Lo nuevo se impondrá desde las cenizas de la vieja sociedad

Educación ideológica, Periódico El Pueblo 82 (julio, 2019).

Un compañero nos preguntó: ¿Cómo se puede ser feliz hoy? Nos explica su pregunta, diciéndonos: “Si por todos lados hay cada vez más ejemplos de un sistema podrido que se cae a pedazos y está destruyendo a la sociedad por dentro”. La pregunta no refleja solo su preocupación, pues las amplias masas ansían la felicidad, pero en medio de tanta miseria, ¿cómo ser feliz, hoy?.

El marxismo-leninismo-maoísmo nos enseña que para sumar a las masas a las tareas revolucionarias debemos preocuparnos por sus condiciones de vida, incluyendo sus necesidades materiales más apremiantes, “la sal y el agua”. Aunque, también debemos preocuparnos por su estado de ánimo.

Vivimos en la última etapa del capitalismo, el imperialismo, el que a su vez está en la etapa de barrimiento de la historia y está destinado a ser derrotado. Sin embargo, como constata este compañero, el imperialismo con su arrogancia monopólica envuelve en guerras injustas a los pueblos de todo el mundo, sembrando miseria por doquier. A nivel nacional, el reflejo de esto es que tenemos un viejo Estado que se devela ante los ojos de las masas como parasitario, corrupto y brutal en su represión a los que luchan.

Por su parte el imperialismo exalta e impone a todos los pueblos los peores valores de su clase, tales como el individualismo, “salvarse solo”, “pegar codazos” compitiendo con otros, “crear disturbios”, entre otros. Esto puede llevarnos a sentirnos tristes, pesimistas, sin camino. Debemos reconocer este sentimiento como un reflejo del repudio de las masas hacia las tres montañas que nos oprimen: el imperialismo, los grandes burgueses y los latifundistas. ¡No queremos parecernos en nada a ellos!

Cómo el estado de ánimo influye en la lucha

El estado de ánimo no es sino nuestra disposición a actuar. El Presidente Mao nos dice: “Lo que necesitamos es un estado de ánimo entusiasta, pero sereno, un trabajo intenso, pero ordenado”. El optimismo o pesimismo con que enfrentemos la realidad no es sólo una cuestión de sentimientos disociados de su base material. El optimismo y pesimismo son reflejo de nuestra concepción ideológica, es decir, desde qué conjunto de ideas sobre la sociedad y la naturaleza estamos comprendiendo el mundo que nos rodea. El oportunismo y el revisionismo (falsos comunistas) son principalmente pesimistas, así se expresa su línea política de conciliación de clases. Ellos dicen mentiras tales como: “no hay condiciones para la revolución” y así justifican el postrarse ante los enemigos, pidiéndole migajas de participación en el viejo Estado que se cae a pedazos.

En forma opuesta, a los comunistas y revolucionarios los caracteriza el optimismo, porque están convencidos del inevitable triunfo de las masas trabajadoras en la lucha de clases. Tienen ojos y cabeza para centrar su atención en las luchas que florecen por todas partes de nuestro país y el mundo. Ellos logran ver todo lo que hay de nuevo tras la polvareda del derrumbe del sistema de explotación: los ejemplos de solidaridad, de entrega, de brega de los más pobres, su lucha incansable, las guerras populares y por lo tanto justas, que rompen cualquier recodo que se presente en el camino.

José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista del Perú en 1928, fue un gran ejemplo de optimismo revolucionario armado del marxismo-leninismo y la aplicación a la realidad concreta del Perú.

Debido a una lesión le fue amputada una pierna en 1924, pero por ello no cesó nunca su actividad transformadora, montándose en una silla de ruedas, enfrentando la cárcel junto a otros comunistas y fundando la Confederación General de Trabajadores del Perú.

¿De dónde viene el optimismo de los comunistas?

Su optimismo viene de la comprensión del movimiento eterno de la materia. De la comprensión que “la historia de la humanidad es la historia del continuo desarrollo del reino de la necesidad al reino de la libertad”. Es decir, de estar convencidos que, pasando de la ignorancia a la comprensión de las leyes de la naturaleza y la sociedad, podemos y debemos en lo principal utilizar esa comprensión para resolver los problemas prácticos de la lucha actual: la lucha por la producción, el pensamiento y la lucha de clases. Solo la revolución proletaria nos hará libres. ¡Claro! Todo esto podremos lograrlo si miramos con los ojos de la clase más avanzada de la historia: la clase obrera. Solo así podremos ver la tendencia de la lucha actual, verla entre tanta propaganda imperialista, coreada por los intelectuales burgueses y los falsos marxistas.

Es decir, el optimismo de comunistas y revolucionarios no proviene de que sean especiales, distintas por naturaleza de los demás o que no analicen la realidad.

Para ayudarnos podemos recoger las brillantes ideas de José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista del Perú que afirma en su texto El Hombre y el Mito: “¿Dónde encontrar el mito capaz de reanimar espiritualmente el orden que tramonta?” Ante lo que responde rotundo: “Lo que más neta y claramente diferencia en esta época a la burguesía y al proletariado es el mito. La burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista, ha envejecido demasiado. El proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa. La burguesía niega; el proletariado afirma. La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito.”

Hoy, nuestra convicción debe basarse en la pétrea verdad de la clase obrera y su ideología y desde allí dejar brotar de nuestro corazón el ánimo entusiasta que necesitamos. Lo que nos debe distinguir es la fe en la inevitabilidad del socialismo, la fe en el triunfo de las causas justas. Como destaca visionariamente Mariátegui de los comunistas, ésta debe ser nuestra actitud: Los comunistas, “a cada experiencia frustrada, recomienzan. No han encontrado la solución: la encontrarán. Jamás los asalta la idea de que la solución no exista. He ahí su fuerza”. He ahí el camino para alcanzar la felicidad.

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