Resistencia tuviera después de largos años una salida, presenta con más urgencia la necesidad de una estrategia que permita salir de la autodefensa para pasar a conquistar la victoria. Sin embargo, las organizaciones de la Resistencia Palestina, si bien actúan de forma autónoma en lo orgánico, no lo hacen de manera independiente[2] en lo ideológico y político, debido a que no han organizado al proletariado como clase, no lo han puesto a la cabeza de la Resistencia. Así, estas organizaciones bien pueden llevar a cabo acciones armadas de autodefensa, mas esas acciones no logran proyectarse para conseguir el objetivo estratégico de conquistar la Palestina histórica.

La Palestina histórica solamente puede alcanzarse poniendo al proletariado a la cabeza, en la dirección de todas las acciones, de forma que aplique la estrategia militar superior, la guerra popular, entendiendo que la guerra popular es la estrategia militar del proletariado –y no una estrategia militar abstracta, al margen de la lucha de clases–; solamente puede ser dirigida por el proletariado organizado como clase, en un partido revolucionario, distinto y opuesto a los demás partidos políticos, en un Partido Comunista militarizado, con su ideología de clase: el marxismo-leninismo-maoísmo. Todo otro intento de aplicar la guerra popular desde otra ideología ha fracasado[3].

Lo anterior es tan evidente, que en la actualidad las luchas armadas que no avanzaron a guerras populares capitularon por completo[4] o están negociando su capitulación[5] y, por otro lado, no existe ninguna guerra popular que no sea dirigida por un Partido Comunista maoísta[6]. Si la lucha de resistencia no da el salto a guerra popular de liberación nacional, es imposible que Palestina conquiste la victoria. Esto es de vital importancia, tanto para la causa palestina como para la Revolución Proletaria Mundial; Palestina debe, en su camino de victoria, aplicar la ideología del proletariado a las condiciones concretas, con lo que al mismo tiempo entregará leyes de validez universal a aplicar a los distintos países del mundo. Es así como se desenvuelve la ciencia.


[1] Detalles pormenorizados al respecto los entregó el periodista palestino de Al Jazeera, Ahmed Abu Artema:

“En mayo de 1994, el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el presidente de la OLP, Yasser Arafat, se reunieron en El Cairo para negociar un Acuerdo sobre Gaza y Jericó como parte del proceso de Oslo. Cuentan que cuando Arafat trató de resistirse en la ceremonia de la firma, el sucesor de Sadat, el presidente egipcio Hosni Mubarak, se inclinó y le gritó a la cara “¡Firma, perro!”.

[2] Es necesario evidenciar la diferencia entre autonomía e independencia, toda vez que el que se las homologue tiene terribles consecuencias prácticas en el movimiento de liberación nacional. Autonomía centra en lo orgánico, independencia, en cambio, en lo ideológico y político.

[3] En Chile, por ejemplo, durante los inicios de los 80 del siglo pasado, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) intentó llevar adelante su interpretación de guerra popular. Sin embargo, las acciones armadas del MIR se enmarcaron más en la estrategia del foquismo que de la guerra popular. ¿La razón? El MIR en lo orgánico fue la fusión de varias fracciones y partidos, lo que se expresó en una línea pluriclasista en lo ideológico y político. 

[4] Por ejemplo: ETA (Euskadi Ta Askatasuna, «País Vasco y Libertad») en Euskal Herria, IRA (Irish Republic Army, «Ejército Republicano Irlandés») en Irlanda, Tigres Tamiles en Sri Lanka, EPL (Ejército Popular de Liberación) y FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en Colombia, el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) en Perú, etc.

[5] Por ejemplo el ELN (Ejército de Liberación Nacional) de Colombia y el PKK (Partiya Karkerên Kurdistan, «Partido de los Trabajadores del Kurdistán»).

[6] En la actualidad se desarrollan guerras populares en Perú, India, Turquía y Filipinas.

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