Traducido por «Traductores e intérpretes al servicio del pueblo» desde el artículo de New Epoch titulado «The struggle against epidemics in revolutionary China«, publicado el 8 de abril de 2020.

Actualmente hay muchas teorías sobre el origen del coronavirus. Teorías hechas por los imperialistas para acusarse unos a otros, teorías raciales para enemistar a los pueblos del mundo y desviarlos de su único auténtico camino de liberación: la lucha ininterrumpida por la nueva democracia popular, por el socialismo y el comunismo.

En el siguiente artículo vemos como la ex República Popular China, Estado que fue socialista, del proletariado y el pueblo, aplastó realmente una odiosa enfermedad parasitaria que hasta el día de hoy sigue cobrando cientos de miles de vidas en el planeta, principalmente en los países oprimidos. Destacamos lo de ex república popular porque hoy China es un país socialimperialista y socialfascista que contiende con el imperialismo yanqui y otros por el control del mundo.

Nota de Periódico El Pueblo.

*En portada un niño con esquistosomiasis.

La lucha contra la esquistosomiasis

Actualmente hay diversas teorías sobre el origen del coronavirus, muchos de ellos culpan a la “dictadura comunista” de esto. La verdad es que aún no está completamente claro cuál es su origen. Sin embargo, queremos abordar el tema del control socialista de la enfermedad y demostrar que no es el socialismo el que permite que las enfermedades aumenten. Un buen ejemplo es la enfermedad esquistosomiasis. El pueblo chino hubiese celebrado antes de tiempo cuando el líder de la Revolución China, Mao Tse-tung, escribió el poema “Despedida al dios de la epidemia”, según un estudio escrito en Nueva York llamado “El regreso del dios de la epidemia”. Esto, debido a que la enfermedad que alguna vez fue casi erradicada, hoy en día está aumentando.

Muertes por esquistosomiasis en 2012 por millón de personas. Los colores más oscuros representan más casos. Fuente: Organización Mundial de Salud.

¿Qué es la esquistosomiasis? Es una terrible enfermedad infecciosa. Con 238 millones de infectados (un 85% de ellos en África en el año 2010) y 200.000 de muertes anuales, la enfermedad no es un asunto menor, sino es probablemente la enfermedad infecciosa parasitaria con mayor transmisión (en comparación: la malaria tuvo 207 millones de casos en 2013). Dado que la enfermedad no se propaga de manera explosiva, y a las condiciones climáticas y de vida – especialmente en países oprimidos – es crónicamente poco financiada y pertenece a las “enfermedades olvidadas”. El agente que causa la enfermedad de la esquistosomiasis es un gusano, un macho y una hembra unidos entre sí, por lo que también se le llama “gel de pareja”. Los patógenos afectan el hígado y los intestinos (y con frecuencia otros órganos) y causan inflamaciones graves. Además, la enfermedad puede causar la suspensión del ciclo menstrual, infertilidad masculina y discapacidades severas, siendo una de las enfermedades tropicales más mortales. Una vez que el gusano libera una gran cantidad de huevos en el torrente sanguíneo, estos llegan al intestino y por el excremento llegan al agua. La esquistosomiasis se asienta en un género de moluscos o caracol de agua llamado Oncomelania, en el que los huevos se convierten en larvas, que luego vuelven a infectar a los humanos. De esta manera, el ciclo comienza nuevamente.

El gusano patógeno.

En 1989, 1,52 millones de personas fueron afectadas en China. Esta cifra está aumentando, pero es comparativamente pequeña a lo que fueron los 12 millones de personas infectadas antes de 1949. Áreas enteras fueron despobladas por la plaga. Los campesinos cayeron enfermos debido a las primitivas condiciones de vida y los pacientes tuvieron que soportar su sufrimiento, ya que el tratamiento era demasiado caro y sólo los ricos señores feudales podían pagar por ello. China era una semicolonia y una colonia del imperialismo, lo cual era la base de la pobreza rural.


Propagación de la enfermedad en China hoy.

La disminución masiva en la cantidad de gente enferma se debe a la histórica lucha unificada contra la enfermedad en la China revolucionaria, que comenzó en 1949 con la liberación. Esta lucha no se limitó a la terapia. La mayor prioridad era la prevención de la enfermedad, pues el objetivo era liberar al pueblo de esta terrible plaga.

El médico británico Joshua S. Horn escribió en 1966, en su informe llamado “Un doctor en China”, sobre la lucha contra la enfermedad. Joshua Horn estudió medicina en Inglaterra y emigró a China en 1945 para usar su conocimiento médico al servicio del pueblo, al servicio de la Revolución China. Si se desea interrumpir el ciclo de la infección, él escribió, hay diferentes maneras: “La más difícil, pero sí la más prometedora, es exterminar el caracol como un huésped intermedio. Si esto resulta con éxito, la esquistosomiasis no volverá”. Rápidamente se dijo que esta tarea no sería conquistada según algunos expertos de Shanghái. Esta tarea fue “tan enorme que no podría haber resultado exitosa sin el liderazgo del partido, sin el total y más activo apoyo de millones de personas y sin una estrategia general correcta”.

Arriba, la población de «Ren Tun», distrito de Ching Pu, poco después de la liberación. Casi todos los habitantes padecían esquistosomiasis. Abajo, la foto fue tomada en el mismo lugar en Ren Tun, después de que la esquistosomiasis fue prácticamente erradicada por completo.

Esta estrategia se elaboró desde un punto de vista médico, basada en las enseñanzas de Mao Tse-tung, líder de la Revolución China y de la Revolución Proletaria Mundial. Una de las principales enseñanzas que se han aplicado ha sido la línea de masas, porque las grandes masas del pueblo tienen un infinito poder creativo.

«Debemos ir a las masas, aprender de ellas, sintetizar sus experiencias y deducir de éstas principios y métodos aún mejores y sistemáticos y, luego, explicarlos a las masas (hacer propaganda entre ellas) y llamarlas a ponerlos en práctica para resolver sus problemas y alcanzar la liberación y la felicidad».

«Organicémonos», 29 de noviembre de 1945, Mao Tse-tung.

La tarea no podría haberse realizado sin la sabiduría y la fuerza de los millones de habitantes de las zonas rurales. Con una serie de conferencias, eventos cinematográficos, carteles y programas de radio, los campesinos y trabajadores agrícolas se dieron cuenta del peligro de los caracoles y mostraron una gran iniciativa. Dos veces al año la población local, apoyada por voluntarios de las ciudades, drenaban temporalmente todos los cursos de agua infectados -¡miles de kilómetros!- y eliminaban las capas contaminadas. Sin la experiencia de los granjeros que conocían estos canales como la palma de su mano, esto nunca hubiera sido posible. Entre tanto, las patrullas anti-caracoles buscaban en los depósitos alrededor de los canales. Joshua Horn mencionó que un estudiante de medicina desarrolló una prueba con heces muy simple que se utilizó para analizar las muestras de 1,3 millones de granjeros en el área de Shanghai en el año 1965. «Sólo es posible hacer registros de enfermos a tan gran escala si se utilizan métodos simples e improvisados y se movilice a la población para que los realicen ellos mismos y no esperen la ayuda de expertos externos». 

El médico Joshua Horn.

Joshua Horn comentó que sólo en su zona la longitud de la orilla del río infectada por caracoles se redujo de 4.300 km a 65 km al año 1966 y que se trataron alrededor de 245.000 pacientes. A continuación, el testimonio de una mujer:

«Me casé a los veinticuatro años y cuando mi estómago empezó a crecer, pensé que estaba embarazada, pero fue el dios de la epidemia que había invadido mi estómago. Después de la liberación me pusieron algunas inyecciones que me hicieron sentir muy mal, pero mi enfermedad fue mejorando poco a poco. Cuando tenía cuarenta y cuatro años mi estómago empezó a crecer de nuevo, esta vez estaba embarazada. Tuve una hija encantadora, y en su primer cumpleaños le tomamos una foto y se la enviamos al presidente Mao, luego él me escribió una linda carta».

Poema de Mao Tse-tung «Adiós al dios de la epidemia».

El éxito de la lucha contra la esquistosomiasis no fue solamente el resultado de un «plan inteligente». Fueron victorias de un nuevo sistema sobre uno antiguo, con un sistema de salud al servicio del pueblo. Todos aquellos que lo necesitaban desde un punto de vista médico fueron tratados, no sólo los más ricos. El imperialismo se basa en la explotación de la mayoría de la población mundial por una pequeña minoría, sólo tienen cierto interés en combatir las epidemias cuando un gran número de trabajadores están en peligro de muerte. Para los imperialistas, sin embargo, un número cada vez mayor de trabajadores son sólo «mercancías baratas» o «excedentes», sobre todo en los países oprimidos, por lo que la enfermedad como la esquistosomiasis, se «descuida». El inmenso esfuerzo para combatir las epidemias en China no es posible en el marco del imperialismo, en el que el primer interés es siempre exprimir más la mano de obra que los rivales. La riqueza de unos pocos aumentó sobre la base de empobrecer a la mayoría, condiciones fundamentales de la producción de enfermedades. La prevención fue de la mano con la elevación del nivel de vida de la población y la expropiación de aquellos que vivían de la explotación de otros. Para ello es esencial que la situación no sólo se aborde de manera médica, sino que se convierta en una campaña política de masas. Las masas deben luchar por sus propias victorias.

Patrullas anticaracoles en la República Popular China.

El hecho de que el número de casos esté aumentando de nuevo, es producto de que en la China actual el capital volvió a gobernar. La terrible pobreza y el retroceso ha vuelto al campo en muchos lugares (algo que China y Estados Unidos tienen en común). Pero el éxito de la construcción socialista no pudo ser completamente arrebatada a las personas que lucharon por ella.

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