"El pueblo no quiere migajas, quiere el Poder en sus manos", afiche de la Liga de Campesinos Pobres de Brasil.

Compartimos la traducción al español de una carta y llamamiento conjunto a las fuerzas democráticas de Brasil y otros países, en apoyo a la Liga de los Campesinos Pobres. La LCP enfrenta actualmente la amenaza de una nueva ofensiva del latifundio contra las recuperaciones de tierra realizadas en la antigua hacienda Santa Elina, junto al gobierno local de Marcos Rocha y con el respaldo del gobierno nacional de Bolsonaro. La decisión de resistir de los campesinos brasileños exige el apoyo y solidaridad de todas las fuerzas democráticas. Se invita a difundir y sumarse al llamamiento conjunto y levantar mensajes y acciones de solidaridad con la LCP. El llamamiento original se puede consultar en el blog Tempo de Combate, de Brasil.

«No hay mayor padecer
para un campesino que vivir
sin tierra para trabajar»
Antônio Gonçalves da Silva (Patativa do Assaré)

La Liga de los Campesinos Pobres (LCP) nace como fruto de la resistencia. Fue resistiendo al latifundio que los campesinos con justeza ocuparon las tierras de Santa Elina, en la época de la Heroica Resistencia de Santa Elina (1995), cuando armados de palos, piedras y armas rudimentarias, los campesinos lucharon valientemente contra los pistoleros [matones a sueldo del latifundio] y policías que defendían los intereses de Antenor Duarte, terrateniente mandante. El gobernador Valdir Raupp (del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, PMDB) fue quien sancionó la acción asesina en aquel momento. Después de la resistencia, los campesinos vencidos fueron torturados y masacrados, lo mismo ancianos y niños. Vanessa, de 7 años, fue asesinada de un tiro de fusil.

La brutalidad cometida por el viejo Estado, por el latifundio y sus lacayos fue respondida no con la rendición, sino con mayor resistencia, con organización, con la demarcación de una clara línea divisoria. La muerte de estos compañeros y compañeras regó con sangre la formación de la LCP. Aunque condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el viejo Estado brasileño, ningún gobierno castigó a los involucrados en la masacre posterior a la batalla. Prueba de esto es que José Hélio Cysneiros Pachá, uno de los carniceros de Corumbiara, hoy es secretario de defensa de Rondonia y continúa conduciendo la misma política, ordenando una masacre aún mayor desde su posición, junto al burócrata Marcos Rocha, gobernador del estado. 25 años después de la resistencia que dio inicio a la LCP, la antigua hacienda Santa Elina fue conquistada. No había forma de detener a los campesinos y por eso que ahora los ladrones de tierra y perros del viejo Estado les temen mucho más.

Desde 1995, por tanto, la Liga de los Campesinos Pobres viene organizando al campesinado brasileño en una línea revolucionaria, realizando la revolución agraria y teniendo como objetivo la destrucción total del latifundio. Vivimos en un país donde por más de 500 años el problema de la tierra nunca ha sido resuelto, y eso es intencional, sirve para mantener una clase dominante de latifundistas que se alimenta de la miseria del pueblo. Es por este motivo que la LCP siempre fue vista como una amenaza para el viejo Estado burocrático. Como toda amenaza a los designios de la clase dominante, el Estado burgués-terrateniente hizo intentos de eliminarla, siempre, por cualquier medio.

Desde la fundación de la Liga hasta ahora, diversos dirigentes y militantes han sido apresados, perseguidos y asesinados por el latifundio y por el viejo Estado. Destacamos a los compañeros Zé Bentão, dirigente revolucionario de la Liga, y Renato Nathan, profesor y militante. Zé Bentão fue emboscado y Renato Nathan fue asesinado y tildado de guerrillero por tener mapas de cartografía en su casa. Destacamos más recientemente las muertes del compañero Fernando, testigo ocular de la masacre de Pau D’Arco, quien aistió en esta masacre a sus compañeros y a su propio novio tras ser asesinados por la policía y los pistoleros; del compañero Jerlei, cobardemente asesinado por orden del latifundio, desarmado y sin tener cómo resistir; y del compañero Roberto, comerciante apoyador de la Liga, también violentamente y cobardemente asesinado.

Pero ni siquiera las masacres cometidas contra los campesinos fueron capaces de detener la Revolución Agraria. La hacienda Santa Elina, lugar de masacre de Pau D’Arco, meses después fue retomada por la LCP. Las amenazas contra los campamentos de la antigua hacienda Santa Elina sólo fortalecen la sed de resistencia de los campesinos, de justicia. El viejo Estado no buscará eliminar «pacificamente» a los enemigos de las clases dominantes.

A causa de esa resistencia y persistencia en el camino correcto de ocupar todas las tierras del latifundio, los podridos medios de comunicación tratan también de difamar a la LCP, acusándolos de terroristas, guerrilleros y hasta de torturadores, repitiendo las palabras de los burócratas y latifundistas. Pero el pueblo brasileño sabe que los campesinos no son terroristas, que la Liga está formada por familias que luchan por su derecho a la tierra, luchando por un Brasil mejor y más justo, sin latifundio y sin servidumbre. Los terroristas son los dueños del Poder, los latifundistas que matan y desmiembran familias como hicieron con el asesinato de Renato Nathan, Fernando, Jerlei. Son ellos los que torturan campesinos, amenazan a los habitantes de los campamentos y alrededores, asesinan comerciantes apoyadores de la Liga, etc.

Estamos en un contexto de fascistización total del viejo Estado, por eso no debemos sorprendernos que en este momento el carnicero Marcos Rocha, gobernador de Rondonia, y el genocida Jair Bolsonaro se unan para buscar alguna forma de acabar con la LCP con la excusa que están «apoyando el terrorismo». Tales acciones ya fueron iniciadas en el Campamento Maoel Ribeiro y en el Campamento Tiago dos Santos, con las persecusiones, con los bloqueos, con el asesinato de campesinos durante todo el año. Llaman a eso una «paz en el campo», una paz regada con sangre de la guerra contra el pueblo.

Esa tal «paz en el campo» no viene sin preludio ni sin final. El golpe militar en curso, la decadencia de las instituciones burguesas son el preludio de estos ataques. No empezaron hoy ni ayer, no son un proyecto exclusivo de Bolsonaro, sino que son fruto de la decadencia de la «democracia» burguesa, del recrudecimiento de la contrarrevolución mundial. Los generales y Bolsonaro cumplen el papel de reorganizar el caos del fallido intento de mediar en los conflictos de clase por parte del Estado parasitario a través del recrudecimiento de la represión a las fuerzas progresistas. El final de todo esto sería eliminar todas las fuerzas revolucionarias brasileñas y silenciar todas las reivindicaciones democráticas, pero sabemos que esto jamás lo han conseguido ni lo conseguirán.

Los brasileños ya están cansados de escuchar esas viejas acusaciones de terrorismo como excusa para reprimir y asesinar a nuestro pueblo, las mismas fueron usadas para la cruel tortura y asesinato de los militantes que resistían a la dictadura, como todos bien sabemos. Esta misma excusa fue usada para justificar las sucesivas prisiones y torturas de Marighella, la masacre de Lapa, la tortura y prisión del joven Manuel Lisboa.

Sabemos que todo esto es mentira. ¿Debemos dejar que la mentira continúe? ¿Debemos dejar que acusen de terroristas a campesinos armados de azadas, palos, piedras, armas de caza común, que se defienden contra las fuerzas pagadas por el latifundio cuando éstas los atacan? El deber de las fuerzas progresistas es combatir esas mentiras del viejo Estado, combatirlas activamente, ¡unirse en torno a la defensa de la LCP! ¡Debemos condenar al latifundio y declarar que su época histórica ya pasó, que está caduco y debe ser eliminado! ¡Debemos denunciar al viejo Estado, que perpetra hoy un genocidio que ya cobró 400 mil vidas, por sus crímenes contra los campesinos pobres!

Nosotras y nosotros, conjuntamente, damos a los compañeros y compañeras de la Liga de los Campesinos Pobres todo nuestro apoyo y solidaridad, y sabemos que la historia mostrará que Bolsonaro y Marcos Rocha, así como todos los otros reaccionarios, son tigres de papel, y serán derrotados históricamente.

Llamamos a la defensa de la LCP por parte de todas las fuerzas democráticas de Brasil y declaramos que este es un asunto de máxima urgencia. Sabemos que los campesinos jamás de inclinarán y nosotros tampoco nos vamos a inclinar, no nos vamos a acobardar frente a la amenaza anunciada. Dijo Marighella: «No es racional renunciar a ser libre». Decimos lo mismo y defendemos sobre todo la libertad de rebelarse con las injusticias existentes en nuestra nación.

4 de mayo de 2021

Esta es una carta conjunta firmada por:

  • Grupo de Estudos Ao Povo Brasileiro
  • Coletivo COMBATE(r)
  • João Carvalho
  • Cspopular Anani
  • Movimento Amazonas Vermelho
  • Coletivo Carcará
  • Grupo de Estudos Autonomia Popular
  • Grupo 9 de Maio
  • Levante Popular Antifascista-Maranhão
  • Labareda Podcast
  • Periódico El Pueblo
  • Comitê Sanitário de Defesa Popular-Bahia
  • Unidade Vermelha-Bahia
  • Revista Amigo do Povo
  • CEPS Songun
  • Lucas Rúbio
  • Coletivo Onças Pintadas
  • Coletivo Mangue Vermelho-MV
  • Coletivo Fala Alto
  • Solarwaver
  • Executiva Nacional dos Estudantes de Pedagogia
  • Edições Ciências Revolucionárias
  • RevoluStore
  • Padre Júlio Lancelotti
  • Vladimir Safatle
  • Associação Democrática Brasileira-ADB

Nota: Se actualizarán las firmas periódicamente.

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