Continuamos con la publicación del documento ‘De Karl Marx al Marxismo’, de autoría del Núcleo de Estudios del Marxismo-Leninismo-Maoísmo de Brasil. En esta entrega se continúa exponiendo sobre los inicios de la lucha contra las posiciones de la socialdemocracia en Alemania y la importancia del último documento teórico de Marx, la Crítica al Programa de Gotha, en lo referente a la dictadura del proletariado.

1.2 La dictadura del proletariado y la transición al comunismo

Está claro que para Marx la transición del capitalismo al comunismo, denominada como socialismo (primera fase o fase inferior del comunismo), continúa siendo una sociedad de clases aunque no basada en la explotación. Siendo así, la segunda fase o fase superior, es el comunismo propiamente tal, la sociedad sin clases. Para Marx, el paso del socialismo al comunismo no será una transformación exclusivamente económica, un resultado natural del desarrollo de las fuerzas productivas. Para superar “el estrecho horizonte del derecho burgués” será necesaria la desaparición de la división social del trabajo; el trabajo será la primera necesidad vital de todos los individuos y el desarrollo individual corresponderá al progreso de todo el colectivo. Solamente en estas condiciones económicas e ideológicas, podremos escribir en nuestras banderas: de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad. Será el fin del derecho burgués, pues no habrá una medida única para condiciones individuales diferentes. Esta condición sólo es posible con el desarrollo ideológico de toda la sociedad. En esta transición tan radical de la historia de la humanidad, ¿qué papel tendrá el Estado? Marx responde así:

“Cabe, entonces, preguntarse: ¿que transformación sufrirá el régimen estatal en la sociedad comunista? O, en otros términos: ¿qué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta sólo puede contestarse científicamente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra pueblo y la palabra Estado, no nos acercaremos ni un pelo a la solución del problema. Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado. Pero el programa no se ocupa de esta última, ni del futuro régimen estatal de la sociedad comunista”. (Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha, destacado del autor).

Marx certeramente caracteriza esa transición del capitalismo al comunismo como un “periodo de transformación revolucionaria”. Como vimos, en la visión marxista, la socialización completa de los medios de producción representa el resultado inmediato de la revolución proletaria. Sin embargo este resultado no elimina el derecho burgués que aún subsiste. Por eso el socialismo precede necesariamente al comunismo como un “periodo político de transición”, cuyo Estado es la “dictadura revolucionaria del proletariado”. Marx, después de la Insurrección Obrera de junio de 1848 en París, había concluido por primera vez sobre la necesidad de la dictadura del proletariado, como forma política del poder proletario, indispensable al cumplimiento del objetivo económico del socialismo científico ya apuntado en el Manifiesto del Partido Comunista, cual es: la socialización de los medios de producción. Aun así, Marx vio la necesidad de suplir la laguna dejada en el Manifiesto a través del Prefacio a la edición de 1872, en el cual afirma:

“Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los últimos veinticinco años, y con éste, el de la organización del partido de la clase obrera; dadas las experiencias prácticas, primero, de la revolución de febrero, y después, en mayor grado aún, de la Comuna de París, que eleva por primera vez al proletariado, durante dos meses, al Poder político, este programa ha envejecido en algunos de sus puntos. La Comuna ha demostrado, sobre todo, que ‘la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina del Estado existente y ponerla en marcha para sus propios fines’. » (Karl Marx y Federico Engels, Prefacio a la edición alemana de 1972 del Manifiesto del Partido Comunista)

Ahora, en la Crítica al Programa de Gotha, Marx especifica que el papel político del Estado de la dictadura del proletariado no se restringe a esa socialización, sino que esta dictadura representa la “transformación revolucionaria” del capitalismo al comunismo.

Como ya mencionamos, el camarada Lenin en en El Estado y la Revolución, septiembre de 1917, extrae preciosas lecciones de esta última gran obra de Marx. Es ahí que el proletariado encontrará de manera completa la formulación del concepto “dictadura del proletariado”, ya como marxismo-leninismo. Esta era una cuestión clave y fue objeto de dura lucha de Lenin contra el revisionismo de Kautsky. Por su parte, el revisionismo moderno de Jruschov, después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1956, con su infame “informe secreto” contra el camarada Stalin, intentó atacar la concepción marxista-leninista sobre la dictadura del proletariado. La podrida tesis jruschovista de “Estado de todo el pueblo” buscaba atacar este carácter de dictadura de la clase más revolucionaria de la historia, este carácter de impulsor de la lucha de clases en el socialismo, de la necesidad de eliminar las clases rumbo al comunismo, apuntado por el gran Marx y desarrollado por el camarada Lenin.

En la respuesta del PCUS revisionista a la Carta de 25 puntos del Partido Comunista de China (PCCh), Kruschov defiende su podrida tesis de “Estado de todo pueblo”, tergiversando citas de la Crítica al Programa de Gotha. Los revisionistas quisieron fundamentar su tesis utilizándo la última frase de la cita de arriba, cuando Marx habla en “futuro régimen estatal de la sociedad comunista”. Jruschov saca la frase de contexto para justificar su teoría de fin de la dictadura del proletariado, cuando en realidad Marx había sido clarísimo al decir que a la transición del capitalismo al comunismo corresponde el periodo “cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Este es el falso comunismo de Jruschov, desenmascarado por el PCCh y por el Presidente Mao en el 9º Comentario a la Carta del PCUS. En este brillante documento, los camaradas chinos así siguen desenmascarando el revisionista Jruschov:

“Como si hubiera previsto hace mucho que los revisionistas utilizarían esa frase de Marx para tergiversar el marxismo, Lenin, en su Marxismo sobre el Estado, hizo una excelente explicación de esa frase. Dijo: “La dictadura del proletariado es un ‘período político de transición’ … ¡¡Pero en otro lugar Marx habla de la ‘futura organización estatal de la sociedad comunista comunista’!! Así, ¡¡incluso en ‘la sociedad comunista’ existirá la organización estatal!! ¿No hay aquí contradicciones?” “No”, contestó Lenin. Y a continuación expuso, en forma de tabla, las tres etapas del desarrollo del Estado: desde el Estado burgués hasta la extinción del Estado: La primera etapa: en la sociedad capitalista, la burguesía necesita un Estado, que es el Estado  burgués. La segunda etapa: en el período de transición del capitalismo al comunismo, el proletariado necesita un Estado, que es el Estado de dictadura del proletariado. La tercera etapa: en la sociedad comunista, el Estado no es necesario, y se extingue” (PCCh, Acerca del falso comunismo de Kruschov  y sus lecciones históricas para el mundo).

Concluye entonces el PCCh: “En la tabla expuesta por Lenin sólo se encuentran el Estado burgués, el Estado de dictadura del  proletariado y la extinción del Estado. Lenin dejó en claro con esto que con el comunismo el Estado se extinguirá y no habrá ninguna organización estatal”. En la grandiosa lucha de dos líneas dirigida por el Presidente Mao, en 1963, las tesis jruschovistas fueron completamente desenmascaradas y refutadas con las tesis de Marx en la Crítica al Programa de Gotha  y de Lenin en El Estado y la revolución y Marxismo sobre el Estado. El Presidente Mao, además de esta defensa, desarrolló la teoría marxista del Estado resolviendo el problema de la transición del capitalismo al comunismo de manera teórica (en Sobre la Contradicción, 1937 y Sobre la Nueva Democracia, 1942) y práctica con la gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976), dando contenido y forma a la lucha de clases en el socialismo como revolución ininterrumpida hacia la eliminación de las clases, condición bajo la cual el Estado se extingue.»

1.3 Lucha de dos líneas contra la vuelta del lassallianismo

En el aspecto particular, la Crítica al Programa de Gotha  trata del grave retroceso de la socialdemocracia alemana hacia posiciones del socialismo pequeñoburgués que habían sido derrotadas en la I Internacional, desde el punto de vista ideológico con El Capital, y del punto de vista práctico con la Comuna de París.

Ferdinand Lassalle era un demócrata burgués que se acercó en el inicio de los años de 1850 a Marx, aún en la efervescencia de la revolución democrática alemana de 1848. Lassalle ayudó en la propaganda y popularización de los descubrimientos económicos de Marx en la Contribución para la Crítica de la Economía Política; como hegeliano ayudó los obreros en la comprensión de determinados raciocinios económicos de Marx, pero como un buen prusiano falsificaba las conclusiones revolucionarias del pensamiento de Marx. Políticamente, Lassalle defendía la unificación alemana llevada a cabo por el Imperio Prusiano, que consistía en anexar otros reinos germánicos sin ninguna transformación económica importante en las relaciones sociales en el campo. Tras la muerte de Lassalle en 1865, fueron comprobadas sus relaciones secretas con el emperador Bismarck y su posicionamiento pro-Prusia en la unificación alemana.

Fue con la unificación del Estado alemán, consumada en 1871, bajo la hegemonía de Prusia, que las divergencias políticas y tácticas entre el Partido Obrero Socialdemocrata y la Asociación lassalleanista aparentemente disminuyeron. Marx y Engels, en sus cartas anteriores a la divulgación del Programa de Gotha  ya decían que la tendencia sería la disolución de la Asociación y la incorporación de la mayor parte de sus miembros en el Partido. Sin embargo, lo que se dio fue de cierta forma lo contrario, pues los lassalleanos ingresaron y transformaron el programa del partido, retrocediendo en décadas sus posiciones.

En la Crítica al Programa de Gotha, Marx busca confrontar el referido programa con el Manifiesto del Partido Comunista y los Estatutos de la Internacional. Marx demuestra como esos documentos eran la principal referencia para la elaboración de los programas partidarios en cada país. Retroceder en relación a ellos era decaer en la fosa común del socialismo pequeñoburgués, que en aquella altura ya se encontraba en franca decadencia, tornándose en la mayoría de los países en meros apéndices de los partidos liberales burgueses. En tres cuestiones Marx destaca este retroceso: a) en la reafirmación de la “ley de bronce”, formulación “clásica” de Lassalle; b) en la afirmación de que fuera del proletariado todas las otras clases eran una “masa reaccionaria”; c) en la defensa de la creación de cooperativas con el apoyo del viejo Estado como vía de transición para el socialismo.

La “ley de bronce” consistía en la reformulación de una tesis oriunda de la economía política burguesa, de que el salario del obrero nunca podría sobrepasar determinada medida, pues el salario sería regulado por el exceso poblacional del ejército proletario de reserva. En realidad como señala Marx la “ley de bronce” de Lassalle  era la aplicación de las teorías reaccionarias de Malthus travestidas de socialismo. La caracterización científica del salario como precio de la fuerza de trabajo ya había sido establecida por Marx en 1859, y de forma popular en 1865, en las charlas denominadas Salario, precio y ganancia, y de manera completa en 1867, en El Capital. La “ley de bronce” era en verdad una seudo-teoría para justificar el reformismo de Lassalle  y su posición de no agudización de la lucha de clases. Por esto Marx se indigna con el retroceso del Programa de Gotha, pues este era un problema teórico resuelto cabalmente y ampliamente aceptado por el MCI. En cuanto a las cooperativas, Marx destaca que las cooperativas productivas sólo tendrían alguna importancia para la lucha revolucionaria si fueran organizadas de manera completamente independientes y contrarias a la intervención del viejo Estado.

Entre esas cuestiones s, la más importante dice relación al problema del carácter revolucionario de las clases. Marx destaca:

“En el Manifiesto Comunista se dice: «De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar». Aquí, se considera a la burguesía como una clase revolucionaria — vehículo de la gran industria — frente a los señores feudales y a las capas medias, empeñados, aquéllos y éstas, en mantener posiciones sociales que fueron creadas por formas caducas de producción. No forman, por tanto, juntamente con la burguesía, una masa reaccionaria. Por otra parte, el proletariado es revolucionario frente a la burguesía, porque habiendo surgido sobre la base de la gran industria, aspira a despojar a la producción de su carácter capitalista, que la burguesía quiere perpetuar. Pero el Manifiesto añade que las «capas medias . . . se vuelven revolucionarias cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado». (Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha, destacados del autor).

Aquí está expuesta de manera clara la posición materialista dialéctica sobre las clases sociales. El papel y la condición de revolucionaria de una clase obedecen a condicionantes históricas, por eso Marx muestra como en el Manifiesto, aunque se tratara de la lucha de la clase obrera contra la burguesía, esta era considerada como revolucionaria cuando luchaba contra los señores feudales. De la misma forma, destaca el papel del campesinado, que no es visto como parte de una masa reaccionaria, sino como una clase revolucionaria cuando se ve en la inminencia de decaer a la condición proletaria, es decir, de tener expropiados sus medios de producción, o de haber impedido el camino de acceso a ellos. En ese sentido, sólo el marxismo-leninismo en su precisa formulación sobre la alianza obrero-campesina y la dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos, y posteriormente con el marxismo-leninismo-maoismo con la dictadura conjunta de clases revolucionarias en la completa formulación de la revolución democrática de nuevo tipo, consiguieron cosechar lo que había de más precioso y universal en la crítica de Marx a las posiciones pequeño-burguesas de Lassalle  y sus seguidores, en su supuesta “centralidad en la clase obrera”.

De Karl Marx al Marxismo

I. El marxismo como necesidad histórica
II. La asociación Internacional de los Trabajadores, El Captal, la Comuna de París y la Guerra Civil en Francia
III. Del pensamiento marx al marxismo
IV. ‘El Capital’ y la lucha de dos líneas en la I Internacional
V. La Comuna de París y la Conferencia de Londres
VI. El umbral de una nueva época. Perspectivas para Rusia
VII. Marx, Engels y la socialdemocracia de Alemania

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