El rostro de Camilo Catrillanca es a la vez denuncia a la represión estatal y símbolo de resistencia. Imagen: @envivoaquiyahoraoficial

Hoy 14 de noviembre se cumplen dos años desde el asesinado del weichafe Camilo Catrillanca en manos del disuelto ‘Comando Jungla’ de Carabineros. Este asesinato levantó la indignación no sólo del pueblo mapuche, sino también del pueblo chileno, pues se unía al asesinato encubierto del dirigente pescador Alejandro Castro, ocurrido apenas un mes antes. La muestra que el Estado de Chile golpea a los y las luchadoras del pueblo sigue hoy reforzando la idea de la necesaria unidad ante un enemigo en común.

El Estado preparaba el escenario para una muerte

Corría el año 2018, el cual se caracterizó por el incremento de la represión del gobierno de Piñera en el Wallmapu. Con un gran despliegue comunicacional, el mismo Piñera presentó al Comando Jungla, un grupo de 80 de Carabineros del GOPE, equipados con tecnología militar de última generación, entrenados en la escuela de contraguerrila en Colombia y financiados por el imperialismo yanqui, los que fueron destinados a “reforzar la seguridad en la Araucanía”.

Este despliegue represivo se sumaba a la denuncia de comunidades mapuche sobre la realización de ejercicios militares del Ejército en el territorio y el incremento en el discurso público de los conceptos de “terrorismo” para referirse a la lucha mapuche. Piñera buscaba mostrar “éxitos” frente a la lucha mapuche tras el desastroso escándalo de la “Operación Huracán”, que ya se había destapado como un burdo montaje para inculpar y encarcelar a activistas mapuche. Todo este escenario generaba el ambiente propicio para una ofensiva genocida en contra de las comunidades en recuperación de tierra.

Aquello desembocó en que el 14 de noviembre, cuando tras una denuncia común por robo de vehículos, el Comando Jungla realiza un allanamiento en la comunidad de Temucuicui en búsqueda de los vehículos robados. Como posteriormente se pudo constatar, sin ninguna evidencia ni pruebas, los uniformados persiguen el tractor de trabajo que conducía el weichafe Camilo Catrillanca, acompañado de un menor de 15 años, propinándole por la espalda un disparo en la cabeza que provocó la muerte del weichafe.

Poco importó que Camilo se encontrara con un menor de edad arriba del tractor, el montaje ya estaba en curso y un supuesto robo de tres vehículos con persecución y posterior enfrentamiento armado entre ambas partes era la excusa del gobierno para asesinar a un luchador del pueblo mapuche con sus sicarios de estado. “Era un delincuente” vociferaron los responsables políticos de esta barbarie, el entonces Ministro del Interior Andrés Chadwick y el Director General de Carabineros Hermes Soto. Pero el tiempo dio la razón a las justas masas populares que clamaban justicia por Camilo y todos los combatientes que el estado ha asesinado o “suicidado”. 

Se levanta la ira popular

Paralelamente a la lucha en el Wallmapu, en ese mismo momento en Quintero y Puchuncaví (Región de Valparaíso) el pueblo se levantaba transformando una mal denominada “zona de sacrificio” en un combativo “territorio en resistencia”. Ante la intoxicación del aire, tierra y aguas por parte del Parque Industrial Ventanas, el pueblo no tuvo otra opción que desatar la lucha y resistencia con la esperanza de lograr una calidad de vida digna en el lugar, recibiendo el apoyo y solidaridad concreta de otras ciudades, incluyendo Santiago. 

Entre la masa popular que impulsó la protesta se encontraba un joven de 27 años, Alejandro Castro, el Mecha, dirigente del Sindicato de Pescadores Artesanales S-24 de Quintero, quien participaba activamente en las manifestaciones que tuvieron lugar en la zona, además de los autodenominados Cabildos Abiertos que aglutinaban a la gente en plazas del lugar. Fue en medio de un ascenso de la protesta cuando el 4 de octubre encontraron al joven colgado en una reja del Metro de Valparaíso, luego de una movilización que tuvo lugar en la zona. De inmediato la PDI habló de suicidio, intentado ocultar lo obvio, “al mecha lo mataron, lo suicidaron” se afirmaba en las movilizaciones posteriores a su asesinato, y esto no estaba injustificado, ya que la reja en donde lo encontraron apenas superaba en altura al joven, además de salir a la luz las continuas amenazas que había sufrido por parte de la policía. 

Avanzaban las semanas después de este suceso, y en decenas de territorios a lo largo de Chile se gestaban movilizaciones para el día 15 de noviembre, en apoyo a la lucha librada en Quintero y Puchuncaví y en repudio del asesinato del dirigente sindical. Fue en la víspera de este día cuando salió a luz pública el asesinato de Camilo Catrillanca, lo que, lejos de polarizar la protesta en frentes distintos de lucha, potenció aún más movilización dado el profundo descontento que generó de manera transversal tanto en el pueblo mapuche como en el chileno, lo que dio por resultado que se desatara la violencia revolucionara expandiéndose rápidamente por aún más territorios de los que se había planeado originalmente para ése histórico 15 de noviembre, en protestas violentas que se extendieron por más de una semana. 

Aunque los medios burgueses y las autoridades, aparte de criminalizar la justa protesta, buscaron solapar el asesinato de Alejandro Castro con el de Camilo Catrillanca, las masas populares no olvidaron a aquel pescador que se levantó por la tierra y recibió la única respuesta que puede entregar el viejo estado a aquellos que luchan por la justicia. Las causas se unieron, pues iba quedando cada vez más en claro que se combatía contra un enemigo en común, que no diferenciaba entre chileno pobre y mapuche.

El año de la Revuelta Popular, 2019, no fue la excepción, y aprovechando la incipiente lucha en las calles se volvió a levantar la imagen de Camilo, Alejandro y tantos otros luchadores asesinados antes y después que ellos, conmemorando así las figuras de aquellos que hoy en día ya no están, pero que siguen presentes eternamente en la memoria popular y que son un ejemplo de lucha y resistencia entre quienes buscamos construir una nueva sociedad.

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