Foto portada: Estantes vacíos en un supermercado de California (Fuente: Agricultura y Recursos Naturales, Universidad de California).

Mientras en Chile y el mundo las masas populares luchan tenazmente contra el hambre, la explotación y la miseria, desarrollando la protesta combatiente y la solidaridad de clase, los grandes capitalistas del mundo destruyen el trabajo socialmente producido para salir de su propia y podrida crisis de sobreproducción. Esto no es accidental ni un mero oscuro deseo de los grandes burgueses, sino que es la ley que rige el sistema que hoy sólo son capaces de imponer mediante la fuerza y el engaño, destruyendo las fuerzas productivas de la sociedad.

¡Que la crisis la paguen los ricos! ¡Sólo el pueblo ayuda al pueblo!

Noticia traducida por Periódico El Pueblo (nota introductoria nuestra) desde A Nova Democracia (Brasil), escrita por Matheus García da Silva.

«El avance de la crisis de sobreproducción, agravada por la pandemia del nuevo coronavirus, ha forzado en los últimos meses a los grandes capitalistas agrarios de los Estados Unidos (EE. UU.) a destruir sus plantaciones debido a la caída de las ganancias con el cierre abrupto de grandes consumidores, tales como escuelas, hoteles y restaurantes. Otras prácticas fueron el desparramado de leche y la ruptura de los huevos. Esto sucede mientras los estantes de los supermercados se están agotando y millones tienen hambre.

Muchos capitalistas agrarios optaron por destruir sus plantaciones en lugar de verlas pudrirse, porque incluso si se bajara el precio de la cosecha, sufrirían pérdidas debido a que el gasto en siembra, mantenimiento y transporte es mayor que el precio social promedio.

Por lo tanto, los principales capitalistas de Wisconsin y Ohio han derramado leche fresca en perfectas condiciones, parte de la cual fue vendida a multinacionales imperialistas, como Starbucks, que redujo el consumo en la pandemia. Enormes zanjas fueron excavadas por un capitalista en Idaho para enterrar 453 toneladas de cebollas. En el sur de Florida, una región que abastece a gran parte de la parte oriental de los EE. UU., los tractores pasan sobre los campos maduros de porotos y repollo.

A Dairy Farmers of America dice que los grandes capitalistas del campo están derramando más de 14 millones de litros de leche al día. Un solo procesador de pollo está destruyendo 750.000 huevos sin incubar cada semana.

Se han destruido miles de toneladas de porotos y repollo en el sur de Florida y Georgia (Fuente: The New York Times).

Algo que agrava la destrucción de verduras y hortalizas a una escala gigantesca es la forma en que los estadounidenses consumen esta comida: como comida procesada (en pizzas, hamburguesas, papas fritas) o cuando se hace en restaurantes. Esta es generalmente una opción más barata para los pobres.

Cebollas en Idaho esperando ser enterradas (Fuente: The New York Times)

A pesar de esto, mientras se destruye la comida, según Feeding America, 37 millones de estadounidenses mueren de hambre, se ven obligados a saltarse comidas, comer menos durante ellas, comprar alimentos de bajo valor nutricional, así como alimentar a sus hijos y no a ellos mismos.

Según la misma institución, uno de cada seis niños estadounidenses pasa hambre. Estas cifras se elaboraron antes de la crisis que estalló este año, que ciertamente arrastró a un gran número de las masas a una miseria aún mayor.

La destrucción de productos no es accidental. La ley del capitalismo en crisis de sobreproducción requiere que los capitalistas, al producir más de lo que las masas pueden comprar, no cedan ante los hambrientos. Esto se debe a que cuanto más hambre tienen los trabajadores, mayor es el número de personas que buscan comprar los productos, lo que gradualmente vacía los estantes y eleva su precio nuevamente (generando una «recuperación» parcial de la crisis). Es decir, el hambre de los pobres es la condición para que los capitalistas se enriquezcan nuevamente.»

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