Dole, multimillonaria frutícola imperialista estadounidense. Imagen de archivo.

En Hualañé se contagiaron por la indolencia de esta empresa imperialista

En Hualañé, Región del Maule, la mayoría de la población se dedica al trabajo de temporero agrícola. La llegada del coronavirus ha agudizado la precariedad laboral de los trabajadores. La asistencia social del viejo Estado y el municipio son insuficientes y, de tal forma, las familias son obligadas a decidir si exponerse al contagio o padecer de hambre en sus hogares.

A continuación presentamos un claro ejemplo de cómo la empresa Dole, multimillonaria frutícola imperialista estadounidense, no ha tomado las medidas de seguridad para sus trabajadores y, cuando fue increpada por esto, los despidió. Entrevistamos a uno de los trabajadores afectados de Hualañé:

El día sábado 23 de mayo, alrededor de las 22:00 hrs., me informan vía whatsapp que una compañera de trabajo (en el packing de manzanas de la empresa Dole, planta Lontué) presuntamente había dado positivo en el test para covid-19. Más tarde, hablándole directamente a la persona para saber la verdad, me confirma la información. Ante esa situación, junto con mi primo y su pareja, quienes también trabajaban en la misma faena, llamamos a la jefa de línea para tener información de la forma de proceder antes de entrar a trabajar el día lunes 25 de mayo. Vía telefónica nuestra jefa nos informa que la empresa no ha mandatado ninguna medida oficial ni se ha referido al tema. Más tarde vuelve a llamar para informarnos que la empresa dio la orden de que debemos salir a trabajar de todas formas el día lunes.

El lunes 25 de mayo nos presentamos a trabajar 22 personas (de las casi 40 que generalmente iban en nuestro bus) a Dole. Esperábamos que desde la jefatura, antes de entrar, se nos dieran indicaciones de seguridad mayor y que se diera la posibilidad de adoptar las propuestas de nuestra carta (posibilidad de realizar un test de covid-19 a los trabajadores y asegurar otro bus para el traslado a la empresa para asegurar la distancia social). Sin embargo, siendo las 7:00 am, la empresa intentó mandarnos a trabajar como si nada hubiese pasado, situación que nos dejó alerta y rápidamente nos obligó -al grupo de Hualañé- a negarnos a trabajar y solicitar que quien estuviera a cargo conversara con nosotros. Nos indicaron esperar hasta las 8:00 am, horario de llegada del jefe de producción, a lo que accedimos. Finalmente llegó alrededor de las 9:00 hrs. Conversando con el encargado pudimos constatar que nuestra compañera no era la primera contagiada confirmada de la planta, sino que había sido una persona de control de calidad que no es de Hualañé y tampoco viajaba con nosotros en el mismo bus. A pesar de esto, su postura era de volver a las faenas lo más rápido posible, aún cuando apelamos al artículo 184 bis del Código del Trabajo que manifiesta que, al verse en peligro la integridad, la salud y la vida de los trabajadores, estos pueden negarse a trabajar y pedir al empleador hacerse cargo del problema.

Cuando llegó el jefe de producción se formó una discusión, donde nuestro jefe pronunció célebres frases, tales como “yo no estoy ni ahí con las leyes, a mi no me hable de leyes porque no las conozco”. Nos dijo que venía en camino el prevencionista de riesgo central de la empresa desde Santiago, que llegaría cerca de las 10:00 hrs. para hablar con nosotros. Mientras esperábamos, junto con mi primo fuimos a entregar a la oficina nuestra carta. Con mucha tramitación y sin querer acusar recibo del documento, llegamos a conversar con el gerente y el prevencionista de riesgos de la planta Lontué. El gerente llegó con una actitud muy prepotente, cuando nuestra postura era la de intentar ayudar y recomendar cosas a la empresa. Con mucha dificultad logramos hacerlo entrar en razón, dándose cuenta de que lo que planteamos era sensato dada la contingencia de emergencia sanitaria. La medida que logramos que se concediera de forma inmediata era que, en el caso de volver a presentarnos más de 30 personas, dispondrán un segundo bus de traslado para que se respetase la distancia social. Finalmente la empresa acusó recibo de nuestra carta, timbrándonos una copia”.

Logrando volver a Hualañé, los trabajadores se dirigieron a realizarse el examen para saber si tenían covid-19. Como era de esperarse, varios resultaron positivo, por lo que debieron permanecer en cuarentena. A los días, los trabajadores contagiados se enteraron que la empresa los desvinculó y de esta forma, se lavaron las manos y arrojaron a la calle como perros al momento de responder a los trabajadores.

Dole es solo un ejemplo de cómo actúa el imperialismo en nuestro país semicolonial y semifeudal: aprovechando la pobreza en el campo, pueblos rurales y ciudades intermedias, los grandes monopolios de la tierra y el agua son capaces de actuar impunemente, pasando por encima de los propios márgenes que la ley del viejo Estado burocrático-terrateniente impone.

Como todo capitalista, Dole busca mantener la tasa de ganancia, procurando que la productividad se mantenga, pero solo su calidad de latifundista de agronegocios y capitales imperialistas le permite atentar contra la salud y vida de los trabajadores cuando lo necesita. Esto es ejemplo del capitalismo burocrático que se desenvuelve en nuestro país, un capitalismo atrasado, atenazado por un lado por el imperialismo y, por otro, por la base semifeudal que le permite a viejos y “nuevos” latifundistas súper explotar a las masas y acaparar los recursos naturales que le pertenecen por derecho a quienes los trabajan.

Esta problemática gigantesca que conlleva que los trabajadores tengan que permanecer en cuarentena era totalmente evitable si se hubieran tomado las medidas sanitarias correspondientes desde un principio. Trabajadores que, por cierto, muchos ni siquiera cuentan con la seguridad de un contrato por faena: al no poder trabajar no reciben un salario y esto hace que el lema “quédate en casa” realmente sea un lujo para la población. Las “autoridades” del viejo Estado brillan por su ausencia. La solidaridad de clase es la única que brinda soporte a las problemáticas del pueblo. El entrevistado nos cuenta algunas acciones realizadas por la Asamblea Popular de Hualañé: “se han recorrido los barrios y villas de Hualañé y aledañas, pasando de casa en casa, recibiendo donaciones de insumos no perecibles y haciendo un catastro de las familias más vulnerables, para después hacerles entrega de suministros que les ayude a sobrellevar la difícil situación. Hasta la fecha se han hecho entrega de 35 cajas de mercadería”.

Este ejemplo de atropello patronal ante la más mínima exigencia demuestra la necesidad de avanzar en la creación de los instrumentos populares para combatir los planes hambreadores y explotadores de la gran burguesía, los latifundistas e imperialista. ¡El pueblo necesita soltar sus cadenas!

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