Compartimos la traducción del artículo publicado en el sitio revolucionario New Epoch Media:

4 de abril de 2020

Recibimos el siguiente artículo del periódico teórico marxista “Vorbote” (“pionero”) de Austria traducido al inglés. Toma una postura en el asunto de l atención médica y la lucha de clases en medio de la “crisis del coronavirus» y desarrolla perspectivas importantes para los comunistas. El texto original en alemán se puede encontrar aquí.

La pandemia del coronavirus y la lucha de clases en el asunto de atención médica

Los acontecimientos globales en el curso del coronavirus revelan la profunda crisis política de la clase dominante y agrava tremendamente la crisis que está cargada de contradicciones que ya existe en la economía. Sin embargo, la actual situación política global está caracterizada por una agravación extremadamente veloz y extensa de la crisis general del capitalismo. El hecho de que la clase dominante en el despertar de la crisis también está aumentando la tendencia hacia el fascismo y utiliza cada vez más la vigilancia y la represión con la excusa de “combatir la crisis”, que está llevando a cabo un ataque sin precedentes a los derechos democráticos fundamentales en los últimos años, muestra claramente que la actual agravación de la crisis general también agravó la contradicción entre el proletariado, que es aliado de las masas, y la burguesía. Considerando la grave “crisis del coronavirus” política, el movimiento obrero plantea demandas y formula sus intereses contra el programa de crisis de la clase dominante y, además, también se han producido huelgas dirigidas independientemente y otras grandes medidas de lucha. En esta situación muchas organizaciones e iniciativas formulan demandas que más o menos corresponden a los intereses inmediatos de la clase obrera y el pueblo, pero no van más allá, no dirigen a un camino y por consiguiente ninguna dirección en la lucha de clase, apunta a derrocar a la burguesía. De este modo, finalmente subordinan la lucha política de la clase obrera a la burguesía, así que, no sólo son necesarias las demandas diarias inmediatas, sino también la dirección en la que la lucha de clases puede continuar. Por un lado, la situación actual expone las fuerzas del oportunismo y subordinación a la política burguesa; por otro lado, muestra que algunas fuerzas revolucionarias deben profundizar su conocimiento de la situación y mejorar su orientación clara y a largo plazo.

Finalmente, además de la lucha en contra de la fascistización y el alza de los costos de la crisis en las masas, la crisis del coronavirus también requiere la fuerza de la vanguardia del proletariado para lidiar con la cuestión de la salud y medicina dentro del capitalismo y el imperialismo, porque en este sector surgió el agravamiento actual de la crisis política. Además, recomendamos este artículo “La pandemia del coronavirus muestra la debilidad del viejo estado semifeudal y semicolonial del Ecuador” por colegas de Ecuador, los cuales fundamentalmente lidian con asuntos de la “crisis del coronavirus” y sus efectos en países semicoloniales. En el presente artículo queremos dar un enfoque fundamental a este asunto, por esta razón primero nos ocupamos de algunos asuntos de epistemología, luego, comentamos el surgimiento de la sociedad capitalista, la medicina moderna y el cuidado de la salud pública, con el fin de destacar el asunto de la salud del pueblo en la lucha de clases y desarrollar una orientación en este asunto. No presentamos aquí un análisis de la industria farmacéutica, ni también de la privatización de la sanidad pública en el capitalismo o la sanidad popular en el socialismo (todas ellas son ciertamente cuestiones muy importantes), sólo se comentarán marginalmente. Comentaremos este tema en el futuro, pero en la situación actual consideramos que es más importante, abordar el tema de manera más fundamental. Creemos que esto servirá a las fuerzas vanguardistas del proletariado de la mejor manera y les permitirá mostrar un camino, incluso en medio de sus luchas durante la crisis del coronavirus, la cual va más allá de las demandas inmediatas, necesarias y justificadas, y, por lo tanto, no sólo contraataca los actuales ataques de la burguesía a la clase obrera, sino que también impulsa la lucha por el derrocamiento definitivo del capital en la revolución proletaria. Sólo así se puede dirigir con éxito la lucha por un sistema de salud al servicio del pueblo.

Conocimiento y fuentes de verdad

En su primer paso, el conocimiento humano toma lugar como un movimiento de lo más bajo a lo más alto, de lo concreto a lo general, de lo simple a lo complejo. En un segundo paso, el conocimiento general se aplica de nuevo al análisis de fenómenos concretos, por lo que se puede obtener una comprensión más profunda del tema. El “movimiento del conocimiento” va casi de los concreto a lo general y de vuelta a lo concreto. El “proceso” del conocimiento puede resumirse de la siguiente manera:

“En cuanto al orden que sigue el movimiento del conocimiento humano, el hombre parte siempre del conocimiento de lo individual y particular para llegar gradualmente a conocer lo general. únicamente después de conocer la esencia particular de multitud de cosas distintas, el hombre puede pasar a la generalización y conocer la esencia común a las diversas cosas. Luego de haber llegado a conocer dicha esencia común, el hombre se sirve de este conocimiento como guía para seguir adelante y estudiar distintas cosas concretas que no han sido estudiadas todavía o que no lo han sido en profundidad, a fin de descubrir la esencia particular de cada una de ellas; sólo así puede acrecentar, enriquecer y desarrollar su conocimiento de dicha esencia común y evitar que este conocimiento se marchite o fosilice. Estos son los dos procesos del conocimiento: uno, de lo particular a lo general, y el otro, de lo general a lo particular. El conocimiento humano siempre avanza en forma cíclica y cada ciclo (si se observa estrictamente el método científico) puede elevar el conocimiento humano a una etapa más alta y hacerlo más profundo”.

Mao Tse-tung: “Sobre la Contradicción».

Estas “leyes del movimiento” del conocimiento son generalmente válidas, pero no suelen tener lugar rápidamente ni dentro de pocos meses, sino que duran épocas enteras, cuyo conocimiento se comprime en saltos y conduce al siguiente nivel superior. Friedrich Engels describe esto en una de sus principales obras, el “anti-Dühring”, usando el ejemplo de la biología y la fisiología. Aunque estos ejemplos dados por Engels pueden parecer un poco anticuados desde la perspectiva actual, la tercera edición (ampliada y mejorada) de la obra, que normalmente se utiliza hasta hoy, ya fue publicada en 1894, donde el cofundador del Marxismo muestra muy bien y de manera comprensible cómo se desarrolla el proceso del conocimiento, que en su curso invierte repetidamente las “viejas certezas”, de ahí que el “movimiento en espiral” mencionado anteriormente tome lugar:

“La segunda clase de ciencias es la que comprende la investigación de los organismos vivos. En este terreno se despliega una tal multiplicidad de interacciones y causalidades que toda cuestión resuelta, plantea una multitud de cuestiones ulteriores, y cada cuestión particular no puede generalmente resolverse sino a pasos parciales, mediante una serie de investigaciones que a menudo requieren siglos; y la necesidad de concepción sistemática de las conexiones obliga siempre y de nuevo a rodear las verdades definitivas de última instancia con todo un bosque exuberante de hipótesis. Piénsese en la larga serie de estados intermedios que han sido necesarios, desde Galen hasta Malpighi, para establecer correctamente una cosa tan sencilla como la circulación de la sangre en los mamíferos, o lo poco que sabemos del origen de los corpúsculos de la sangre, o la cantidad de eslabones intermedios que nos faltan, por ejemplo, para enlazar las manifestaciones de una enfermedad con sus causas en una conexión racional. Frecuentemente se producen además descubrimientos como el de la célula, que nos obligan a someter a una revisión total todas las verdades definitivas de última instancia registradas hasta el momento en el campo de la biología, y a eliminar para siempre un gran montón de ellas”.

Friedrich Engels: La revolución en la ciencia de Herr Eugen Dühring (más conocido como Anti-Dühring).

Como el compañero de lucha más cercano a Marx, Friedrich Engels fue uno de los cinco clásicos del marxismo (junto con Marx, Lenin, Stalin y Mao) y ciertamente no es un “postmoderno”. El postmodernismo niega la existencia de una verdad objetiva y, por lo tanto, por supuesto la posibilidad de reconocerla. Por lo contrario, el marxismo dice que en un proceso histórico de actividad humana el conocimiento humano se acerca más a la verdad objetiva y en este proceso el conocimiento de la verdad objetiva se desarrolla más y en profundidad. Pero, ¿cuáles son los criterios según los cuales se produce este movimiento espiral del proceso histórico? El marxismo enseña que existen tres criterios, específicamente: la lucha por a producción, la lucha por la experimentación científica y la lucha de clases. Según las condiciones objetivas, la gente saca su conocimiento de la verdad objetiva de estas tres fuentes. Debido a que estas tres fuentes se desarrollan en orden ascendente, se hacen más complejas (por lo tanto, más altas y completas) en el curso de la historia de la humanidad, el conocimiento obtenido de ellas se desarrolla de la misma manera. Por consiguiente, el conocimiento corresponde a las tres fuentes sociales de las que emergen. Al mismo tiempo, debido a que los nuevos conocimientos generales se vuelven a aplicar en lo particular, las fuentes se desarrollan aplicando sus propios resultados a sí mismas. Este también es el caso de la ciencia médica.

Las concepciones médicas han existido desde que los humanos comenzaron a separarse del reino animal. A fin de dar un resumen breve y muy general, cabe mencionar brevemente que tales opiniones se expresan en la sociedad primitiva (constitución de la gen) en términos primitivos y menos complejos en el «totemismo», en la sociedad esclavista («antigüedad») en la «doctrina de los humores» y en el feudalismo (ya en su transición al feudalismo tardío) en las diversas concepciones mecanicistas del «hombre como máquina» o «mecánica humana» [1]. Sin embargo, las formas de sociedad y las concepciones no deben considerarse como plantillas, porque lo nuevo siempre se desarrolla dentro de lo viejo, antes de ser superado por la lucha. Así como las relaciones de producción obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas, en el campo ideológico las viejas concepciones obstaculizan las nuevas concepciones (que expresan la potencia de las nuevas fuerzas productivas, aunque en sus inicios en su mayoría bastante inmaduras, como por ejemplo los primeros socialistas, fueron la expresión del primer proletariado) [2]. Todas las formas anteriores de la sociedad (excepto la sociedad primitiva) se dividían en diferentes clases y estratos sociales, había clases dominantes y personas dominadas. Y así es también en la sociedad moderna, en la etapa más alta que vivimos hoy en día: El capitalismo (hoy imperialismo), donde el proletariado (la clase obrera) y la burguesía (la clase capitalista) emergen como las clases principales, con el proletariado también surgió el marxismo, que significa socialismo científico, cuyo punto de vista sobre los asuntos de la medicina nos interesa, por lo que primero nos dirigimos al desarrollo de la sociedad moderna, el capitalismo, hoy imperialismo.

El surgimiento de la sociedad burguesa y el desarrollo de las ciencias

En su forma más temprana, el capitalismo se desarrolla sobre todo a través del capitalismo comercial. Sin embargo, sigue siendo muy limitado en cuanto a la subsumisión de los productores a sus necesidades, por lo que persiste dentro del feudalismo tardío («principios de la época moderna») durante mucho tiempo. Esto sólo cambia con la aparición del capitalismo industrial, este transforma radicalmente todas las condiciones de producción existentes, profundiza y extiende la división del trabajo, convierte a millones de pequeños propietarios y campesinos en obreros, es decir, proletarios, y los atrae al proceso de producción. El capitalismo industrial emergente, con esta expansión de su modo de producción, por el hecho de subsumir partes aún más grandes de la naturaleza y la sociedad, ya no puede existir junto al feudalismo. Por lo tanto, hace estallar el feudalismo en el proceso de las revoluciones burguesas, como la Revolución Francesa y las revoluciones de 1848. El nuevo modo de producción capitalista subordina completamente la naturaleza y la sociedad, de ahí la necesidad y el interés de comprender mejor las fuerzas productivas y los medios de producción para organizarlos, utilizarlos y explotarlos con mayor eficacia. Este es el prerrequisito para el increíblemente dinámico y explosivo desarrollo de las ciencias en el siglo XIX, desde alrededor de 1780 hasta alrededor de 1900. Las ciencias, liberadas de las cadenas del feudalismo y de las estrechas limitaciones del capitalismo comercial, están experimentando un desarrollo sin precedentes y tormentoso. De acuerdo con la lucha por la producción en el capitalismo industrial, el experimento científico manifiesta: la química moderna se desarrolla a partir del interés por hacer más productiva y calculable la agricultura, así como de las necesidades de la primitiva industria textil; dentro de la conservación industrial de los alimentos, surge la bacteriología, así como la investigación enzimática; la medicina tropical se desarrolla bajo la impresión de la explotación de las colonias, etc. El desarrollo de las ciencias es esa dinámica, en vista del rápido desarrollo de las fuerzas productivas, que no sólo surge una gran cantidad de nuevos conocimientos, sino que algunas ciencias se redefinen completamente, como la biología de Darwin, o se crean recientemente como disciplinas independientes, como la psicología. El desarrollo de las ciencias en esta época nos muestra muy bien que el conocimiento no es en primer lugar un tema de «genios», sino sobre todo un tema de los intereses existentes en la sociedad. Los intereses que surgen de las contradicciones de una sociedad, que se expresan en las «tres fuentes de la verdad», ponen en evidencia a las «personalidades destacadas» (el Sr. Darwin, por ejemplo, no pudo hacer mucho hace 300 años. Una forma específica de sociedad e intereses específicos eran necesarios para presentar una personalidad como él y ponerlo en el lugar, a partir del cual podía desplegar su papel de líder).

Históricamente, en la progresión de las formas de la sociedad de clase humana, es de esta manera: si una sociedad no tiene los prerrequisitos específicamente necesarios de las fuerzas productivas, no puede avanzar hacia una cierta complejidad de conocimiento. Según las tres fuentes de la verdad, la siguiente parte del proceso de conocimiento tiene lugar de acuerdo con lo que se ha comprobado hasta ahora: a través de la lucha de clases (revolución burguesa y aplastamiento del feudalismo) la lucha de producción ha alcanzado un nivel (modo de producción capitalista) que hace necesarios y posibles nuevos experimentos científicos. Los conocimientos adquiridos con estos nuevos experimentos científicos vuelven a enriquecer la lucha de clases y la lucha de producción, que se desarrolla con ello y expande su modo de producción.

Por supuesto, el surgimiento del orden social burgués y el explosivo desarrollo de las ciencias que lo acompaña corresponde al surgimiento de nuevas concepciones en la filosofía, ideas que corresponden a las fuerzas productivas y expresan las relaciones de producción capitalistas. Así, la burguesía ha puesto en marcha los métodos y concepciones modernas de la dialéctica (G. W. F. Hegel) y del materialismo (L. Feuerbach). Queremos abstenernos de mostrar los gigantescos e impresionantes efectos que esto tuvo para la filosofía en su conjunto y en definitiva ceñirnos al tema: la medicina. La dialéctica moderna y el materialismo en las ciencias han hecho posible, por primera vez hasta cierto punto, revelar la contradicción entre sus factores internos y externos, también en cuestiones de enfermedad y salud, tomar conciencia de ello hasta cierto punto y hacer retroceder las concepciones dualistas anteriormente predominantes al respecto. Esto vino acompañado de la necesidad general del capital de desarrollar nuevas concepciones y, por tanto, de centrarse en el ser humano desmitificado hasta cierto punto, porque el control de sus capacidades mentales y físicas se convirtió con el capitalismo en la cuestión central de la apropiación de la plusvalía, la forma capitalista de explotación, sólo el gasto del trabajo humano crea plusvalía. Este es creado por el proletariado, pero los capitalistas se lo apropian en privado, si quieren aumentar la plusvalía acumulada, tienen que profundizar la explotación y hacerla más «productiva», lo que requiere un cierto conocimiento del ser humano como poseedor de la fuerza de trabajo. Pero esto también era ya el límite de la medicina capitalista, porque el capitalismo no utiliza el conocimiento científico en beneficio del pueblo y del desarrollo integral de las fuerzas productivas, sino que sólo las subordina a los intereses y necesidades de beneficio del capital. Por esta razón, crea, por ejemplo, condiciones y posibilidades cada vez mayores para la erradicación de enfermedades, pero al mismo tiempo pone en peligro cada vez más la salud de las masas populares y hace posible, con su política, la aparición y la propagación de nuevas enfermedades y de enfermedades enteras.

La actual crisis política, agravada por la propagación del coronavirus, es un excelente ejemplo de ello. La epidemia fue minimizada y trivializada al principio, porque sólo golpeó a «los chinos malos». Eso continuó incluso cuando los primeros casos aparecieron en Europa, por ejemplo, la emisora estatal ORF [3] todavía informaba en su página web: «La verdadera gripe es más peligrosa que el coronavirus» (artículo del 28.1.2020). Sólo cuando el virus puso en peligro partes de la producción y, por lo tanto, los beneficios capitalistas, se vio obligado a tomar medidas y al mismo tiempo comenzó con el alarmismo.

La medicina y la salud pública como campos de batalla en la lucha de clases

El proletariado se unió a la burguesía en una cierta unidad de lucha contra el feudalismo, pues había un interés común por aplastar esta vieja sociedad de principados y aristócratas, quitándole sus estrechas cadenas. Pero después de que el feudalismo fue aplastado y el capitalismo prevaleció, la contradicción entre la clase obrera y la clase capitalista, es decir, la contradicción entre el proletariado y la burguesía surgió abiertamente, el cual, Marx y Engels lo describen muy bien en el «Manifiesto del Partido Comunista». En cualquier caso, con la toma del poder de la burguesía, las dos clases principales de la sociedad moderna, el proletariado y la burguesía, están en una lucha abierta entre sí. La burguesía estableció su democracia, la democracia burguesa, y así rompió la democracia para las masas populares y el proletariado con el fin de asegurar su propio poder. El hecho de que la burguesía tienda a negar la democracia para el pueblo no se ha resuelto con el imperialismo, sino que, como determina Lenin, incluso ha aumentado. La burguesía «tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción», y: «En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la «negación» de la democracia en general, de toda la democracia…» (Lenin: «Sobre la caricatura del marxismo y del ‘economismo imperialista'») Por lo tanto, incluso en la democracia burguesa más desarrollada, el proletariado siempre tiene que resolver también las tareas democráticas en la lucha por la revolución socialista.

La base de la lucha entre el proletariado y la burguesía es el proceso de producción del capital, porque allí el proletariado es explotado: vende su fuerza de trabajo al capitalista por un cierto salario, pero produce más valor por el gasto de la fuerza de trabajo que lo que necesita para recuperar su fuerza de trabajo. El salario que el trabajador recibe por su trabajo está destinado a asegurar la recuperación de su fuerza de trabajo, llamada reproducción. Los valores que produce adicionalmente van al bolsillo del capitalista. La clase obrera es por lo tanto expropiada de la plusvalía y la burguesía vive de ella. La salud de la fuerza de trabajo se convierte en un tema para el capital, porque sólo los trabajadores física y mentalmente moderados y sanos pueden producir la plusvalía que el capital necesita. Salvaguardar el mantenimiento de la salud de la fuerza de trabajo de la mercancía a un nivel mínimo se convierte así, en cierta medida, en una parte necesaria de la reproducción de la fuerza de trabajo para el capital, se convierte en una cierta «necesidad económica».

Ahora, los capitalistas individualmente están interesados principalmente en la explotación, en obtener el máximo beneficio posible, porque están en competencia con otros capitalistas (o grupos enteros de capital como los cárteles y los monopolios) y deben seguir siendo competitivos. Por lo tanto, el capital quiere seguir empujando el precio del producto de la fuerza de trabajo, lo que, por supuesto significa que la burguesía está desarrollando la tendencia a seguir dañando la salud de la clase obrera, hasta que apenas puedan seguir trabajando. Esta tendencia ha dado lugar a fenómenos sociales cada vez más numerosos, sobre todo en las ciudades, que Karl Marx describe con gran detalle en el segundo volumen del «Capital»: agravios en el sistema de alcantarillado de los barrios de la clase obrera y, por tanto, próximas epidemias, aparición de «enfermedades de los trabajadores» típicas de la época, como la tuberculosis y el raquitismo, etc. Esto puso al descubierto completamente el carácter de clase de la medicina burguesa, que les obliga continuamente a separar la teoría de la práctica y a reunirla sólo cuando el capital se beneficia de ella. La burguesía no practica la medicina al servicio del hombre, sino para explotar y suprimir a los explotados y oprimidos de manera más racional y eficaz. Los mejores representantes de la medicina del siglo XIX, que idealmente todavía ponían al «ser humano» en el centro de sus concepciones, se enfrentaron, debido a las condiciones sociales y a la brecha entre la teoría y la práctica de la medicina, a la contradicción con el orden social, que empobrece masivamente al proletariado. Analizar y superar esta situación desde el punto de vista médico no era del interés de los capitalistas individuales, que querían seguir explotando al proletariado, aunque estuviera en peligro por las enfermedades y las nuevas epidemias. La vieja concepción idealista de la medicina del capitalismo naciente («el ser humano» en el centro) entró en contradicción con el dominio de la clase burguesa, que perturbaba y obstaculizaba el desarrollo y la aplicación de los conocimientos médicos, ya que no tenía interés en explicar los nuevos fenómenos que «sólo afectan al pueblo». En una sociedad de clases, por supuesto, la medicina siempre tiene carácter de clase, con el desarrollo del capitalismo, esto también se hace cada vez más evidente. Así pues, con la creciente especialización, también metódicamente la materia se está convirtiendo cada vez menos en «el pueblo» per se, sino en grupos e individuos concretos de personas con cuadros clínicos específicos (que fueron causados por algo) en una sociedad concreta. Tanto los problemas que trata, la razón por la que lo hace, las formas en que se propone resolver un problema, etc., todo ello tiene carácter de clase y ha llevado a algunos médicos a una dura contradicción con el interés de clase de la burguesía. Friedrich Engels da un excelente ejemplo en una carta a Kautsky:

«En ‘Naturaleza’ se encuentra un discurso de John Simon, ante el Congreso Médico Internacional aquí en el que la burguesía es virtualmente puesta en el tapete por la ciencia médica. J. Simon es oficial médico del Consejo Privado, jefe virtual de toda la inspección de la salud pública de Gran Bretaña, y el mismo que es citado tan frecuentemente y con aprobación por Marx en ‘El Capital’, un hombre -quizás el último de los antiguos funcionarios realmente profesionales y concienzudos del período 1840-60 que, en el cumplimiento de su deber, encontró por todas partes que los intereses burgueses eran el primer obstáculo que estaba obligado a combatir. Por lo tanto, su odio instintivo a la burguesía es tan violento como explicable. Ahora él, un médico, al encontrar su propio campo especial invadido por la (…) burguesía y su movimiento anti vivisección, ha cambiado las tornas sobre ellos. En lugar de predicar sermones aburridos e incoloros como el de Virchow, se lanza al ataque comparando los pocos experimentos científicos realizados por los médicos en animales con los vastos experimentos comerciales realizados por la burguesía sobre las masas populares, situando así por primera vez el asunto en su verdadera perspectiva».

Friedrich Engels: «Engels a Kautsky en Zurich», 27 de agosto de 1881.

Cuanto más se subordinan la naturaleza y la sociedad a la burguesía, más se profundiza en la división del trabajo y, por tanto, en la socialización objetiva de la producción. Ningún producto es producido de principio a fin por una sola fuerza de trabajo, pero cada producto requiere miles de pasos y cientos de fuerzas de trabajo. Esto era válido en el capitalismo moderno del siglo XIX, y lo es aún más hoy en el imperialismo, donde los monopolios extienden sus cadenas de producción por todo el mundo y, además de los trabajadores de los países imperialistas, suprimen y explotan a millones como esclavos trabajadores (semi)coloniales. Con la socialización progresiva y objetiva de partes de la producción y la industrialización que la acompaña, un cierto grado de empobrecimiento masivo del proletariado se convirtió cada vez más en un obstáculo para la producción, que requería cada vez más habilidades y conocimientos. Al mismo tiempo, se desarrolló el movimiento obrero moderno, que luchó por sus intereses con creciente determinación y mejor organizado.

Para que el proletariado y las masas populares pudieran trabajar y hacer más productivo su trabajo, también la reproducción de la fuerza de trabajo debía ser socializada en cierta medida, la educación y la salud no se dejaban cada vez más a menudo en manos de los capitalistas únicos o incluso de las familias proletarias, sino que se entregaban a los países o al Estado. Este proceso era muy competitivo y se convirtió en una cuestión importante en la lucha de clases, que podría hacer valer sus intereses en el ámbito de la socialización parcial de la reproducción, incluido el inicio de la asistencia sanitaria pública. El movimiento obrero moderno representó sus propios intereses frente a este desarrollo objetivo, y a través de grandes y prolongadas luchas y reivindicaciones, logró que los servicios públicos de educación y salud fueran concedidos más de lo que los capitalistas consideraban necesario. Así que el movimiento obrero luchó con éxito para que se llevaran a cabo ciertas reformas en el sistema educativo y en la atención pública de la salud. En la lucha de clases, las demandas en este sentido se convirtieron cada vez más en temas clave dentro de los movimientos de masas. Debido a que el proletariado se enfrentaba continuamente al peligro de epidemias por sus miserables condiciones de vida, la burguesía sólo se interesaba por ello cuando sus beneficios estaban en peligro, la legislación moderna sobre epidemias era, por supuesto, un importante campo de batalla entre la clase gobernante y el movimiento proletario. Las preocupaciones se centraban en el carácter de la atención pública de la salud y, en general, siguen siendo válidas hoy en día. La lucha contra la emergente epidemia de cólera, que fue dirigida en 1908 por Viktor Adler, líder de la Socialdemocracia austriaca, puede recordarnos en algunos puntos cómo la clase dominante se enfrenta al Coronavirus 2020:

«…la ley de la epidemia, una ley que muy pronto puede tener una importancia lamentable, porque, señores, el cólera está en marcha; no se sabe si lo contraeremos este año o el próximo, pero estamos amenazados por él, está en marcha y el departamento de servicios médicos se enfrenta a este peligro con reglamentos anticuados. Ahora hay una ley de epidemia que no puede satisfacer o inspirarme; es insuficiente en muchos sentidos, sobre todo porque no hace nada por la sanidad, por la profilaxis, sino sólo por la defensa y el aislamiento, si ya hay una plaga».

Viktor Adler: «La postergación de la ley de la epidemia».

La concentración de la salud pública era muy competitiva entre el proletariado y la burguesía, y así como al proletariado le interesaba la mejor reproducción general posible de su fuerza de trabajo, a la burguesía le interesaba asegurar que la salud pública sólo cubriera lo que se necesitaba de inmediato para «reparar» la fuerza de trabajo de la mercancía, de modo que pudiese seguir trabajando. Antes de que se desarrollara la sanidad pública, la reproducción se dejaba al proletariado en privado, a veces también a capitalistas únicos, parroquias o «benefactores». Las condiciones de la salud eran por lo tanto muy malas, lo que provocaba la rebelión y la resistencia del proletariado, y su desarrollo era muy desigual, lo que a su vez significaba que la burguesía no podía imponer a las fuerzas de trabajo un nivel de reproducción que era en promedio necesario para los intereses de la explotación capitalista. En 1844, Karl Marx señaló que este aspecto de falta de uniformidad y descuido:

«El «prusiano» pone, además, a la cuenta del apoliticismo germano, el que el rey de Prusia atribuya el pauperismo a una deficiencia administrativa y de la beneficencia, y, por consiguiente, busque su remedio en medidas administrativas o caritativas.
Este análisis es propio del Rey de Prusia? Volvamos a observar brevemente a Inglaterra, el único país en el que ha habido una gran acción política contra el pauperismo digna de mención.
Las actuales leyes inglesas contra la pobreza se remontan al Acta 43 del gobierno Isabelino. ¿Cómo se propone esta legislación para tratar el pauperismo? Obligando a las parroquias a apoyar a sus propios trabajadores pobres, la tasa de los pobres, la caridad legal. Caridad dispensada por la administración: este ha sido el método vigente durante dos siglos. Después de largas y dolorosas experiencias, ¿qué punto de vista adopta el Parlamento en su proyecto de enmienda (Amendment Bill) de 1834?.
Por lo pronto explica el terrible aumento del pauperismo por una «deficiencia administrativa».
Así que reforma la administración de la tasa de pobres, formada por funcionarios de las respectivas parroquias. Las parroquias son agrupadas aproximadamente de veinte en veinte en «sindicatos» que, a su vez, forman una administración única».

Karl Marx: «Notas críticas al artículo: El Rey de Prusia y la Reforma Social. Por un prusiano».

El Estado, al que se dejan las áreas socializadas de la reproducción, no es una «autoridad neutral» que existiría por encima de las clases, sino que es el Estado de la burguesía, un Estado burgués que también sirve a los intereses de los capitalistas. Su función en el sector de la reproducción es que el sistema de salud asegure una cierta reproducción de la fuerza de trabajo de la mercancía, pero sólo en esa medida, ya que corresponde al «interés general» de los capitalistas. El proletariado, en cambio, está interesado en ir más allá de este mínimo y aumentar el valor de sus fuerzas de trabajo. Con el control de la sanidad pública y, por tanto, también del sistema de seguridad social, la burguesía consolidó su control y administración sobre el pueblo y, especialmente, sobre el proletariado. El «problema» para el Estado burgués es, sin embargo, que no hay plusvalía de la reproducción [4], sino que es simplemente el requisito previo para producir plusvalía en la producción. Por lo tanto, la burguesía debe aceptar un cierto desarrollo y centralización del sistema público de salud, pero al mismo tiempo debe desarrollar siempre nuevas ambiciones para repercutir los costos de la reproducción de la mercancía fuerza de trabajo sobre los trabajadores y el pueblo. Los costes que el trabajador incurre en la salud son similares a la renta o al simple pago de un pequeño comercio. Marx explica:

«Pero la explotación del trabajador comienza de nuevo tan pronto como cambia el precio de su trabajo por otras mercancías. – Epiciador [minorista], prestamista, propietario [dueño de casa], todos lo explotan de nuevo».

Karl Marx, «Salarios».

La burguesía está desarrollando un doble interés contradictorio aquí: Por un lado, necesita cierto sistema de atención de salud pública que asegure un nivel mínimo de reproducción general, a fin de contar con una fuerza de trabajo capaz de trabajar adecuadamente, que también produzca una cantidad decente de plusvalía. Y, por otro lado, tiene que controlar la reproducción social de estas fuerzas de trabajo a través de su aparato estatal (oficinas, autoridades, etc.), lo que se convierte en una cuestión de suma importancia cuando el sistema sanitario se entrega al sector público. Por otra parte, la burguesía debe esforzarse constantemente por reducir y disminuir los costos de reproducción en la medida de lo posible, porque la reproducción de la fuerza de trabajo es sólo un mal económicamente necesario para ella. Desde su punto de vista, debe ser lo más barata posible y, en la medida de lo posible, limitarse a las necesidades básicas.

El proletariado y las masas populares también están desarrollando un interés en la reproducción parcialmente socializada en forma de sistema de salud pública. Para ellos, mantener y aumentar su salud también significa que pueden vender su fuerza de trabajo, lo que significa obtener el mayor precio posible por ella. Además, en la lucha de clases, la salud del pueblo en general es también una cuestión de la capacidad de lucha inmediata de las masas. El proletariado también puede dirigirse a otras cosas, como la educación y la actividad política, si puede entregar partes de la reproducción privada al público. Lo que puede derivarse de esto es que el proletariado y las masas, al contrario que la burguesía, tienen interés en expandir el sistema de salud pública tan extensamente como sea posible. Ahora bien, la burguesía no gestiona las partes socializadas de la reproducción a través de su Estado, porque quiera, sino porque tiene que hacerlo. Dado que la burguesía se esfuerza constantemente por reducir los gastos de la salud pública en el pueblo y el proletariado, el segundo interés del proletariado y del pueblo es, por una parte, financiar el sistema de salud pública de manera que no implique una carga adicional. Si el mantenimiento general del sistema de salud pública o su expansión se financia a expensas de la clase obrera y del pueblo, esto significa que los trabajadores deben soportar además la recuperación de su propia mano de obra, que es explotada por el capitalista. Así que eso profundizaría la explotación. Ni el pueblo ni el proletariado están interesados en esto. Por otra parte, además del interés por un sistema de salud pública lo más organizado y ajustado posible, al proletariado le interesa no ser controlado por el Estado burgués y administrado por los capitalistas. Porque la administración y la organización de la reproducción de la fuerza de trabajo debe estar en manos de los dueños de la fuerza de trabajo, de la clase obrera, sólo entonces se reproducirá según sus necesidades. Por lo tanto, el pueblo, con el proletariado a la cabeza, debe dirigir la lucha por el mantenimiento y la expansión de la salud pública, pero al mismo tiempo debe luchar para que no cargue con los costos y para que no sea controlado y administrado por el Estado burgués al servicio de los capitalistas. Es la única manera de asegurar que estas partes de los costos de la reproducción sean asumidos por la burguesía.

Dentro del movimiento obrero internacional del siglo XIX, esta complicada relación causó cierta confusión y por lo tanto también desviaciones de la línea proletaria, especialmente en Alemania esta cuestión causó una gran lucha dentro del movimiento obrero, por lo que queremos retomar este ejemplo aquí. A pesar de que estaba claro y absolutamente implementado luchar por un sistema público seguro y de salud, no había ninguna duda al respecto. Pero los «socialistas de estado» de Ferdinand Lassalle, que simplemente rogaban al estado burgués y pedían ayuda, tampoco fueron más allá. No entendieron que la lucha por un sistema público seguro y de salud en esta situación sólo podía ser el primer paso, con el que el movimiento obrero no podía contentarse, ya que de lo contrario habrían delegado toda la administración y el control de la reproducción de su fuerza de trabajo al Estado burgués, lo que significa que el sistema de seguridad y de salud no está orientado a las necesidades reproductivas del pueblo y de la clase obrera, sino a los intereses del capital en lo que respecta a la reproducción de la fuerza de trabajo de la mercancía. Todavía vemos esta línea hoy cuando, en medio de la «Coronacrisis», muchos supuestos «partidos obreros» y «organizaciones de trabajadores» no desean ir más allá de las demandas inmediatas justificadas de la protección de la salud de las personas, se detienen en este punto y sólo delegan todo lo demás al Estado burgués. La desviación exactamente opuesta a los Lassalleanos fueron las fuerzas liberales del movimiento obrero. Tenían tanto miedo del Estado burgués y tan poca comprensión de la lucha de clases, que aconsejaban a los trabajadores y al pueblo contra la lucha por un sistema de salud pública segura y en su lugar predicaban » la autoayuda y la autosuficiencia». ¡Esto iba de la mano con los llamados a la clase obrera a ser lo más austera y dispuesta a la privación como sea posible, para que pudiera dominar las cargas financieras y la administración en materia de salud y seguros sin la intervención del Estado burgués! Por supuesto, esto era extremadamente revolucionario, y obstaculizaba la unificación nacional de la clase obrera, así como el progreso en la lucha por una solución a la cuestión de la salud y el seguro en el sentido del proletariado, el cual, con las propuestas de los liberales, asumía todos los costos reproductivos en la propia cuestión de la salud e incluso aumentaba su propia explotación. Como muchos trabajadores en Alemania en ese momento odiaban justificadamente la creencia de Lassalle en el Estado burgués (prusiano), los liberales tuvieron éxito durante cierto tiempo con su agitación perjudicial y hostil a las clases. Una línea similar se puede encontrar todavía hoy en día, por ejemplo, entre los anarquistas y otros estadofóbicos similares, que resultan así ser herederos de la burguesía liberal e, incluso frente al Coronavirus, se agitan contra el supuesto «fortalecimiento del Estado» cuando se trata de medidas inmediatas para proteger la salud del pueblo. Karl Marx y Friedrich Engels ya luchaban por una solución correcta a la confusa cuestión de un sistema de atención de salud pública y de un sistema seguro. Sin embargo, para la situación actual, la resolución de Lenin y los bolcheviques, de la que nos ocuparemos a continuación, da una enseñanza particularmente importante.

La línea proletaria en la lucha por el cuidado de la salud

¿Es la lucha de clases por la atención de la salud esencialmente una lucha económica por las condiciones de venta de la fuerza de trabajo de mercancías, que es principalmente un asunto de los sindicatos? Por supuesto que no, aunque a menudo parece así en la política diaria. Evidentemente, el movimiento obrero también plantea reivindicaciones inmediatas en materia de salud de las personas, como las que se están planteando hoy en día en la crisis política (Coronacrisis), que en muchos aspectos tienen el carácter de la lucha económica y, sobre todo, se orientan de forma inmediata, por lo que se trata de «reivindicaciones inmediatas». Sin embargo, el carácter general de la cuestión de un sistema público de atención de salud y de seguros no es sólo la cuestión económica de cómo financiar la reproducción de la mano de obra de los productos básicos y las condiciones importantes para su venta, sino también la cuestión de quién distribuye los fondos, la aprobación de determinadas terapias, la aprobación de los fondos, el manejo de los datos de los pacientes, etc. La importancia de esta cuestión para el pueblo y especialmente para la clase obrera puede ilustrarse claramente con la pregunta sobre el seguro de enfermedades profesionales: El seguro está en manos del aparato estatal burgués y en parte de capitalistas privados. Su interés es que se pague lo máximo posible, pero que se desembolse lo menos posible, lo que significa que el número de reclamos de seguro es continuamente reducido. Por supuesto, algunas de las enfermedades laborales cambian y otras desaparecen completamente con el tiempo, porque los materiales de trabajo y los perfiles de trabajo completos cambian. Al mismo tiempo, surgen nuevas enfermedades laborales, debido a nuevas profesiones, nuevos materiales de trabajo, etc. Sin embargo, el número de enfermedades profesionales reconocidas en Austria en 1975 disminuyó de 2.603 a 1.569 en el año 2013, ¡lo que significa que hay 1.000 enfermedades profesionales menos reconocidas! Con esta reducción, el número de solicitudes de seguro ha disminuido drásticamente durante este período, de 208.417 a 123.827. ¡Es la clase obrera y la gente que sufre porque sus enfermedades de origen profesional son cada vez menos reconocidas como tales, lo que significa nada más que la cobertura del seguro está empeorando! No es diferente en cuanto a la cuestión de quién decide, por ejemplo, sobre el aumento anual de las franquicias de los artículos terapéuticos cotidianos, como las ayudas visuales. Especialmente para los niños, donde estas formas de terapia tienen el mejor efecto y la mayor probabilidad de ser utilizadas, los deducibles para las ayudas visuales son actualmente los más altos, ¡al menos 104,40 euros por pieza! ($91.951) La clase obrera sufre de este tipo de medidas, es explotada y violentada. Aquellos que sólo quieren que el sistema de salud pública tenga más oferta, pero no plantean la cuestión del control y la administración, ¡siguen entregando a la clase obrera a estas condiciones! Debido a que el sistema de seguros está empeorando, las masas deben pagar más y más partes de los tratamientos y terapias de sus propios bolsillos. ¡Los costos de los gastos privados de salud en Austria aumentaron de 6.600 millones a 11.300 millones en el período entre 2005 y 2017!

La lucha por la salud pública es a la vez una lucha económica y obviamente una lucha que debe establecer objetivos políticos explícitos de control y organización (competencias de poder), porque de lo contrario permanecerá completamente inoperante a largo plazo y el proletariado y las masas permanecerán bajo el control de la burguesía. Con mucha frecuencia esto es pasado por alto por las fuerzas oportunistas del movimiento obrero y popular. Una de las cuestiones básicas del cuidado de la salud es la relacionada con el seguro, especialmente para el proletariado, pero también para los pueblos. Mientras persista el orden capitalista, el trabajador es explotado. Tiene que vender su mano de obra como una mercancía, ya que no tiene nada más que pueda llevar al «mercado» y del que pueda vivir a largo plazo. Esta mano de obra es explotada y desgastada por el capitalista, porque las condiciones de trabajo dictadas por el capitalista conducen a accidentes y a un prematuro deterioro físico y psicológico de la mano de obra. Especialmente con el actual agravamiento de la crisis general del capitalismo. Sólo con el desarrollo del socialismo, en la dictadura del proletariado, como resultado de la lucha de clases, la fuerza de trabajo terminará siendo una mercancía, porquebajo la dirección de la clase obrera se implementará no sólo una nueva sociedad sino también un nuevo modo de producción. En el socialismo, no sólo se llevará a cabo la lucha de producción por el bien de la sociedad, sino que el conocimiento del experimento científico se pondrá en manos de la clase obrera. Pero hasta entonces, la clase obrera debe mantener su fuerza de trabajo tan capaz como sea posible, de lo contrario «se cae del mercado», porque el capitalista ya no se beneficia de él. El proletariado necesita por lo tanto un seguro. Pero, claro está, la clase dominante trata de arreglar las cosas de tal manera que el seguro sirva a sus propios fines, y no está en manos del proletariado y del pueblo, sino que es utilizado por la burguesía y sus autoridades para chantajear y explotar a la clase obrera. ¡La lucha debe dirigirse contra eso, por la auto-administración del seguro por la clase obrera y el pueblo!

No se trata sólo de revertir la reforma del seguro de salud turquesa/azul [5], sino que a mediano y largo plazo también se trata de eliminar la interferencia de la clase dirigente en el seguro público en absoluto! En el marco de la lucha democrático-revolucionaria en Rusia, Lenin llamó a un seguro estatal para la clase obrera y el pueblo, con el seguro administrado por los propios afiliados y las contribuciones pagadas por los capitalistas y el Estado burgués. Estas reivindicaciones fueron reconocidas como orientación programática en la sexta conferencia del Partido Obrero Socialdemócrata (más tarde, el Partido Comunista) y, por lo tanto, fueron calculadas como guía en la lucha de clases durante un período más largo. Esta orientación permite a la clase obrera adoptar una línea independiente en el tema de la salud sin caer en las limitaciones y el conservadurismo de un Lassalle o en las opiniones reaccionarias de los liberales sobre este tema. La línea roja de Lenin sacó lecciones de la lucha de clases en el tema de la salud. Hoy en día, los funcionarios del seguro público son subordinados de los partidos burgueses, funcionarios del aparato estatal capitalista. Por el contrario, los responsables de los seguros deben convertirse en empleados de las masas. Deben poder ser elegidos y anulados y deben rendir cuentas de sus actividades a la clase obrera y al pueblo, los propios asegurados.

Todo el sistema de salud pública estará subordinado a estas instituciones de seguro en manos de las masas, bajo la dirección del proletariado. Las propias masas populares saben lo que es bueno para ellas y llevarán a cabo la reproducción de su fuerza de trabajo de acuerdo con ellas mismas, en las mejores condiciones posibles. La totalidad de los gastos de seguro deben ser pagados por los capitalistas. ¡Todos los costos de los seguros deben ser eliminados para la clase obrera!

Quien afirme que esas reformas «no son posibles» debe ocuparse de la historia de la autoadministración de la asistencia social. No imaginamos estas cosas, pero ya se han hecho realidad en diferentes países, combatidas por el proletariado, especialmente en los años 1918/19 (También en Austria este logro alcanzó un nivel relativamente alto). Sin embargo, estos logros fueron arrebatados al proletariado bajo la dirección de la socialdemocracia y puestos en manos del estado burgués. Cuestiones similares sobre los logros democrático-revolucionarios de las masas y el proletariado han acompañado todas las revoluciones y han anunciado las victorias del proletariado y sus aliados. Hay ejemplos de esto en las fábricas, en los servicios de seguros, en la agricultura, en el ejército, en la educación, etc. Porque dondequiera que el proletariado y las masas se mueven, según las condiciones específicas, realizan sus intereses, donde también las reivindicaciones democrático-revolucionarias son una parte importante. Por lo tanto, no hay razón para que las demandas de tales reformas sean «imposibles», a menos que uno sea pusilánime y desconfíe de las masas. Es cierto que tales demandas no se lograrán si el proletariado y el pueblo no se organizan como una poderosa fuerza revolucionaria, es cierto que tales reformas sólo pueden lograrse mediante la lucha de clases, por lo que muchas fuerzas pequeñoburguesas y reformistas las rechazan…

La orientación hacia una meta democrático-revolucionaria no sólo prepara al proletariado y a las masas para victorias aún mayores, sino que también es importante para lograr sus objetivos en la iniciativa revolucionaria y para establecer «fortificaciones» alrededor de las cuales las masas puedan reunirse y consolidarse, para luego seguir avanzando. El proletariado aprenderá mucho en el curso de su lucha, en la que se orienta como subproducto también hacia tales reformas y se preparará así para las batallas decisivas para la victoria del socialismo. Por lo tanto, es inevitable que el Partido Comunista tenga también un programa democrático-revolucionario que responda a las diversas cuestiones de la lucha cotidiana y que muestre al proletariado y a las masas el camino más allá de sus grandes y justificadas exigencias cotidianas en dirección a la revolución proletaria, ¡en dirección al socialismo!

¡Seguro social bajo la autoadministración de la clase obrera y el pueblo!
¡Elegibilidad y posibilidad de anulación de los empleados de la seguridad social por parte de los asegurados!
¡Transferencia de todo el sistema de salud pública al sistema de seguridad social autoadministrado!
¡Liquidación de todos los costes de los seguros y de la sanidad pública por los capitalistas y el estado burgués!

Vorbote [Pionero], marzo de 2020

1. Al mismo tiempo, esto no significa que todo lo que se obtuvo como conocimiento en formas previas de la sociedad sea malo o inferior sólo porque hoy tenemos un conocimiento más alto. Algunos conocimientos están adelantados a su tiempo porque proporcionan conocimientos y conclusiones correctas del material encontrado, pero las condiciones generales de la sociedad aún no están listas para integrar estos conocimientos firmemente en sí mismas. Así ocurrió, por ejemplo, con la forma primitiva del microscopio, que ya se utilizaba en forma de cristales por la medicina islámica pero que más tarde se olvidó, o las tesis sobre los átomos en la antigua Grecia, que, por supuesto seguían siendo muy idealistas, pero que también apuntaban en la dirección correcta y que posteriormente fueron enterradas durante miles de años. Sin embargo, se trata siempre de hallazgos y percepciones individuales, no de concepciones enteras de disciplinas científicas, como la biología con el ejemplo de Darwin, que ciertamente requieren una cierta complejidad de las relaciones de intercambio social como condición previa.

2. El socialismo es un excelente ejemplo del creciente desencadenamiento de la ciencia con una forma social creciente. Sólo con la dictadura del proletariado prevalecieron las condiciones en la Unión Soviética hasta el año 1956 y en China hasta el año 1976, que hicieron avanzar a las personas a niveles más altos en la lucha de clases, en los experimentos científicos y en la lucha por la producción: no en vano la neurología contemporánea encuentra sus fundamentos en la Medicina de la Unión Soviética, así como el conocimiento fisiológico de la actividad del cerebro de Iwan P. Pawlow, quien hizo grandes avances en la Unión Soviética, lo que supuso un salto en la historia de la ciencia: «Se puede decir que el inexorable avance de la ciencia desde los tiempos de Galileo mostró el primer signo claro de un paro cuando se enfrentó al problema del cerebro». (IP Pavlov de: Dr. K. Keltschejew: «El legado de Pavlov»). Por otra parte, los logros de T. D. Lyssenko en biología han sido ignorados y se han reído de ellos en el imperialismo durante décadas. Hoy en día, algunas de sus tesis más importantes se confirman en la forma de la joven ciencia de la epigenética… Por lo tanto, cabe señalar que el socialismo, como forma de sociedad históricamente más avanzada que el capitalismo, también produce la forma más avanzada y compleja de conocimiento científico.

3. ORF significa Österreichischer Rundfunk, «Radiodifusión Austríaca», canal público de radio y televisión de Austria.

4. No hay plusvalía de la reproducción, eso es correcto. Sin embargo, cada vez hay más empresas capitalistas privadas en el sector de la salud que están exacerbando la crisis duradera del sistema público capitalista de salud (por ejemplo, eliminando las camas de cuidados intensivos, como hicieron los 50 hospitales privatizados de la zona metropolitana de Madrid, que ya no tenían la capacidad de llevar a cabo los difíciles cursos del Coronavirus, para tratar enfermedades y así contribuir a la situación). Sin embargo, la plusvalía que el capital estatal y privado se apropia en el sector de la salud surge en los procesos «próximos» (o anteriores y posteriores) al tratamiento, no a través de él. El tratamiento científicamente al menos apropiado y correcto de los casos es cada vez menos importante, ya que los tratamientos, es decir, la reproducción en sentido estricto, se están convirtiendo cada vez más en un tema secundario en el sistema sanitario gestionado por las empresas. La ciencia social burguesa describe este desarrollo del sector de la reproducción principalmente como «economización».

5. Esta reforma del seguro fue una reforma antipopular en el sistema de salud, lo que se implementó lanzó al último gobierno del Partido Popular Austriaco (Partido conservador) y del Partido de la Libertad de Austria (Partido de la «derecha») en el año 2019.

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