Karl Marx y Friedrich Engels hacia 1848.

DE KARL MARX AL MARXISMO – Lucha de clases, lucha de dos líneas y línea de masas

Por NÚCLEO DE ESTUDIOS DE MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO, Brasil
Traducido por PERIÓDICO EL PUEBLO

Nota de los traductores: El texto “De Karl Marx al marxismo – Lucha de clases, lucha de dos líneas y línea de masas”, fue escrito por el Núcleo de Estudios de marxismo-leninismo-maoísmo y publicado por partes en el periódico brasileño A Nova Democracia, como contribución a la conmemoración de los 200 años del nacimiento de Karl Marx.

La primera parte del texto apareció publicada en el número 207, correspondiente a la primera quincena de abril de 2018. El texto completo se publicó en 11 partes, hasta el número 231, de marzo de 2020.

Para la presente edición hemos traducido el texto desde el portugués, a excepción de las citas de textos marxistas que, en lugar de traducirlas desde el texto en portugués, las hemos ubicado directamente en las ediciones en castellano y desde ahí las hemos introducido.

Periódico El Pueblo, junio de 2020.

Nota de la redacción de A Nova Democracia: El presente texto es la primera parte de un gran e importante estudio realizado por el Núcleo de Estudios de Marxismo-leninismo-maoísmo para proporcionar a los lectores de AND una comprensión profunda de cómo Marx y Engels formularon su teoría, siempre inmersos en la práctica de la lucha de clases; qué camino recorrieron y qué métodos aplicaron para llegar al marxismo como ideología científica del proletariado.

Práctica, camino y método que posteriormente sería aplicado por sus continuadores Lenin, Presidente Mao y Presidente Gonzalo a las realidades concretas y particulares de sus respectivos países y procesos revolucionarios.

Por tratarse de una obra extensa y de gran importancia, AND la publicará en varias partes.

«La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés». – Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo

«El marxismo consiste de miles de verdades, pero todas se reducen a una frase: ‘La rebelión se justifica’” – Presidente MaoTsetung, Discurso en Yenán por motivo da celebración del aniversario de Stalin

«En síntesis, la ideología del proletariado, la gran creación de Marx, es la más alta concepción que ha visto y verá la Tierra; es la concepción, es la ideología científica que por vez primera dotó a los hombres, a la clase principalmente y a los pueblos, de un instrumento teórico y práctico para transformar el mundo. Y todo lo que él previera hemos visto cómo se ha ido cumpliendo. El marxismo se ha ido desarrollando, hemos devenido marxismo-leninismo y hoy marxismo-leninismo-maoísmo y vemos cómo esta ideología es la única capaz de transformar el mundo y hacer la revolución y de llevarnos a la meta inclaudicable: el comunismo».– Presidente Gonzalo, La entrevista del siglo

El gran Friedrich Engels afirmó que el marxismo era una necesidad histórica y que, por su parte, Karl Marx era una casualidad. Esa afirmación abarca una profunda comprensión materialista dialéctica de la historia y constituye un importante punto de partida para analizar la génesis del marxismo. Se trata, en rigor marxista al fin y al cabo, de la relación entre jefes – partido – clases y masas, como posteriormente fue sistematizado por el camarada Lenin. También se trata de la relación entre jefatura y el pensamiento guía que la sustenta, como lo ha establecido el Presidente Gonzalo.

La afirmación de Engels nos muestra que la ideología científica del proletariado necesariamente sería sistematizada, porque en definitiva, esta ideología representa el reflejo necesario en la conciencia social, de la lucha de clases antagónicas entre la burguesía y el proletariado. En particular, la lucha de clases se refleja en el curso del desenvolvimiento del movimiento obrero y de su partido revolucionario, el Partido Comunista, como lucha de dos líneas. Cuando Engels habla de casualidad, quiere decir que si no hubiera sido Marx el sintetizador de esa ideología científica, necesariamente recaería en otro revolucionario proletario esa ardua tarea.

EL MARXISMO COMO NECESIDAD HISTÓRICA

El marxismo, por lo tanto, no es producto exclusivo de la genialidad de este titán del proletariado llamado Karl Marx. El marxismo es fundamentalmente el producto de la lucha de la clase obrera contra la burguesía y el capitalismo en Europa, entre fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. El marxismo es, también, producto de la lucha de dos líneas que se dio en la dirección del movimiento obrero europeo y del Partido Comunista de la época. Y al individuo Karl Marx le fue posible sistematizar esta ideología, no sólo porque desde el inicio se unió al movimiento proletario, sino sobre todo por haber sido el fundador del Partido Comunista que en ardua lucha de dos líneas derrotó, durante años, las posiciones pequeño-burguesas y utópicas de Proudhon y Blanqui, la posición anarquista pseudo-científica de Bakunin y la influencia reformista de Lassalle en la socialdemocracia alemana.

La lucha de clases no solo fue el impulso inicial de la ideología científica, el pensamiento de Marx se desarrolló, completó y transformó en marxismo porque siempre estuvo fundida con la práctica, la lucha y todas las vicisitudes de la clase obrera.

Como parte de la genialidad de Marx está su manejo de la línea de masas, verdadero sello de clase en su teoría del conocimiento. Marx supo sistematizar las ideas dispersas del proletariado europeo y supo ver, detrás de sus consignas espontáneas, la solución histórica para los desafíos estratégicos de la revolución proletaria.

La Liga de los Comunistas, el Manifiesto del Partido, las revoluciones de 1848 y las luchas de clases en Francia

Después de haber sido expulsado de Alemania en 1843 por el gobierno prusiano, y poco tiempo después en 1845, en Francia, Marx junto con Engels y un pequeño grupo de comunistas se instalan en Bruselas, capital de Bélgica. Allí conformaron el llamado Comité de Enlace, que actuaba conjuntamente a otras organizaciones obreras alemanas y francesas, principalmente.

A inicios de 1847, Marx y Engels fueron invitados a ingresar a la Liga de los Justos, organización clandestina de obreros alemanes cuya actuación se daba principalmente en el extranjero, particularmente en París y Londres.

La Liga de los Justos, ideológicamente, estaba influenciada por el socialismo pequeño-burgués de Proudhon y, desde el punto de vista práctico, por los métodos putchistas de Auguste Blanqui, con cuyo grupo habían actuado en la rebelión de 1839 en París. Marx y Engels y su pequeño grupo establecido en Bruselas, ingresaron en la Liga de los Justos como una fracción roja en los dos Congresos realizados en 1847. Entablan allí una victoriosa lucha de dos líneas, particularmente contra la influencia proudhonista que representaba la posición de derecha en el movimiento obrero francés. 

A inicios de aquel año, Marx había publicado Miseria de la Filosofía que, según Lenin, es la primera obra madura del marxismo. En este importante trabajo, que fue una respuesta al libro Filosofía de la miseria de Proudhon, Marx atacaba las concepciones idealistas de la economía política proudhoniana, así como su visión pequeñoburguesa de sólo ver al proletariado en su condición miserable de vida. Y también en esta obra, Marx desenvuelve el concepto de antagonismo en su dialéctica materialista.

El II Congreso de la Liga, realizado a fines de 1847, tuvo una duración de más de diez días y contó con la dirección personal del gran Marx, que pudo responder cada una de las dudas de aquellos militantes proletarios, explicando así para aquella vanguardia los principios del socialismo científico, esto es, los principios del comunismo. Este Congreso consagra la victoria de la fracción roja en la Liga y el aplastamiento del proudhonismo. El lema de la organización, «Todos los hombres son hermanos», es sustituido por la consigna inmortal: ¡Proletarios de todos los países, uníos!; el nombre de la organización necesariamente tendría que corresponder a este nuevo programa. Así la Liga de los Justos se transformó en la Liga de los Comunistas. Estaba fundado, por primera vez en la historia, el Partido Comunista; cuya ideología fue sistematizada en el Manifiesto del Partido Comunista, publicado por primera vez en Londres, a inicios de febrero de 1848. El Manifiesto representa el surgimiento del marxismo como el pensamiento guía del movimiento obrero europeo y era el fundamento ideológico de la condición de jefatura alcanzada por Marx en el movimiento comunista del viejo continente. A partir de ahí la ideología científica del proletariado internacional pasaba a confundirse enteramente con el nombre de su fundador.

Y esa ideología sólo podía seguir desarrollándose en medio de la profundización de la lucha de clases en Europa y de la lucha de dos líneas en el Partido Comunista. En 1848, pocas semanas después de la publicación del Manifiesto, una ola de revoluciones democrático-burguesas sacudió a toda Europa, especialmente París. La clase obrera, como ya lo hiciera antes en Inglaterra y en Francia, tomó parte activa en esas insurrecciones, pero por primera vez tenía a su disposición un pensamiento guía. El pensamiento de Marx era expresión ideológica del paso del proletariado de condición de clase-en-sí en clase-para-sí. El Manifiesto era el grito de llamado del Partido Comunista a la clase obrera para tomar en sus manos todo el poder político a través de la violencia revolucionaria: 

    “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!” (Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista)

La Liga de los Comunistas, como única organización comunista en Europa en aquel momento, guardaba, inevitablemente, un doble carácter: al mismo tiempo en que era una organización internacional -no solo de obreros alemanes, como figuraba en las decisiones de su Congreso-, en la práctica en tanto, estaba constituida en su gran mayoría por miembros y dirigentes revolucionarios alemanes, o de países cuya segunda lengua era el alemán. El propio Manifiesto fue impreso en alemán, en 1848, y su traducción para una segunda lengua, el inglés, solo ocurrió en 1852. El pensamiento de Marx, en aquel momento, era también conocido como «el socialismo científico alemán». Este carácter de la Liga de los comunistas se hace patente en la actuación de la organización en las revoluciones de 1848. La Liga actuó fundamentalmente en territorio alemán, luchando contra el reino de Prusia y el imperio de Austria, y por una revolución democrático-burguesa que unificase, sobre nuevas bases, una Alemania republicana.

Mientras tanto, en 1848, el escenario de más intensa lucha de clases en Europa fue, una vez más, Francia. En febrero estalla una insurrección contra la monarquía de la dinastía de los Orleans, que estaban en el poder desde 1830. La burguesía francesa, teniendo a la clase obrera francesa armada como su principal aliado, consiguió derrocar al rey Luis Felipe e instaurar la República. Así, después de este nuevo derrocamiento de la monarquía, la burguesía francesa inicia sus esfuerzos por desarmar al proletariado. El proletariado francés, más aún, era el más experto en revoluciones entre todo el proletariado europeo. En menos de un siglo había actuado como fuerza secundaria en la Gran Revolución de 1789; luego, durante el Imperio Napoleónico actuó como soldado en la expansión democrática a inicios del siglo XIX; luego sus pocas conquistas alcanzadas en la revolución burguesa serán arrebatadas tras la restauración de la dinastía de los Borbones, en 1815; también, el proletariado participó de la insurrección de 1830, que por segunda vez derribó a los Borbones y, una vez más, vio frustrados sus intereses con la instalación de una monarquía constitucional. Será esta monarquía constitucional la que ahora se derrumbará, en 1848, pero esta vez el proletariado no se unificará en torno a banderas burguesas; empuñando las armas, desplegará sus propias consignas: por el «derecho al trabajo» y por la «república democrática».   

El inevitable antagonismo de clases entre la burguesía y el proletariado, constatado por Marx en 1847, se confirmó en junio del año siguiente, cuando por primera vez en la historia hubo un enfrentamiento directo, armado y sangriento de la clase obrera contra la burguesía y su república. La insurrección obrera había sido derrotada, pero «la sangre no ahoga la revolución, sino que la riega»; las lecciones de junio de 1848 tendrían importantísimas implicaciones políticas y tácticas para el desenvolvimiento del movimiento obrero y de su Partido. 

Tan pronto como estalló la revolución de febrero en Francia, Marx es expulsado de Bélgica y se dirige a la París revolucionaria, desde donde también es «invitado» a retirarse y esta vez la «invitación» fue realizada por el nuevo gobierno burgués. El gobierno de la revolución de febrero estaba costeando el viaje de la mayor cantidad posible de obreros alemanes y de otras nacionalidades para que atravesaran las fronteras francesas en dirección a territorios dominados por Prusia y por Austria. La justificación era el apoyo a la revolución burguesa, también en curso en los territorios prusiano y austriaco, que en marzo de 1848 asistieron a grandiosas insurrecciones populares en Berlín y Viena. El verdadero objetivo del gobierno burgués de París, sin embargo era «limpiar» lo máximo posible la ciudad de militantes revolucionarios. 

Por su parte, la Liga de los Comunistas se había abocado hacia el importante objetivo dirigirse a Alemania, buscando de esta forma intervenir directamente en el curso de la revolución democrático-burguesa alemana. Todavía en Bélgica, frente a los tumultosos acontecimientos en todo el continente, la dirección de la Liga tomó una importante decisión:

    «Como todos estábamos a punto de trasladarnos a París, el nuevo Comité Central acordó, a su vez, disolverse, transfiriendo todos sus poderes a Marx y autorizándole para constituir inmediatamente en París, un nuevo Comité Central». (Engels, Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas).

Esta decisión de la autoridad central de la Liga de los Comunistas era el reconocimiento de la condición de jefatura de Karl Marx. Fue una gran decisión, pues los momentos de auge revolucionario exigen la centralización absoluta de la dirección revolucionaria, más que nunca. La implicancia inmediata del reconocimiento de la condición de jefatura de Marx, fue la resolución tomada de que la Liga no debería participar de los cuerpos «revolucionarios» organizados por el gobierno burgués de Francia, que pretendía invadir Alemania y así imponer la instalación de una república democrática. 

Marx anticipó el fracaso de esta estrategia que conduciría en última instancia, al fortalecimiento de las monarquías prusiana y austriaca. La decisión de Marx fue que los miembros de la Liga deberían cruzar inmediatamente las fronteras alemanas y desde allá apoyar y participar del proceso revolucionario en curso, colocando en práctica la táctica política expuesta en el Manifiesto en cuanto a la acción de los comunistas en las revoluciones democrático-burguesas. De esta manera, Marx y Engels se dirigen a los territorios alemanes y se instalan en Colonia, principal ciudad de la provincia renana. La llegada de la dirección y de la jefatura de la Liga de los Comunistas a Colonia fue acompañada por la publicación de las Demandas del Partido Comunista de Alemania, en las que se puede leer:  

    «Es en interés del proletariado alemán, la pequeña burguesía y los pequeños campesinos, que respaldemos estas demandas con toda la energía posible. Solo con el cumplimiento de estas demandas, los millones en Alemania -que siempre han sido explotados por un puñado de personas y que son los explotadores quienes quieren continuar en tal situación- obtendrán derechos y alcanzarán el poder que los llama productores de toda riqueza». (El comité: Karl Marx, Karl Schapper, H. Bauer, F. Engels, J. Moll y W. Wolff)

Las referidas demandas eran constituidas por un conjunto de 17 proposiciones políticas que sistematizaban las reivindicaciones democráticas presentadas en el Manifiesto del Partido Comunista. Las demandas fueron publicadas el día 24 de marzo de 1848, en territorio alemán, pocos días después de las ya referidas insurrecciones de Berlín (18 de marzo) y de Viena (13 de marzo). Estas insurrecciones representaban el punto culminante de la lucha de la burguesía alemana contra la base económica feudal y su expresión política: la monarquía. 

En Berlín, capital del Reino de Prusia, el levantamiento armado fue violentamente aplastado. El rey Guillermo IV trató de eximirse de la responsabilidad de la masacre y ordenó la retirada de las tropas de la ciudad, que pasó a ser controlada por una milicia civil. En Viena, la manifestación resultó en la dimisión del principal ministro del emperador de Austria, Fernando I.

Al instalarse en Colonia, Marx y Engels fundan la Nueva Gazeta Renana, que se convirtió en el principal periódico vocero de la revolución democrática de Alemania. La Nueva Gazeta Renana era el periódico legal de la Liga de los Comunistas, que seguía actuando en clandestinidad frente a las persecuciones del Reino de Prusia y del Imperio Austriaco.

Por su parte, luego de la insurrección obrera de París, en junio de 1848, la burguesía alemana se había vuelto tremendamente vacilante en su lucha contra los señores feudales y la monarquía; se tornaba cada vez más temerosa y desconfiada de su principal aliado, el proletariado. La burguesía renana, que era la región más avanzada industrial y políticamente, capituló en la lucha por la dirección política del proceso revolucionario y cedió su lugar a la burguesía de Berlín, que en acuerdo con el rey de Prusia, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente. Esa Asamblea, en 1849, aprobó una constitución, cuya principal decisión fue el coronar a Guillermo IV como emperador de Prusia.

La Liga de los Comunistas tuvo pocas condiciones de acción en un proceso revolucionario que no fue llevado verdaderamente hasta el fin. El hecho de que su actuación anterior se concentró principalmente en el extranjero y la dificultad de una acción centralizada en las regiones de Prusia y Austria, perjudicaron enormemente las acción de los comunistas. En 1849, se inició el proceso de persecución reaccionaria. En el mes de mayo, la Nueva Gazeta es cerrada por el gobierno prusiano, Marx es nuevamente apresado y expulsado de Alemania. En 1850, en la Circular del Comité Central a la Liga Comunista, Marx presenta el balance de la revolución democrática alemana: 

    «Mientras la democrática pequeña burguesía desearía que la revolución terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones más o menos satisfechas, nuestro interés y nuestro deber es hacer la revolución permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder, hasta que la maquinaria gubernamental sea ocupada por el proletariado y la organización de la clase obrera de todos los países esté tan adelantada que toda rivalidad y competencia entre ella misma haya cesado y hasta que las más importantes fuerzas de producción estén en las manos del proletariado.

    Para nosotros no es cuestión de reformar la propiedad privada, sino abolirla; no es cuestión de paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva».

    El balance de la insurrección de la revolución democrática, apoyada por la Liga de los Comunistas, era el balance de la primera aplicación concreta de la táctica de la propaganda del manifiesto del Partido Comunista. La inconsecuencia de la burguesía alemana fue así resumida por Marx, en diciembre de 1848: «sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo, gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo, egoísta frente a ambos y consciente de su egoísmo, revolucionaria frente a los conservadores y conservadora frente a los revolucionarios». Al hablar de «revolución permanente», Marx anticipaba la necesidad, cada vez más presente, del proletariado no es sólo apoyar las revoluciones democráticas, sino que asumir su dirección como necesidad para que sea llevada de manera consecuente. Este importante aporte al socialismo científico, parte del balance de su dirección personal en la revolución alemana, fue plenamente desarrollado por el camarada Lenin durante la Revolución de 1905, ya dentro de la etapa superior del capitalismo, esta es, el imperialismo, y por el Presidente Mao como especificación de las revoluciones democráticas en los países coloniales y semicoloniales. 

    Sin embargo, el balance más importante hecho por Karl Marx de las revoluciones de 1848 será el del proceso francés, precisamente por ser el más radical y profundo, en el que se expresan de manera más aguda el antagonismo de clases entre la burguesía y el proletariado. En sus obras Las luchas de clases en Francia y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx analiza como ningún otro la historia francesa, especialmente desde 1848 hasta 1851, cuando Napoleón III, luego de ser elegido presidente de Francia, promueve un golpe de estado y restaura nuevamente la monarquía, a saber, el Segundo Imperio. Como nos indica Engels en la Introducción de 1895, será sobre todo en Las luchas de clases en Francia que Marx avanzará en el desarrollo del socialismo científico. Marx, aplicando la línea de masas sistematiza la consigna levantada espontáneamente por el proletariado francés de «derecho al trabajo»:

    «En el primer proyecto de Constitución, redactado antes de las jornadas de junio, figuraba todavía el «droit au travail», el derecho al trabajo, esta primera fórmula, torpemente enunciada, en que se resumen las reivindicaciones revolucionarias del proletariado (…) El derecho al trabajo es, en el sentido burgués, un contrasentido, un mezquino deseo piadoso, pero detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital, y detrás del poder sobre el capital la apropiación de los medios de producción, su sumisión a la clase obrera asociada, y, por consiguiente, la abolición tanto del trabajo asalariado como del capital y de sus relaciones mutuas. Detrás del «derecho al trabajo» estaba la insurrección de junio.” 

Marx percibe que en esa «idea dispersa» de las masas había una gran cuestión política, detrás de una reivindicación «piadosa» estaba la solución histórica de cuál era el objetivo político del proletariado en su conquista de del Poder. Como bien destaca Engels, en Las luchas de clases en Francia, por primera vez es proclamada «la fórmula en que unánimemente los partidos obreros de todos los países del mundo condensan su demanda de una transformación económica: la apropiación de los medios de producción por la sociedad». Esa síntesis no estaba en el Manifiesto, fue producto de la lucha de clases y de la capacidad de Marx de ir de las masas a las masas. Fue también, en este sentido, que Marx sistematizó la consigna del proletariado francés de «república socialdemócrata», siendo la dictadura del proletariado la única capaz de asegurar la realización de la «apropiación de los medios de producción»:

    «Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales». (Karl Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850).

Las revoluciones de 1848, particularmente en Francia y en Alemania, a partir de la dirección concreta de Marx en esta última y de su profundo balance de la primera, constituyen el cierre de una fase en el proceso de conformación del marxismo. Corresponden a la culminación de esta etapa del pensamiento de Marx, que él mismo sistematiza en una carta del 5 de marzo de 1852 a uno de sus camaradas, Joseph Weydemeyer, que desde Estados Unidos preparaba la primera publicación de El 18 Brumario de Luis Bonaparte:

«Y ahora, en lo que a mí respecta, no sustento el título de descubridor de la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni tampoco de la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de la lucha de clases, y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo nuevo que aporté fue demostrar: 

1) que la existencia de las clases está vinculada únicamente a fases particulares, históricas, del desarrollo de la producción; 

2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 

3) que esta misma dictadura sólo constituye la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases».

[Continúa]

5 COMENTARIOS

  1. […] Publicamos a continuación la segunda parte del documento del Núcleo de Estudios del Marxismo-leninismo-maoísmo de Brasil sobre el desarrollo de Karl Marx y del marxismo. Este documento fue publicado originalmente en el Journal A Nova Democracía y la presente traducción ha sido revisada y corregida por Periódico El Pueblo. La primera parte puedes encontrarla en este link. […]

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